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Archive for 26 agosto 2011

Me enteré del fallecimiento de mi querida amiga Puchi Fajardo leyendo el blog del poeta cubano Camilo Venegas (http://elfogonerovenegas.blogspot.com) que desde la República Dominicana  escribe su casi cotidiano diario poético.

 Nidia Fajardo Ledea (Manzanillo, 1958 – La Habana, 2011)  se graduó en Filología Hispánica, especialidad de Literatura Cubana, en la Universidad de La Habana donde impartió clases en los años ’80 y principios de los ‘90.

 En 1993 publicó una excelente antología de poesía cubana De transparencia en transparencia (La Habana: Editorial Letras Cubanas) donde reunió a nueve jóvenes voces líricas de entonces:  Odette Alonso Yodú, Norge Espinosa, León Estrada, Wendy Guerra, Heriberto Hernández, Osmar Sánchez Aguilera, Nelson Simón González, Arístides Vega Chapú y Camilo Venegas.

A mediados de los ’90 se casó con el poeta y editor español José Fernández Carpintero, residiendo ambos en España, concretamente en Madrid,  hasta el fallecimiento de José, que es cuando ella se muda a Santa Cruz de Tenerife donde residió un montón de años, bañándose en las playas de otra isla. / Isleña ella, ya para siempre”.

En 2001 obtuvo el segundo premio de cuentos de CAJA DE CANARIAS con Mis vicios lucirán con esos deliciosos colores del veneno.

Autora de la novela Poniendo los sueños… de penitencia. Encantada de conocerme (Madrid: Betania, 2002) y  del cuento El amortajado (Madrid: Betania, 2003), escrito a la limón con José Fernández Carpintero, Nidia Fajardo, profesora y escritora cubana,  será recordada por sus colegas de generación,  por sus ex alumnos y por quienes  la conocimos en este ya larguísimo exilio, compartiendo actos culturales en los madriles betanianos,  homenajeando a Gastón Baquero en Salamanca o  bebiendo ron hasta el amanecer en Santa Cruz de Tenerife:  “Nidia Fajardo se vuelve invisible con un trago de Havana 7 “.

Para recordarla, aún más,  recomiendo leer no solo sus libros, sino su blog http://puchienalgunaparte.blogspot.com que contiene entradas suyas desde el 2006 hasta el 2008.

Descanse en paz, mi amiga Puchi…

 Felipe Lázaro.-

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Bajo el sugerente título de Indómitas al sol, la editorial Betania acoge una atractiva antología de Cinco poetas cubanas de Nueva York, tal y como reza su subtítulo.

Cabe resaltar, en primer lugar, la importante labor que Felipe Lázaro viene realizando desde su reino de Betania para mantener actualizados los diversos trabajos que los autores y autoras cubanos vienen desarrollando desde fuera de la isla. En 1991, ya se ocupó de compilar Poetas cubanas de Nueva York/ Cuba Women Poets in New York; en 1995  La isla entera, y en 2003  Al pie de la memoria. Antología de poetas cubanos muertos en el exilio, 1959-2002.

Portada de Indómitas al sol. Cinco poetas cubanas de Nueva York.

Ahora, ve la luz este florilegio, que incluye el variado quehacer de un póker de autoras: Magali Alabau, Alina Galliano, Lourdes Gil, Maya Islas, Iraida Iturralde. Destacan, a su vez, las importantes aportaciones que a modo de ensayos críticos se incorporan al volumen: “Poética del espacio en Alabau, Galliano, Gil, Islas e Iturralde”, de Elena M. Martínez, “Revaloración de una poética en cinco movimientos”, de Perla Rozencvaig y “Poetas cubanas de Nueva York: pasajeras indómitas en el carro del sol”, de Mabel Cuesta.

En su ilustrativo prefacio, Odette Alonso da cuenta de cómo Cuba ha sido siempre un país de desterrados y de cómo sus tres grandes figuras, Gertrudis Gómez de Avellaneda, José María Heredia y José Martí, escribieron el grueso de sus obras en otras tierras. “Las actuales exponentes de la lírica cubana del exilio y la diáspora son herederas de la tradición sembrada por Gómez de Avellaneda y cultivada durante más de una centuria por otras tantas poetas que han tenido que vivir fuera de Cuba”, anota.

Y buen ejemplo de ello, hallamos en estos textos que ofrecen un mapa íntimo y conmovedor de cómo la sangre común y familiar,  la esencia del terruño, el aroma imborrable de la infancia, el sabor de los paisajes del ayer…, no se alejan nunca del alma. Si cabe, el destierro acrecienta aún más los recuerdos y los sueños y se hacen temática recurrente en muchos de los escritores y escritoras exiliados.

Queda, al otro lado, la ventaja de saber que se han ensanchado y extendido los lazos cubanos por buena parte del universo, pues ese conjunto de creadores, alejados de su habitat original, conforman una excelente embajada de cuánto la isla canta y cuenta como abanderada de su excelente literatura.

Magali Albalau (1945, Cienfuegos) da inicio al volumen, y su voz se torna comprometida y solidaria al hilo de un verbo que destila rotundidad: “Amiga, hay que seguir./ Tienes que construir un puente largo./ Hay que luchar (…) Pura fe/ el defender el mobiliario/ de otro mundo./ Esa luz/ desmintiendo tu apatía/ y la innoble fuente del deseo”.

El decir de Alina Galliano (Manzanillo, 1950) mantiene la cubanía en su espíritu y su mente. Partiendo de una  imaginería lírica que proclama la intensidad de la condición femenina, su consciencia creadora se reconoce en permanente estado de alerta: “Hay instantes que no tienen memorias,/ instante devorándole a la boca/ el gesto que vistiera una saliva/ al resbalar despacio la clavícula de lo letal”.

Lourdes Gil (La Habana, 1950) sabe conjugar con acierto el mito y la palabra, el carácter multicultural del ser humano y la mágica dimensión de la Naturaleza que lo envuelve. De ahí, que su cántico se mueva en las regiones lábiles y cómplices de un tiempo donde también hubo aristas: “Yo inventé tu amor como se inventan tantas cosas./ Salía en la niebla y la llovizna solitaria,/ daba largos paseos por la costa/ mientras se hablaba de mí en voz baja (…) Fuiste mi estrategia para la fuga./ Mi triunfo sobre la mediocridad”.

Maya Islas (Cabaiguán, 1947) atesora en sus versos un aire de secreto misticismo, de ceremonial simbología que inundan con su verticalidad y su lenguaje nómada las esquinas de un original discurso, tal refleja su poema “El vacío”: “En el principio y el fin,/ una criatura del espacio/ se derramará sobre la superficie de mi cuerpo,/ donde los leones descansan,/ vigilando…”

Como coda,  Iraida Iturralde (La Habana, 1954) apuesta por reinventar lugares afectivos y de incadescente libertad. Desde ellos,  articula una hilera de conceptos y referentes vanguardistas que dotan a su poesía de una personalísima impronta: “La piel, que es frágil,/ se conmueve./ Hoy mi padre viaja permanente en el espacio/ y yo, arrullada por los mirlos de mi infancia,/ ya no hablo”:

En suma, una antología donde se materializan los rituales líricos de cinco poetisas de hondo calado. Y de melódica y límpida canción.

Reseña del poeta español Jorge de Arco sobre la antología Indómitas al sol. Cinco poetas cubanas de Nueva York (Madrid: Betania / Centro Cultural Cubano de Nueva York, 2011) de Felipe Lázaro, publicada en la Revista Hispano Cubana (Madrid, Nº 40. 2011).

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