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Archive for 19 junio 2012

Reseña del libro La espléndida Ciudad, de Julio Pino Miyar, publicada en el Nuevo Herald.

La Ciudad, así con mayúscula, debe ser La Habana. No podría ser otra. Y sí, es espléndida. Todavía lo es; aun en ruinas. Pero La espléndida Ciudad (Betania, 2011), del ensayista y narrador Julio Pino Miyar no es, a pesar de su título (una probable alusión al famoso poema de Rimbaud, Adiós), un libro sobre la ciudad de La Habana (aunque cierra con un hermoso texto sobre ella), sino una estupenda colección de ensayos literarios que van desde el Don Quijote, (“Cervantes, como su célebre Caballero de la Triste Figura, era un hombre hambriento de gloria y renombre personal”), hasta la concepción de lo “real maravilloso”, de Carpentier (“¿En qué radica lo insólito y lo extraordinario de América Latina, para que un importantísimo escritor lo convirtiera en un lugar de promisión en su literatura, y de paso nos propusiera la peregrina idea de ‘lo real maravilloso’?”), y sin dejar de analizar Memoria de mis putas tristes, de García Márquez, “una novela que nos ha llegado como invaluable regalía de los tiempos postrimeros de un genio literario”.

En total son 19 textos: breves (como deben ser los ensayos) y de temas diversos (literatura, historia, política y experiencias personales). Y todos escritos con una prosa que, sin dejar de ser conceptual y expositiva, es ligera (para permitir una mayor comprensión de las ideas), amena (para combatir el aburrimiento académico), y lírica para enriquecer la lectura. Así, en el primero de ellos, titulado “El escritor, el compromiso y el mundo”, Pino Miyar no duda en dejarnos saber su interpretación personal sobre el tema: “El significado social de la obra de arte, como el reconocimiento explícito de aquello que el hombre es ante los suyos, cobra una importancia que trasciende el marco de las relaciones habituales del artista con su obra”. Para concluir diciendo: “El compromiso no es otra cosa que la forma más temible, acaso las más bella, que tiene el artista para decidirse a fijar para siempre, y entre nosotros, su residencia en el mundo”.

En otros de los ensayos, como el titulado “La familia de los escarabajos”, se ocupa del pensamiento de autores como Malraux (“que tuvo la pretensión de narrar, desde los límites mismos que trazaban su soberbia plenitud, lo que hay de impensado, extraordinario y no dicho en los grandes procesos libertarios del siglo XX) y Kafka (“quien sólo logró narrar la dolorosa crónica de una condena, porque lo que hay de universal e imperecedero en su literatura es la historia de un rotundo fracaso humano”). Así mismo, los poetas Herman Hess ( El lobo estepario) y Federico Hölderlin ( El único y Patmos), le sirven de referentes para, en su ensayo “Poetas de Alemania”, adentrarse en la poesía germánica: “La mayor parte de las veces, Alemania será la tierra fértil de la subjetividad, la nación de la más esmerada espiritualidad”. En “El ideal de la filosofía”, siguiendo con el método de las contraposiciones, parte de las teorías de Federico Hegel (Fenomenología del espíritu) y Ludwig Feuerbach (considerado el padre intelectual del humanismo ateo y autor de La esencia del cristianismo), para terminar concluyendo que “la tarea de la filosofía debe estar dirigida al mejoramiento progresivo y delicado del ser humano”.

Por su amplitud temática, La espléndida Ciudad es un libro ambicioso. Una prueba de ello es la profundidad de algunos de sus textos. En “El bosque helado”, por ejemplo, partiendo de Los cuentos de hadas de Los Hermanos Grimm, “leyendas que se presentan al lector moderno como puras narraciones fantásticas”, Pino Miyar descubre ocultos componentes religiosos. Hay otros de complejidad similar, como “El pensamiento crítico-filosófico de Carlos Marx” y “La Ciudad, la edad política del mundo”, pero es imposible enumerarlos todos. Sin embargo, ninguno de ellos descansa en extensas bibliografías ni agotadoras citas textuales, sino en sus propias reflexiones. Como si el autor quisiera iniciarnos, sin excesivos reclamos, en el maravilloso mundo de las ideas.

Julio Pino Miyar, ensayista y narrador cubano, vive en los Estados Unidos desde 1987. Actualmente reside en la pequeña localidad sureña de Longwood, Florida. Colabora periódicamente con distintas publicaciones internacionales. En 1995 fundó en Miami la revista literaria Los conjurados. Sus trabajos han sido acogidos en varias antologías.

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El libro más vendido, en el pasado mes de mayo, correspondió a la antología   poética El grito y otros poemas del poeta cubano José Mario (Güira de Melena, 1940 – Madrid, 2002).

Dicho tomo reúne parte de la prolífica obra poética de uno de los poetas más representativos del siglo XX cubano. En esas páginas, el lector encontrará una selección hecha por el propio autor, que se nutre de sus poemarios El grito, No hablemos de la desesperación, Falso T  y 13 poemas. Obras que son, respectivamente, su primer volumen publicado en  Cuba y  tres de sus libros editados, con posterioridad, en su largo exilio español.

En la década de los años ’60,  la fulgurante trayectoria ascendente del joven poeta José Mario se ve relanzada  al fundar la más tarde conocidísima Ediciones El Puente (1961-1965),  dando comienzo a su  destacada labor de reconocido editor independiente.. Esos pocos años, de poesía y ediciones, bastaron para  consagrarlo como uno de los jóvenes de su generación que más sobresalieron en el ambiente cultural habanero de aquella época.

En ese decenio inicial de la revolución cubana,  además de ingresar en la UNEAC con veintidós años, a petición de Nicolás Guillén , José Mario sumó  a su tenaz  trabajo como poeta y editor, una frenética actividad lúdica en la bohemia capitalina de entonces.  Pero lo más brillante de su trayectoria en la Isla es que fue capaz -en las precisas condiciones imperantes en la sociedad cubana de esos años-  de desarrollar un intenso trabajo literario que dejó plasmado en ocho libros publicados,  además de poemas publicados en diversas revistas literarias cubanas, como La Gaceta de Cuba y Unión, y de sonados recitales de poesía en el club El Gato Tuerto de la capital cubana, en 1964.

En Cuba, publicó siete poemarios: El grito (1960), La conquista 1961), De la espera y el silencio (1961), Clamor agudo (1962), A través(1962) , La torcida raíz de tanto daño (1963), Muerte de amor por la soledad (1965) y el libro de Teatro Quince obras para niños (1961 y 1963).

Es célebre su detención, cuando Allen Ginsberg fue expulsado de Cuba, aunque ya había sufrido innumerables arrestos e interrogatorios durantes esos años, hasta que en 1965, con la clausura de las Ediciones El Puente, es enviado a un campo de concentración, las mal llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP).

En 1968 abandona definitivamente Cuba, dejando en la Isla una extensa labor literaria como poeta, escritor y editor. Ya en el destierro, se instala brevemente en Nueva York, donde recibe la Beca Cintas por dos años consecutivos,  y, con posterioridad, se estable en su adorado Madrid.

En España,  continuó con sus actividades culturales con la creación de dos casas editoras: Ediciones El Puente y La Gota de Agua, además de la publicación de 50 números de la revista literaria Resumen Literario El Puente.

Ya en su exilio español publica seis entregas poética: No hablemos de la desesperación (1970 y 1983), Falso T (1978), Dharma (1979), Oración a San Lázaro(1980),  13 poemas  (1988) y la antología poética El grito y otros poemas(2000) con prólogo del poeta cubano Nelson Simón González.

Dejó inéditos tres libros: Swami y otros cuentos, la novela La contrapartida, sobre su experiencia en la UMAP, y el libro de ensayos Crónica / Crítica y Revolución cubana.

Con posterioridad a su fallecimiento, se han publicado: Dos poemas inéditos. In Memoriam (2003)). Introducción de León de la Hoz y Ediciones El Puente en La Habana de los años 60 (2011), de Jesús J. Barquet, editor.

A José Mario le tocó vivir una  Cuba donde la “palabra Revolución  ardía”,  una sociedad que cambiaba vertiginosamente a golpe de las transformaciones dictadas por el torbellino revolucionario, aunque él con su carácter rebelde, supo sobreponerse con su criterio disidente, con su trayectoria iconoclasta, y logró provocar al nuevo régimen que se asentaba, convirtiéndose en un reconocido enfant terrible, en esos primeros años del gran cambio que sacudió a toda la Isla.

Sin lugar a dudas,  él fue uno de los primeros poetas víctimas del castrismo y su ingreso en la UMAP solo vislumbraba la larga lista de colegas perseguidos y condenados  en décadas posteriores (Léase: Heberto Padilla, Reinaldo Arenas, Raúl Rivero, etc, un largo y lamentable etcétera).

Si bien, en esa Habana revolucionaria (1959-68) que masticó José Mario: de lujuria y protestas, de creación y persecuciones, el poeta trascendió como uno de los personajes más llamativos del mundillo literario de entonces hasta transformarse en toda una leyenda de la bohemia poética para las más jóvenes generaciones posteriores.

No obstante, esas vivencias habaneras –lúdicas y trágicas- contrastan con su posterior destierro madrileño donde las penurias y las necesidades de todo tipo jamás le abandonaron. Solo le acompañaba su permanente amor a Cuba. En tierra española  murió solo, abandonado por un exilio sordo a todo proyecto cultural, mientras, en su patria, se prohibía su obra y era relegado al más criminal de los olvidos.

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El grito y otro poemas (Antología poética), de José Mario.

Prólogo de Nelson Simón Gonzalez.

2000, 128 pp. Colección Antologías.

ISBN: 84-8017-133-2.

PV: 15.00 euros ($20.00).

 

Pedidos directamente a Betania: ebetania@terra.es

Distribuidores:

En España (MAIDHISA): ismaroto@hotmail.com

En EE.UU. (UNIVERSAL): jms@ediciones.com

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