ASOCIACIÓN DE CORRESPONSALES DE PRENSA IBEROAMERICANA, febrero, 2011
Las sombras líricas de Guillermo Arango
Jorge de Arco
Tribunal de sombras (Betania. Madrid, 2010) supone la el quinto poemario de Guillermo Arango. Este cubano, nacido en Cienfuegos en 1939, que ha alternado la docencia con su diversa labor literaria -crítico, traductor, dramaturgo…-, nos ofrece ahora un volumen que recoge su personalísima visión a la hora de enfrentarse a Dios.
En esta entrega, que se divide en tres apartados, destaca sobremanera su primera parte, “Sonetos del dolor de Dios”, pues son más de medio centenar los que el vate cubano dedica a su íntima lucha con el Señor. En ellos, además de su destreza para con esta estrofa, se suceden los interrogantes, las dudas, las incertidumbres, los sinsabores, las esperanzas…, que han despertado a lo largo de su vida estos duelos divinos y humanos.
En su atinado prólogo, Josefina Leyva realiza un amplio estudio de la tradición española e hispanoamericana con respecto a la temática Hombre-Dios, rememora la obra religiosa de algunos de los más grandes poetas –Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Sor Juana Inés de la Cruz, Francisco de Quevedo, Rubén Darío…-, y se sumerge, a su vez, en la intenciones líricas del autor isleño: “La necesidad de Dios se le queda a este poeta en ansia, en obsesión dolorosísima, en frustración insalvable, y a la vez, como esperanza a la que no renuncia sin embargo. En su angustiosa búsqueda, Arango no niega nunca a ese Dios. Ni duda nunca de su existencia, pero al no poder alcanzarlo, su ausencia le trae un inmenso dolor como dramático patrimonio que él no cesa de luchar por trascender”.
Al adentrarse en mítico fulgor de estos versos, el lector no puede sino dar la razón a estas precisas aseveraciones. Y recordar, en buena medida, la reducción del cristianismo a la razón que hace más de cuatro siglos realizase el filósofo John Locke. Para el pensador inglés, la verdadera religión debía ser racional, pues la razón tendría que ser en última instancia nuestro juez y nuestro guía en todo. Guillermo Arango lucha y sufre ante la no presencia de Dios y desde esa evidente realidad, hastiado de no hallar más que silencio y soledad, escribe: “La vida es ese orbe que desvisto/ con los ojos detrás de la ventana,/ allí crece el dolor, allí me gana/ toda esa realidad en la que existo”.
Aun sabedor de que la búsqueda esencial del Ser Supremo no le ha traído más que desconsuelo (“Señor, yo no te veo pero siento/ como es grande y eterno tu vacío,/ tu falta te hace grande y te hace mío/ y eres todo ese Dios con que no cuento”), que no le ha llevado más que a una sombría y reiterada ausencia, su voz trata de encontrar un asidero desde donde poder hallar una diminuta claridad reveladora, un último rayo de luz: “Tu esperanza es así: toma y obliga…/ uno tiene confianza mientras siga/ queriendo o sin querer su derrotero./ Yo siempre te he seguido. Voy confiado/ y aunque doblas la esquina, enajenado,/ te persigo tenaz porque te quiero”.
En su segunda sección, “Dubitaciones y refugios”, Arango se detiene en algunas reflexiones, pensamientos, máximas… que inciden en la misma temática.
Por último, los siete “Pecados capitales”, sirven como coda de un poemario que despliega un discurso de ajustada cadencia versal y que apuesta por desvelar la pugna interior de un Hombre en pos de un sinfín de necesarias -¿e imposibles-? respuestas.
Jueves, 10 de Febrero de 2011