REVISTA HISPANO-CUBANA, Nº 24, 2006
Veinte años con Betania
Pío E. Serrano
Se cumplen veinte años de la existencia de Betania, el sello editorial
que de manera más prolongada ha sostenido la presencia de
los autores cubanos en España. Su director, Felipe Lázaro, quien,
además de editor, es poeta, ensayista y compilador de numerosas
antologías, ha vivido su larga estancia española vinculada a los más
importantes proyectos culturales del exilio cubano. Felipe Lázaro
ha participado en la fundación de las revistas Encuentro de la cultura
cubana y Revista de la Fundación Hispano Cubana, ha sido consultor
de las sucesivos “Encuentros Internacionales sobre Creación y
Exilio” (Cádiz) y es miembro fundador de la sección española del
Comité Cubano pro Derechos Humanos en Cuba, entre otros.
Este aniversario es una buena ocasión para reflexionar en torno al
singular carácter del exilio cubano y sobre la importancia que representa
este proyecto editorial.
A diferencia de otros exilios del siglo XX, desencadenados en
un momento puntual del hecho político que los provocaba (pienso
en la revolución rusa, en la guerra civil española o en la revolución
china, entre otros), el exilio cubano se ha caracterizado por masivos
y sucesivos oleajes que han aportado un dinamismo, generacional y
social, siempre renovado. Esta circunstancia ha permitido que la
sociedad transterrada cubana se vea poblada por todas las capas
sociales de la nación, todas sus virtudes y sus defectos, sus luces y
sus sombras, sus ambiciones y proyectos.
Esa sociedad transterrada encontró en España un territorio
nuevo en el que reconstruir y proyectar hacia el futuro la ideación
de lo cubano. Una ideación felizmente plural y contradictoria.
Enriquecida en cada nueva oleada por un humus, un fermento que
le impedía permanecer igual a sí misma. Y cada oleada generó un
discurso peculiar, una escritura que se renovaba y crecía en densidad.
El estudio de la evolución de la escritura cubana en el exilio
será en el futuro una tarea apasionante para los estudiosos de nuestra
literatura.
A diferencia también de otros exilios del siglo XX, el cubano
se caracterizó desde sus inicios por una fuerte vocación cultural,
Esta importante labor de aliento y estímulo para el escritor
cubano ha tenido un papel decisivo en su reconocimiento más allá
del ámbito del lector cubano. Han debido pasar más de cuatro
décadas de poder totalitario en Cuba, incluido el desmoronamiento
de los regímenes comunistas del este europeo, para que los
editores españoles comiencen a descubrir los valores literarios
de los escritores cubanos dentro y fuera de la Isla. Ha debido ponerse
de moda “lo cubano” para que honestos editores españoles, junto a otros
ávidos de oportunismo, descubriesen la autoría cubana, sin importar ya su
procedencia. Pero mientras, a lo largo de esa larga noche, el autor
cubano ha podido contar con Betania para que su obra se viese impresa.
En la aventura del libro los cubanos también tuvimos que
navegar solos durante largo tiempo. Únicamente una enorme
voluntad creadora y una autoestima a prueba de la indiferencia y
del ninguneo generalizados han sido capaces de generar un cuerpo
literario tan vasto, plural y heterogéneo. Así ha crecido Betania,
atenta a los jóvenes creadores residentes en Cuba y apegada a una
sociedad transterrada que se negaba a ser silenciada.
Y es precisamente esa voluntad de permanecer creando y de
dar voz a los que se les quería secuestrar su testimonio lo que concede
singular relevancia a los primeros veinte años de Betania y a
la sostenida vocación de editor y promotor del libro cubano en
libertad de su director, Felipe Lázaro.
REVISTA HISPANOAMERICANA
Nº. 35
Veinte años de betania
Por Pío E. Serrano
Se cumplen veinte años de la existencia de Betania, el sello editorial
que de manera más prolongada ha sostenido la presencia de
los autores cubanos en España. Su director, Felipe Lázaro, quien,
además de editor, es poeta, ensayista y compilador de numerosas
antologías, ha vivido su larga estancia española vinculada a los más
importantes proyectos culturales del exilio cubano. Felipe Lázaro
ha participado en la fundación de las revistas Encuentro de la cultura
cubana y Revista de la Fundación Hispano Cubana, ha sido consultor
de las sucesivos “Encuentros Internacionales sobre Creación y
Exilio” (Cádiz) y es miembro fundador de la sección española del
Comité Cubano pro Derechos Humanos en Cuba, entre otros.
Este aniversario es una buena ocasión para reflexionar en torno al
singular carácter del exilio cubano y sobre la importancia que representa
este proyecto editorial.
A diferencia de otros exilios del siglo XX, desencadenados en
un momento puntual del hecho político que los provocaba (pienso
en la revolución rusa, en la guerra civil española o en la revolución
china, entre otros), el exilio cubano se ha caracterizado por masivos
y sucesivos oleajes que han aportado un dinamismo, generacional y
social, siempre renovado. Esta circunstancia ha permitido que la
sociedad transterrada cubana se vea poblada por todas las capas
sociales de la nación, todas sus virtudes y sus defectos, sus luces y
sus sombras, sus ambiciones y proyectos.
Esa sociedad transterrada encontró en España un territorio
nuevo en el que reconstruir y proyectar hacia el futuro la ideación
de lo cubano. Una ideación felizmente plural y contradictoria.
Enriquecida en cada nueva oleada por un humus, un fermento que
le impedía permanecer igual a sí misma. Y cada oleada generó un
discurso peculiar, una escritura que se renovaba y crecía en densidad.
El estudio de la evolución de la escritura cubana en el exilio
será en el futuro una tarea apasionante para los estudiosos de nuestra
literatura.
A diferencia también de otros exilios del siglo XX, el cubano
se caracterizó desde sus inicios por una fuerte vocación cultural,
Esta importante labor de aliento y estímulo para el escritor
cubano ha tenido un papel decisivo en su reconocimiento más allá
del ámbito del lector cubano. Han debido pasar más de cuatro
décadas de poder totalitario en Cuba, incluido el desmoronamiento
de los regímenes comunistas del este europeo, para que los
editores españoles comiencen a descubrir los valores literarios
de los escritores cubanos dentro y fuera de la Isla. Ha debido ponerse
de moda “lo cubano” para que honestos editores españoles, junto a otros
ávidos de oportunismo, descubriesen la autoría cubana, sin importar ya su
procedencia. Pero mientras, a lo largo de esa larga noche, el autor
cubano ha podido contar con Betania para que su obra se viese impresa.
En la aventura del libro los cubanos también tuvimos que
navegar solos durante largo tiempo. Únicamente una enorme
voluntad creadora y una autoestima a prueba de la indiferencia y
del ninguneo generalizados han sido capaces de generar un cuerpo
literario tan vasto, plural y heterogéneo. Así ha crecido Betania,
atenta a los jóvenes creadores residentes en Cuba y apegada a una
sociedad transterrada que se negaba a ser silenciada.
Y es precisamente esa voluntad de permanecer creando y de
dar voz a los que se les quería secuestrar su testimonio lo que concede
singular relevancia a los primeros veinte años de Betania y a
la sostenida vocación de editor y promotor del libro cubano en
libertad de su director, Felipe Lázaro.