Revista Otrolunes
Inscrita bajo sospecha, por Gaspar Orozco
Enero 2011. Año 5. #16
1.- Algunas noches atrás mi mujer encendió la radio. Eso lo hacíamos antes con regularidad en México, pero ahora ese acto es más bien una rareza. Ella exploró el cuadrante, como quien hojeaba las páginas del libro de la noche. Se detuvo al encontrar una voz, una voz que venía del fondo de alguna otra noche y que al hablarse, nos hablaba:
Tantos años atrás, navegando las calles de Manhattan, buscando una respuesta para el enigma, tantos años navegando el mundo en esa versión femenina de Marco Polo en que te convertiste por fuerza, por llenar el vacío de los días en que te echabas de menos.
Esa voz cruzaba la noche y ponía, palabra por palabra, las cartas de su íntimo tarot sobre la mesa, como diría alguna vez Fayad Jamís. Una voz clara, de vidrio y plomo precisos. No se puede dejar de escucharla:
Calles de Manhattan que también son calles de París y de Roma la eterna… todo por encontrar la respuesta al enigma y el enigma mantenido, persistente en su exacta oscuridad, en su no darte al menos un surco de luz, un susurrarte “este es el camino, aquí has de poner tus pasos, tu ruta”.
La voz terminó de decir su mensaje y acabó la transmisión. Quedaron sólo las voces lejanas, indistinguibles de otras estaciones que atravesaban la noche.
2.- No recuerdo si fue Wittgenstein quien escribió que el hombre se encuentra en una lucha continua con el lenguaje. Ampliando esta idea, apuntaría yo que el hombre está trabado en un combate permanente con la memoria- y es que, de todas maneras, el lenguaje no es otra cosa sino memoria.
Los relatos deInscrita bajo Sospecha son, entre otras cosas, minuciosas y certeras actas de esta guerra. Guerra que, como el amor y como la muerte, es profundamente solitaria y al mismo tiempo, común a todos.
3.- Me sentí obligado a iniciar estas palabras con la intervención de una radio. Hay varias razones. Creo que la radio continúa siendo el medio de comunicación más poético, visionario e íntimo. Y de alguna manera me pareció natural entender estas narraciones a través de la voz, las voces que emergen del aire. Al principio, porque en la escritura de Mabel hay una cualidad profundamente auditiva, musical perteneciente a la mejor y más honda tradición cubana. Hay un goce, un placer en leer este verbo en voz alta. O mejor aún, en que alguien se lo lea a uno. Pero además, las voces que forman Inscrita bajo Sospecha están codificadas, por así decirlo, en esta frecuencia de alta intimidad.
Lector, si eres lo suficientemente afortunado para que este libro te escoja, enciende con cuidado la luz de esta radio en lo profundo de tu noche.
4.- Las palabras son sitios transparentes y los únicos espejos en que pueden ser visibles nuestros pensamientos (…) Hay palabras que son amigas de la memoria; son ésas las que deben emplearse. La narradora asume con plenitud el sentido de esta frase de Joubert. Palabras de vidrio bajo las que trasluce la incesante búsqueda, el caleidoscopio de paisajes del mundo, la blancura infinita del silencio. A veces, el lente pulido de un catalejo que otea las distancia imposibles. Otras, el cristal de una lupa que escudriña las líneas de la mano, concentrando en un punto ardiente el sol del mediodía.
5.- El mundo es ininterrumpida luz hasta que aparece la frontera. El corte, el muro, la línea. Todos los que cruzamos una frontera somos sospechosos, tenemos que demostrar ante otro nuestra identidad y nuestro derecho de cruzar al otro lado. El exiliado es el sospechoso por excelencia y ese sentido de sospecha se agudiza al punto de anegar cualquier identidad dentro de las 4 paredes de una oficina migratoria. Y otra vez, la oficina de un burócrata es una reproducción exacta del infierno.
6.- La tensión entre la amnesia y la memoria, entre el recuerdo y el olvido es el invisible, poderoso imán que articula los relatos de Inscrita bajo Sospecha. O como titula la narradora dos cuentos que se suceden: Escrituras y Borraduras. La una depende de la otra. Se llega así a la siguiente paradoja –la memoria al servicio del olvido. Son infinitos los juegos, escaramuzas, batallas y traiciones que se desarrollan entre ellos.Borraduras debe ser recordado en los anales de la literatura de la amnesia como una pieza perfecta. En ella, la protagonista intenta todos los recursos, todas las violencias para dispersar sus recuerdos. Al final, como un don celestial, recupera el olvido, paraíso primero, casa final a la que se arriba con un cansancio infinito, pero, al fin, en paz.
7.- País lejano e improbable, así define a su patria Calvert Casey, otro practicante del exilio, a cuya estrella exacta se encomienda Mabel. De esa improbable lejanía, de ese espejismo demasiado real, se intenta o desviar la mirada o enfocarla en lo que se dejó atrás. Pero si Casey escribe –y su vida lo comprueba- bajo el signo de la muerte –y del sexo, esa otra forma de la muerte-, Inscrita bajo Sospecha está creado bajo la cifra de la vida y la dura esperanza, ese otro nombre del amor. Recordemos que todos los caminos que llevan la isla o que salen de ella se dispersan en el agua o se pierden en el viento. A diferencia de los signos que cubrían las sendas transitadas en los códices aztecas, en estos caminos no queda el registro de ninguna huella. Eso, creo que yo, es motivo de esperanza.
8.- Inscrita Bajo Sospecha – prosa cruzada de canciones ocultas y no tan ocultas. Porque la narradora sabe bien que somos las canciones que nos han marcado en algún momento. El tiempo de la canción –esos 2 o 3 minutos-, es un tiempo mítico que no anula sino que hace más profunda la realidad.
9.- Yo dejo el alma atrás, llevo adelante
desierto y solo, el cuerpo peregrino
Concluye Quevedo en un soneto que pasa del negro al blanco. Este dejar el alma atrás, este arrojar a las luces y las sombras del mundo el cuerpo deshabitado, bien podría servir de epígrafe a la alta errancia, al exacto enigma que se cifra en este hermoso libro: exilio y memoria; destierro y olvido.
10.- Es extraño como en toda buena narración hay siempre algo de misterioso e incomprensible. Los cuentos parecen rozar, dentro de nosotros, ojos aun no abiertos; cuando volvemos de su reino, nos sentimos en un reino completamente distinto. Esto decía Novalis. Inscrita bajo Sospecha El arte de Mabel nos deja en otra orilla, del otro lado de la memoria, del otro lado del olvido. Aquí y ahora. En el instante justo en que se hunde alguna isla mientras canto
Publicado originalmente en la Revista Otrolunes: