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Archive for 16 marzo 2018

El pasado viernes 9 de marzo se presentó el poemario Los cuervos y la infamia (Betania, 2018) del poeta cubano Félix Anesio (Guantánamo, 1950) en la librería Altamira de Coral Gables, Miami. Presentó la poeta y escritora cubana Lilliam Moro. Dicho acto contó con la asistencia de un concurrido público.

PALABRAS DE PRESENTACIÓN DE LILLIAM MORO

LOS CUERVOS Y LA INFAMIA

 

Este nuevo poemario de Félix Anesio, Los cuervos y la infamia, se asienta en el concepto del símbolo, ya utilizado en su anterior libro, El ojo de la gaviota. Así que para hablar de su poética nos gusta utilizar la frase: “En el principio fue el símbolo”, en este caso como complemento del bíblico Verbo.

Más que una metáfora, el símbolo alcanza el grado de imagen, es decir, logra la imagen poética superando cualitativamente la metáfora, como un salto pictórico o verbal en el vacío.

Cuando el sustento del hombre primitivo dependía de la caza, dibujaba bisontes y venados en las paredes de las cuevas de Altamira y Lascaux, es decir, expresaba su necesidad básica representándola pictóricamente. Pero este acto encerraba también una especie de magia propiciatoria pues lo representado constituía un símbolo, lo mismo que los poetas, desde los albores de la civilización, utilizamos el símbolo como un discurso retórico, como si cristalizáramos una metáfora para convertirla en imagen, síntesis del verbo creador.

Pero por su carácter sintético, el símbolo también posee las limitaciones de la dualidad. Así vemos la dicotomía de los colores negro y blanco en el ying y el yang de las culturas orientales, pero que no implica aspectos negativos ni positivos: son las dos caras de la vida. Parece ser que somos occidentales los que atribuímos cualidades al color, de ahí que el luto se represente con vestimentas negras y la pureza con el color blanco; la Paz y el Espíritu Santo se simbolizan con una paloma blanca, mientras que la maldad y los malos presagios con el cuervo, ave que popularizó Edgar Allan Poe en su poema y la terrible realidad de la película Los pájaros, de Alfred Hitchcock, aunque debemos señalar que Poe trasciende el símbolo primario del cuervo cuando dice que esta ave se posa en un busto de Palas Atenea, la diosa griega de la sabiduría, dándole así un carácter metafísico al ave.

Parece que el ser humano siente cierta fascinación por las aves cuando admira el frágil aleteo del colibrí o la belleza ostentosa del pavo real, pero yo me atrevo a creer que en el fondo hay cierta envidia por la capacidad de volar asociado con el sentimiento de la libertad plena, ya manifestada en la leyenda de Ícaro en la Antiguedad y en las ideas de Leonardo da Vinci en el Renacimiento. Los seres humanos sólo logramos construir la Torre de Babel y con ese afán soberbio de trascendencia lo único que conseguimos fue la confusión de las lenguas.

Félix Anesio recuerda a su padre al mirar el ojo de un ave en su anterior poemario El ojo de la gaviota, y ahora en este que presentamos hoy, Los cuervos y la infamia, el símbolo se hace múltiple, con variados matices, con lo que logra trascender el esquematismo; muestra el lado oscuro del ser humano pero es un símbolo de múltiples posibilidades, es decir, trasciende la obviedad.

Por ejemplo, en el primer poema del libro “Los seminaristas”, donde describe y narra el paso de los aspirantes a sacerdote por la habanera calle Obispo, no menciona el color negro de las sotanas pero la atmósfera que los envuelve al caminar bajo el sol, el olor a sudor, el sexo que se esconde bajo el pudor y la pesada vestimenta, expresan un ambiente mórbido, lo que remata con el verso final: Aún nos puede llenar de turbación la imagen que recuerdo, O sea, el lado oscuro de las pasiones no se manifiesta por el color, sino por la imagen de lo oculto, lo arcano en el ser humano.

O bien en el poema “En las altas horas” la noche es el momento del encuentro a solas del individuo consigo mismo, propicio para la poesía.

En el poema “Rara Avis” donde se detiene en los pormenores de la triste vida marginal del deforme John Merrick, el lado oscuro del corazón se manifiesta también a plena luz del día cuando las burlas y el escarnio escenifican la falta de compasión, todavía más evidente en el poema “El Callejón de los Venidos”, un amplio desfile de almas muertas que habitan cuerpos decadentes que esperan el final de los finales.

Es decir, en el poemario Los cuervos y la infamia el símbolo se amplifica porque trasciende la obviedad. Cuando Félix Anesio escribe un poema de tres versos que considero muy logrado: “Ceremonial litúrgico”: Nos consumimos/como cirios/en el altar de nadie, añade la frustración a la soledad, al desamparo, a la ausencia de compasión y a la turbulencia oculta de las pasiones en los poemas citados anteriormente. ¿Qué es, si no, esta imagen: Un hombre en una esquina del mundo/permanence en silencio? O bien, la frustración explícita de este verso final: Esta noche no soñaré, no debo.

Todo poeta incluso el más rompedor, es un moralista. Quiere crear en sus poemas una alternativa ética, deseable, utópica, diferente a la realidad que rechaza. Y Félix Anesio nos muestra en Los cuervos y la infamia, su ética existencial: la infamia es la ausencia de la compasión, incluso hacia uno mismo cuando la contención se impone, y en esta situación el cuervo —aquel posado en el busto de la diosa griega de la sabiduría— quizás no sea la oscuridad sino la luz que ha de venir tras “la noche oscura del alma” ya expresada por San Juan de la Cruz, el patrón de los poetas.

Y que mejor final para esta presentación que el mágico verso de José Lezama Lima: Un pájaro y otro ya no tiemblan.

Miami 9 de marzo de 2018

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Entrevista al poeta cubano Félix Anesio (Guantánamo, 1950) en Radio Martí, realizada por el escritor cubano Luis Felipe Rojas (Miami, 8 de marzo de 2018).

http://www.martinoticias.com/a/163727.html

 

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De izquierda a derecha: Las poetas Lena Fuao y Aimée G. Bolaños leyendo poemas.

La poeta y profesora cubano-brasileña Aimée G. Bolaños (Cienfuegos, 1943) fue escogida como escritora homenajeada (patrona) de la 45º Feria del Libro de la  Universidad Federal do Rio Grande, celebrada del 25 de enero hasta el 4 de febrero pasado en Brasil.

Significativamente, esta edición de la Feria estuvo dedicada a “Historias de mujeres”. Lectores, estudiantes, profesores y amigos se reunieron para escucharla y participar en sesión exclusiva de autógrafos, en la que sus libros, editados por Betania: Poesía insular de signo infinito. Una lectura de poetas cubanas de la diáspora  (2008), Las palabras viajeras (2010), Escribas (2013), Visión de mujer con alas (2016) ocuparon un lugar principal.

La presentación de Bolaños,  estuvo a cargo del investigador de su obra Giliard Barbosa, lo cual motivó un ameno diálogo con la escritora. En su opinión: mito, imaginación, memoria, identidad y alteridad constituyen temas principales de su poesía y ensayos. Con agradecimientos al público presente, Aimée se refirió a su experiencia creativa. Preguntada sobre el mito en el que vive, su respuesta es inmediata: Antígona y Obá-Iansâ. “La primera porque, a pesar de trágica, se realiza en la unión, trascendiendo un conflicto sin fin; la segunda por la fuerza y el sentido de lucha. La postura vital de Antígona me inspira profundamente. Obá es vida más allá de la muerte. Las dos hablan siempre de libertad”.

En relación al consenso entre Aimée crítica y Aimée poeta no siempre es fácil: “Soy profesora. La crítica que me habita incomoda bastante y me impidió de publicar poesía durante mucho tiempo. En Brasil perdí la vergüenza, comencé a publicar ficción en este siglo”. También se refirió a su identidad como poeta y búsquedas actuales: “Encuentro en el budismo inspiración profunda sobre el ahora, sobre estar entera y totalmente en cada palabra, en cada relación, en cada encuentro. Porque la vida es encuentro. Intento ir más allá de la fugacidad. Busco una cierta constancia, un equilibrio, no importa si precario. Cada uno de mis libros es una tentativa de trascender la angustia de la temporalidad”, concluye.

Aimée G Bolaños con Giliard Barbosa.

 

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