Archive for diciembre 2020

Nos complace presentar la segunda edición de Cuerpo divinamente humano (Betania, 2021), de León De la Hoz.

Este libro reaparece en nuestra propia editorial al cabo de veintidós años con un nuevo diseño, que aprovecha mejor la intención de que el libro se leyera como si fuera un largo poema en el cual las distintas sexualidades y el deseo se cruzan en el límite de lo existencial, como se deduce de su lectura y la que hizo el autor del prólogo, el poeta, narrador y ensayista César López (1933-2020).

Estamos ante la presencia de un libro único en la literatura cubana, que además cuenta con la visión del pintor Roberto Fabelo, autor de los dibujos realizados para una edición dentro de la isla que nunca se llegó a finalizar, cuyo título era El libro oscuro del deseo. A esta edición se han incorporado dibujos que no fueron utilizados en la primera edición (Betania, 1999).

Puede que no sea fácil acompañar al poeta, como lo advierte César López, pero quizás para los lectores de poesía valga la pena adentrarse “por un túnel de calles podridas, entre sombras, / costillas de un cuerpo abandonado en la noche, / hacia la luz donde espera el cuerpo de su deseo.”:

“Este experimentado poeta cubano toma sin miedo la rosa y enhiesta, como ‘mancebo de la luna’ –Caballero de la Rosa a los acordes de Richard Strauss– la hace signo y no teme en transitar el laberinto de las casas convocadas por cuerpos, pastoras, espejos. No hay que negar lo deleitoso del tránsito, pero, sin embargo, el mismo autor lo ha advertido con terror en medio del placer (…) En el paraíso de esta colección de poemas está contenido el infierno y al parecer no se trata de pasar allí sólo una temporada, sino de permanecer en ese oscuro irradiante en el sentido de la ceniza quevediana.”

 

Esto cantaron. En tanto, coa Virxe despareceran os anxeliños, deixando en derredor noite espesa

 

Nuestro problema es el problema del deseo

y yo soy el monstruo. Me llaman demonio,

a pesar de que una lágrima cae al suelo

cuando en la mañana veo nacer una rosa.

No tengo nombre, ni apellido, ni color,

ni dónde morirme, ni quién muera por mí.

El deseo es mi único cielo y ahí reino.

Tu cuerpo es mi obra mejor y la más real

y en él quiero vivir los próximos siglos,

corriendo la larga calle de tu espalda

para ver su negro sol de los atardeceres.

Sé que estando en ti la vida es eterna,

nada importa que me cierren las puertas

de la ciudad en que me dieron destierro.

Yo siempre seré el invitado más deseado,

sé que alguien pensará en mí si no estoy,

que acariciará su cuerpo para recordarme

y me inventará cuando no pueda ser feliz.

Estaré en cualquier rincón de la ciudad

y no habrá sitio donde no me odien y amen,

a la hora en que la luz deje de serme hostil

para derramar la sangre y apropiarme el alma

de aquellos que dejaron de creer en Dios.

Nuestro problema y único destino, amor,

es el del deseo por el cual estoy penado.

Es la cruz que me pusieron en las manos

para culparme, castigarme y sacrificarme

por el tonto afán de desear más que Dios.

Ahora déjame dormir, corre las cortinas,

límpiate esa sangre que me produce náuseas.

No olvides que aún sigo siendo el ángel.

 


LEÓN DE LA HOZ (Santiago de Cuba, 1957). Ha publicado Coordenadas (La Habana, 1982); La cara en la moneda (La Habana, 1987); Los pies del invisible (La Habana, 1988); Preguntas a Dios (Madrid, 1994); La poesía de las dos orillas. Cuba (1959-1993); (Antología), (Madrid, 1994/2ed. 2018); Cuerpo divinamente humano (Madrid, 1999), ilustrado por Roberto Fabelo; La semana más larga (Madrid, 2007, 2018); Los indignados españoles: del 15-M a Podemos (Madrid, 2015); Vidas de Gulliver (Madrid, 2012, 2016, 2017 y 2018), La mano del hijo pródigo (Madrid, 2019); Ejercicio de convivencia (Madrid, 2020). En Cuba, entre otros premios nacionales, obtuvo el “David” (1984) y el  “Julián del Casal” (1987), ambos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba de la UNEAC y fue cofundador más tarde de Otrolunes en Madrid. También dirigió el Consejo Técnico Asesor del Ministerio de Cultura. Ha sido incluido en numerosas antologías, entre otras, Poesía cubana: La isla entera, Felipe Lázaro y Bladimir Zamora (Madrid, 1995); Los ríos de la mañana, Norberto Codina (La Habana, 1995) Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX, Jorge Luis Arcos (La Habana, 1999); Antología de la Poesía Cubana, Vol. IV, Ángel Esteban y Álvaro Salvador (Madrid, 2002) y Poemas cubanos del siglo XX, Manuel Díaz Martínez (Madrid, 2002). Escribe El Blog de León (https//leondelahoz. com).


Cuerpo divinamente humano, de León De la Hoz (2ª edición)

Prólogo de César López

Dibujos de Roberto Fabelo

106 p.p. Colección BETANIA de Poesía

I.S.B.N.: 978-84-8017-109-0.

P.V. $15.00


El libro se puede adquirir en

AMAZON

https://www.amazon.com/-/es/Leo%CC%81n-Hoz/dp/848017109X


 

 

 

 

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TIEMPO DE EXILIO de Felipe Lázaro

Presentamos la 3ª edición del libro Tiempo de exilio. Antología poética (Betania, 2020) del poeta y editor cubano Felipe Lázaro.

A esta selección de poemas Tiempo de exilio, le precedieron la antología en italiano Data di Scandeza (Triestre, 2003) traducción del poeta italiano Gaetano Longo y  Fecha de caducidad. Antología poética, 1974-2004 (Madrid, 2004) con prólogo del poeta cubano Efraín Rodríguez Santana-

La primera edición de Tiempo de exilio se publicó en Francia  en las Ediciones Hoy no he visto el Paraíso en el 2014, dirigida por la poeta y pintora cubana Margarita García Alonso  y la segunda en nuestra casa editora (Madrid: Betania, 2016) con prólogo del poeta y escritor cubano Francis Sánchez y prefacio de la mencionada  Margarita García Alonso.

En un texto para la citada primera edición (2014) Margarita García Alonso, afirmaba: “El poeta muestra el desgarrón de su traje, desvela vivencias, amores y libros, y una intimidad desolada que fluye y se convierte  en cómplice de aquel niño que tuvo que abandonar su tierra y ha tenido que descifrar códigos para crecer, para comprender un destino marcado por las Letras. No falta el buen vino, el dulce licor de los amigos, o el amargo que viene con las dudas, la falta de esperanza sobre el fin del destierro. No falta la creencia, como si en cada libro que ha escrito o editado diera palabras a los desheredados. El tema, recurrente en la poesía cubana de estos últimos cincuenta años, alza al Hombre como causa, su nostalgia, su asombro. La angustia infinita, la tristeza recrea el País del exilio, como si fuese una isla que interpela a los barcos errantes”.

Y en las palabras iniciales a la segunda entrega (2016), Francis Sánchez señalaba: “Unos 50 poemas, pertenecientes a seis libros publicados, sintetizan la obra de Felipe Lázaro (…) retazos de una vida arrojada fuera de la patria. Así el poeta ensarta su dilatado exilio en la aguja de un verso adaptado al exacto existir, a la experiencia emocional y cultural más perceptible, sin que le tiemble el pulso al guiarse siempre por la sajadura del desprendimiento, la condición de exiliado como hilo conductor que perdió y al mismo le ha permitido encontrarse con la poesía”.

O como bien señala el propio autor de esta selección (Felipe Lázaro): “Toda antología es la suma de una constancia literaria. Por eso, Tiempo de exilio –donde reúno poema de mis libros, más otros textos inéditos- no es más que el resumen de mi labor poética de los últimos 40 años (…) En este sentido, pertenezco a la generación de poetas y escritores cubanos formados y surgidos en el exilio, los que salimos siendo niños, como: Maya Islas, Gustavo Pérez Firmat, Lourdes Gil, Iraida Iturralde, Alina Galliano, Laura Ymayo, María Elena Blanco y muchos más. Sin olvidar a los dos grandes exponentes de poesía de nuestro éxodo, como son José Kozer y Magali Alabau, y a los fallecidos Luis Cartañá, David Lago González y Amando Fernández, entre otros.. Incluso, para ser justo, tendría que mencionar a los poetas que han publicado todos sus libros en el destierro y que conforman una nutrida relación de autores que reflejan el quehacer poético fuera de la Isla desde el mismísimo 1959 a nuestros días”.

4 poemas de Felipe Lázaro

 

Díptico del eterno exiliado

 

Para José Mario, in memoriam

 

Soy un exiliado total

GUILLERMO ROSALES

 

I

Nos quedamos con tantas dudas e interrogantes

que faltó más de una conversación

con la frecuencia del abrazo que todo lo sella.

 

No obstante, ahora revives en la cercanía de nuestra memoria,

justo cuando has iniciado un viaje sin retorno

con tus ciudades amadas como equipaje:

esas interminables calle neoyorquinas,

tus sueños en un tranvía lisboeta,

taciturno quizá en Café de Flore

o la presencia en Praga del verdadero rostro humano

sesenta y ocho veces congelado.

Hasta tu cotidiano caminar por los madriles

-de Lavapiés a Sol y viceversa-

donde repites con la ebriedad de tus versos

la travesía de los deseos.

 

Pero aún falta regodearte con otras latitudes

que reclaman tu regreso,

en este preciso instante

cuando deambulas en la nada.

 

Ahora que no necesitas ningún trámite

para volver a tu Isla,

porque llevas su mapa incrustado en tus neuronas.

 

Y así trasnochas como fantasma en tu Habana,

ansioso de recuperar todo aquello que te sostuvo en vida:

El Gato Tuerto, La Rica, el puerto;

El Pastores o la Rampa,

hasta la escalinata que libertino frecuentabas

con la lucidez de tus poemas más subversivos,

irremediablemente proféticos de tu posterior destino:

¡Un Rimbaud que ardía en el trópico

mientras toda querencia se convertía en cenizas!

 

Volver a ese espacio vital

de tu primer bautizo amoroso,

como el alegre y travieso adolescente

que asombraba a su entorno familiar leyendo a Proust.

Sentar tu precocidad en la lujuria del Malecón

y ver escapar los abrazos idos

que retornan con la incertidumbre del oleaje,

donde el susurro de otras voces

danzan en la intimidad del caracol

y repiten con la sonoridad de la nostalgia

el ceremonial de esas canciones

-preferiblemente de Bola de Nieve o de Vicentino Valdés-

grabadas en la lluvia de tus recuerdos

en un bar sin nombre

de una esquina cualquiera…

 

II

Tan caro precio pagaste por el amor de ese paisaje

que tan solo se escucha el triste eco solitario de tu voz..

 

Con tu poesía rodeas la esencia del verdor insular,

Vitral ausente de todo tipo de emblemas patrios.

Sin datos inscritos en tu pasaporte

Deshaces la telaraña de tus ensueños

Y confirmas la más trágica verdad:

Los hombres son más libres después de muertos.

 

Al final, quemaste tu vida a grandes sorbos:

rebelde, iconoclasta irreverente,

doblemente exiliado,

poeta maldito en tu tierra y en el destierro.

 

Precursor de tantos enfrentamientos,

rechazas la fugacidad de las vanidades

-incluido los transitorios ismos-

y nos dejas tu paso por este mundo

como un enigma injustamente inacabado.

 

Portador de la más cínica sonrisa,

ya saltas y brincas a tu libre albedrío,

a carcajadas te retuerces

de toda pequeñez humana.

Repiensas tu vida como un misterio

al borde del más inusual abismo.

Rehaces tus huellas

como testigo de una época

teñida se sangre a borbotones:

¡Ay Cuba!

La historia se equivoca tantas veces. *

 ———

* José Mario

 

Fecha de caducidad

 

Para mis compatriotas que optaron por el destierro desde 1959.

 

Todo exiliado es un sobreviviente

que rescata la patria del naufragio

convirtiendo en espejo su única balsa.

 

Su zozobra le consume toda existencia

por donde discurre la odisea de los días.

 

Su tiempo, marcado por la fijeza,

pasa y no pasa.

Convertido en un mero espectador

se aferra al terruño como singular salvavidas

y desde las ruinas de su vida

sólo le queda un grito de libertad.

ante la impaciencia de las horas

y hasta de los segundos.

 

Extrañado hasta de su propia sombra

deambula desencajado con paso cansino.

Es el más puro de los murmullos-

Sin embargo, es solidario con Dios.

Presiente como suyo el dolor ajeno,

le aterran las más mínimas injusticias

y sabe que todo exilio es el  mayor castigo,

convertido en crimen.

 

Sus piernas de equilibrista consumado

añoran el ruido rompedor de las olas

o la frecuencia de la más leve brisa.

Su desdicha desterrada la supera a duras penas

con sus taciturnos monólogos

que reviven con pasión su pasado

-conservado como raíces tendidas al sol-

y siempre luce como perenne estandarte

la insistencia de sus deseos:

volver aunque sólo sea con sus recuerdos.

 

Este triste y  solitario náufrago

rememora su infancia

-su verdadero país-

mientras se niega a aceptar esta tragedia

impuesta por la Historia

-histerias patria-

y la lejanía no está en él

ni el espacio lo desune.

Más bien compensa su ausencia

con el nuevo hogar que ya es otra isla,

repleta las paredes de nostalgia:

el mar que siempre consuela

o un envejecido mapa con el paisaje de su niñez.

 

Y quizás como frágil esperanza

asuma el diario recopilar de noticias,

ansioso de todo acontecer insular,

pues hasta las más tibias reformas cuentan.

 

Históricamente optimista

se desespera por la ausencia prolongada

de una muerte anunciada

que ya no sorprenderá a nadie.

Y aún así se replanteará el posible regreso:

Siempre y cuando todo cadáver histriónico

tenga fecha de caducidad,

sino sólo le quedará retornar

con su cotidiana fantasía.

 

Espejo de impaciencia

 

Mi memoria prepara su sorpresa.

 JOSÉ LEZAMA LIMA.

 

Para Manuel Díaz Martínez.

 

I

No traigan al vidente Orlando a la gran fiesta.

Jamás a Silvia en cuyas piernas baila un colibrí.

 

Tampoco a Sergio, el tartamudo,

porque para palabras bastan las nuestras

y los oradores ya no son de esta época.

 

No digamos a la exquisita Matilde o al titiritero Osiris.

Aquí no necesitamos a los aguafiestas.

 

En este torbellino sucesorio ya somos jefes inmutables.

¡Eso nos basta!

 

Dictaremos las directrices maestras para el novísimo ismo

Perfeccionando nuestro más caprichoso ghetto.

 

Nosotros juzgamos según nuestro más íntimo pasado.

Algunos conversos agazapados

-el disfraz siempre ha sido muy útil en tiempos convulsos-

otros esperando

-siempre esperando-

el cambio de piel o la mejor marea,

soñando con propiedades, aunque –por ahora-

sólo sean ficticias.

Y  esas palabras disparatadas que suenan a ensoñación:

¡Jamás serán admitidas en nuestro nuevo Club social!

 

Queremos construir una nación casi perfecta

donde quizá exista toda arbitrariedad,

pero con mercado cautivamente atractivo.

 

Aspiramos a reunir a los más inútiles

para que nos sea más fácil toda posible permuta encubierta.

 

Y así poder vender la dichosa Isla por la levedad del peso

evitando la imparable tragedia

de una inmensa oleada tardía de futuros desterrados.

 

Los amantes amados de la patria

queremos construir un vergel dogmáticamente exclusivo

y ordenamos que en la nueva República sobrarán:

 

los colores ácrata del arcoíris,

todos los librepensadores,

algún que otro sospechoso por s caminar cadencioso,

las ninfas con su flor en la más íntima entrepierna

o los escribanos, los más temibles de todos.

Hasta los mudos, porque no podrán repetir consignas

y, sobre todo, los payasos,

capaces de escenificar nuestros horrores más sublimes.

 

No hablemos de los idealistas, esos son traidores de raíz.

Y de las musas, todo es opinable.

 

¡Ah, amor mío! Y de los poetas:

¡Di todo, di más! Si te atreves.

Esos son pequeños tiranos

y, a veces, hasta libertadores.

Son románticos de profesión,

taciturnos y rebeldes, siempre opositores,

y los inocentes jamás podrán reinar

pues de su canto sólo debe creerse

lo estrictamente necesario.

 

II

De la tartamudez de un pueblo

cuídense todos los caudillos,

las máscaras perdurarán hasta el instante oportuno.

 

Esas simples marionetas del capricho vitalicio

de un solo hombre,

se hundirán en el abismo absurdo

de un destino geopolítico.

 

Definitivamente, las revoluciones interminables han caducado.

 

Ha llegado la hora de la ciudadanía activa:

Ansias de ser algo más que un puñetero país

en un estercolero repleto de alacranes.

 

Poeta errante de todo bando

 

Para Carlos Julio Báez Evertsz.

 

…hasta escribir una carta es una cosa penosa

LUIS CERNUDA, una carta a José Lezama Lima ,  1953..

 

Desterrado de sí mismo

como una provocación más en su vida

siempre le acompañó el poder subversivo de un poema.

 

Lacerado hasta el infinito

-poeta errante de todo bando-

sufrió la censura de los sectarios

y el olvido impuesto en textos,

ya superados por la Historia.

 

Como una de sus destartaladas maletas

-siempre prestas tras la puerta-

Jamás logró el regreso ansiado.

 

Su vida trascendió rota

-perpetuándose como un dandy

poetizando a diestra y siniestra.

 

No obstante, comprendió a tiempo

Lo frágil que son las fronteras,

Incluido su mejor sueño o su mayor anhelo.

 

Este hombre masticó el exilio

y toda desesperanza le fue ajena.

 

*   *   *

 

La versión digital (PDF) de esta antología se puede leer y descargar GRATIS buscando el título de este libro y pinchándolo en una de las ventanas EBOOK de la cabecera de este blog. O directamente pinchando en este ENLACE:  Tiempo de exilio


Felipe Lázaro (Güines, 1948). Poeta y editor cubano. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Graduado de la Escuela Diplomática de España. Fue uno de los fundadores de las revistas cubanas: Testimonio (1968), La Burbuja (1984) y Encuentro de la cultura cubana (1996). Además de Jefe de Redacción del periódico antillano La Prensa del Caribe  (1997-98). Perteneció al Consejo Editorial de la Revista Hispano Cubana y del Boletín del Comité Cubano Pro Derechos Humanos. Obtuvo la Beca Cintas (1987-88) y fundó la editorial Betania en Madrid (1987).

Autor de seis poemarios, de varios libros de entrevistas y de diversas antologías sobre la poesía cubana del exilio, como: Poesía cubana: La Isla Entera (1995) en colaboración con Bladimir Zamora, y Al pie de la memoria. Antología de poetas cubanos muertos en el exilio, 1959-2002 (2003). Sus últimos títulos publicados son: el libro de relatos Invisibles triángulos de muerte (2017), la 5ª edición de Conversaciones con Gastón Baquero (2019) y esta antología poética Tiempo de exilio (2020).


Tiempo de exilio de Felipe Lázaro (3ª edición).

Prólogo de Francis Sánchez.

Prefacio de Margarita García Alonso.

136 pp. 2020. Colección ANTOLOGÍAS

ISBN: 978-84-8017-385-8.

PV: 15.00 euros ($20.00).

 

 

 

 

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El pasado abril se cumplieron 40 años del masivo éxodo de ciudadanos cubanos, huyendo literalmente por el puerto del Mariel hacia el “enemigo del norte”, que representó un gigantesco puente marítimo de un pueblo que  escapaba del ya entonces fracasado modelo estalinista; copiado burdamente por el castrismo desde los años 60.

Los cubanos que entonces huyeron en ese post-revolucionario 1980 ya no eran batistianos ni siquiera latifundistas o burgueses. Mucho menos, comerciantes o propietarios, pues ya todos habían sido eliminados… En realidad, por el Mariel salió el pueblo llano y pobre (trabajadores, funcionarios, estudiantes…),  porque para esa fecha ya en Cuba no quedaba ningún vestigio del capitalismo prerrevolucionario (que fue erradicado entre 1960 y 1968). Tampoco había “cuentapropista” ni “emprendedores”, todo el pueblo cubano trabajaba para el Estado opresor  y, sencillamente,  esta descomunal huída a través del Estrecho de la Florida fue una gran espantada popular (unos 125.000 cubanos) que buscaban el camino de la libertad y el progreso que se les negaba en su patria..

En esa trayectoria de días (una verdadera odisea) salieron decenas de escritores, pintores y artistas cubanos. La lista de autores cubanos que salieron en esa inmensa huída ha crecido por su obra intelectual posterior y hoy son reconocidos en sus respectivos campos de creación, conformando orgullosamente la extraordinaria generación del Mariel.

No obstante, debemos recalcar, con cierta rotundidad, que estos compatriotas jamás fueron emigrantes, sino cientos de miles de nuevos exiliados políticos que se sumaron a un largo exilio histórico que ya contaba con varios millones…Vale recordar que la autoridades norteamericanas consideraron a esos ciudadanos cubanos, como solicitantes de asilo y no los catalogaron como refugiados económicos.

Solo la lista de creadores e intelectuales cubanos que lograron escapar en esa travesía  es una  muestra más de la gran pérdida de apoyo popular que ya afrontaba el régimen del 59 tras los sucesos de la embajada del Perú  y su consiguiente éxodo marítimo.

Reinaldo Arenas en Betania

Como nuestra casa editora se fundó siete años después de estos hechos históricos, en 1987,  no fue hasta esos años finales de los 80 y principio de los 90 que publicamos a algunos autores de ese valorado grupo exiliado, como  la poesía completa del icono de esa generación, el  narrador y poeta cubano Reinaldo Arenas (Holguín, 1943 – Nueva York, 1990). Poemarios, como: Voluntad de vivir manifestándose (1989) y Leprosorio. Trilogía poética (1990). Y  poemarios de Roberto Valero (1990) y Rafael Bordao (1988). Además, de Arenas publicamos otros dos libros: Conversación con Reinaldo Arenas (1990) del profesor cubano Francisco Soto y el libro de documentos Plebiscito a Fidel Castro (1990) con el reconocido pintor cubano Jorge Camacho, como coautor. La edición de este libro fue un proyecto personal de Arenas, el cual desarrolló con sumo ahínco en sus últimos meses de vida.

Ejemplares impresos de estos cuatro libros mencionados los recibió su autor en su apartamento de Nueva York (antes de su suicidio) y me consta –como editor-  que se involucró en su difusión y promoción, dentro de sus posibilidades de ese momento final de su vida, como su participación en la presentación del poemario Voluntad de vivir manifestándose en la famosa Tertulia Literaria Hispanoamericana que dirigía el ya fallecido poeta español Rafael Montesinos. Acto celebrado en noviembre de 1989 en el Instituto de Cooperación Iberoamericana de Madrid.

Como simpática anécdota de esa velada madrileña, donde asistió casi toda la nutrida colonia de intelectuales cubanos exiliados, encabezados por Gastón Baquero (sentado en primera línea), recordaré que en medio de la lectura se fue la luz y Reinaldo Arenas que leía con su cadencia usual, soltó, como horrorizado: “¡Dios mío, por un momento pensé que todavía estaba en Cuba!” y siguió declamando sus poemas  -de memoria, sin luz- lo que  motivó que tan pronto se acabó el apagón, un sonoro aplauso del público le premió que continuará leyendo a pesar de la adversidad de la oscuridad.

Además de estas obras de Reinaldo Arenas en Betania, hay que señalar la selección de su poesía para la antología Poetas cubanos en Nueva York (1988) con Prólogo del profesor cubano José Olivio  Jiménez (con los poemas: “Aportes”, Sinfonía”, “Premio”, “Cuando le dijeron”, “Un cuento”, Esas espléndidas diosas” y “Voluntad de vivir manifestándose”) y también poemas suyos en  Al pie de la memoria. Antología de poetas cubanos en el exilio, 1959-2002 (2003) con Prólogo-poema del poeta cubano Manuel Díaz Martínez (con los poemas: “Aportes”, “Voluntad de vivir manifestándose”; “Cuando le dijeron”. “Mar”, “El otoño me regala una hoja” y “Autoepitafio”);  ambos libros de Felipe Lázaro.

Referente al libro de poesía Voluntad de Vivir Manifestándose, este  se divide en cuatro partes: Esa sinfonía que milagrosamente escuchas, Sonetos desde el infierno, Mi amante el mar y El otoño me regala una hoja y en cuanto a Leprosorio. Trilogía poética  tiene tres divisiones: El Central (Fundación), Morir en junio y con la boca afuera (Ciudad) y Leprosorio (Éxodo). Como se lee,  Reinaldo Arenas sumó a esta segunda entrega betaniana su primer poemario publicado con anterioridad en España: El Central (Barcelona: Seix Barral, 1981). O sea, que estos dos poemarios citados reunían   toda la producción poética de Arenas, hasta la edición de Inferno. Poesía completa (Barcelona: Lumen 2001) y su segunda edición (Argentina, 2018) con Prólogo del escritor cubano Juan Abreu.

En este sentido, de Arenas se podría decir que es un poeta tardío, pues publicó su primer libro de poesía -el citado El Central (1981)- a sus 38 años, pero con toda certeza podemos afirmar que ya escribía poesía desde su llegada a La Habana a principio de los años 60, aunque no la publicase ni pudiese publicarla por la represión imperante. Como se sabe, él publica su primer libro con  24 años, su reconocida novela Celestino… en 1967 (único libro de Arenas publicado en la Cuba castrista), pues  su segunda novela El mundo alucinante (1969) ya la tiene que publicar en el extranjero, y con su exilio de 1980 publica (en cascada) toda su magnífica obra: innumerables novelas y libros de cuentos, ensayos y teatro… que suman una extensa bibliografía y lo convierten en unas de las voces literarias más representativas del siglo XX cubano Sin embargo, como autor cubano (él siendo cubanísimo, guajiro confeso) tuvo que publicar la mayoría de su obra literaria en el destierro hasta su temprana muerte a los 47 años en el exilio neoyorkino (1990) cuando hizo pública su estremecedora carta de despedida, donde culpaba al dictador Fidel Castro de su tragedia personal y la de todo su pueblo…

30º Aniversario de su muerte en el exilio

Al cumplirse otro aniversario del fallecimiento de Reinaldo Arenas (un 7 de diciembre, como la muerte de Maceo) hay que destacar que su trayectoria literaria  ya ha trascendido a su muerte con una obra espléndidamente lúcida y rebelde, atrevida y contestataria, profundamente cubana, de una constante oposición al régimen del 59… Su genuina literatura siempre ha sido disidente y su narrativa, poemas, ensayos y teatro han desafiado a todo poder represor, pero, sobre todo, su vida y sus obras son irrefutables testigos y veraces testimonios que condenan al Estado totalitario castrista que lo machacó sin piedad y lo trituró en vida, tanto en la Isla y como en el exilio.


 

3 POEMAS DE REINALDO ARENAS:

 

Aportes

Carlos Marx

no tuvo nunca sin saberlo unas grabadora

estratégicamente colocada en su sitio más íntimo.

Nadie lo espió desde la acera de enfrente

mientras a sus anchas garrapateaba pliegos y más pliegos.

Pudo incluso darse el lujo de maquinar

Pausadamente

contra el sistema imperante.

 

Carlos Marx

no conoció la retractación obligatoria,

no tuvo por qué sospechar  que su mejor amigo

podría ser un policía,

ni, mucho menos, tuvo que convertirse en policía.

La precosa para la cola que nos da derecho a seguir en la cola

donde finalmente lo que había eran repuestos para presillas

(“¡Y ya se acabaron, compañero!”)

le fue también desconocida.

Que yo sepa

no sufrió un código que lo obligase a pelarse al rape

o a extirpar su antihigiénica barba.

Su época no lo conminó a esconder sus manuscritos

de la mirada de Engels.

(Por otra parte, la amistad de estos dos hombres

Nunca fue “preocupación moral” para el Estado).

 

Si alguna vez llevó una mujer a su habitación

no tuvo que guardar sus escritos bajo la colchoneta

y, por cautela política,

hacerle, mientras la acariciaba, la apología al Zar de Rusia

o al Imperio Austrohúngaro

 

Carlos Marx

escribió lo que pensó.

Pudo entrar y salir de su país,

Soñó, meditó, habló, tramó, trabajó y luchó

contra el partido o la fuerza oficial imperante en su época.

 

Todo eso que Carlos Marx pudo hacer pertenece ya nuestra prehistoria.

Sus aportes a la época contemporánea han sido inmensos.

-La Habana, junio de 1969.-

 

Voluntad de vivir manifestándose

 Ahora me comen.

Ahora siento cómo suben y me tiran de las uñas.

Oigo sus roer llegarme hasta los testículos.

Tierra, me echan tierra

Y piedra

Que me cubre.

Me aplastan y vituperan

Repitiendo no sé qué aberrante resolución que me atañe.

Me han sepultado.

Han danzado sobre mí.

Han apisonado bien el suelo.

Se han ido, se han ido dejándome bien muerto y enterrado.

 

Este es mi momento.

-Prisión del Morro, La Habana, 1975.-

 

Mar

Ya no tenemos el mar,

Pero tenemos voz para inventarlo.

 

No tenemos el mar,

Pero tenemos mares que no podremos olvidar:

El mar encrespado de la cólera,

el mar viscoso del destierro,

el fúlgido mar de la soledad,

el mar de la traición y el desamparo.

 

No tenemos el mar,

pero tenemos mares.

Mares repletos de excrementos,

mares de gomas de automóviles

donde empecinadamente deriva un esqueleto

(las falanges aún aferradas a la cámara

y el fragor de la metralla en el oleaje).

 

No tenemos mar,

pero tenemos mares.

Mares de inescrupulosos traficantes,

mares de esbirros disfrazados de bañistas

y profesores que comercian con el crimen,

mares de playas convertidas en trincheras,

mares de cuerpos balaceados

que aún retumban en nuestra memoria salpicándola.

 

No tenemos mar,

pero tenemos náufragos,

tenemos uñas, tenemos dedos cercenados,

alguna oreja y un ojo que el ahíto tiburón no quiso aprovechar.

 

Tenemos uñas,

siempre tendremos uñas

y las aguas hirvientes de las furias,

y esas aguas, las pestilentes, la agresivas aguas,

se alzarán victoriosas con sus víctimas

hasta formar un solo mar de horror,

un mar unánime,

un mar sin tiempo y sin orillas sobre el abultado vientre del verdugo

-Nueva York, noviembre de 1983.-

Todos los poemas pertenecen al poemario Voluntad de vivir manifestándose (Betania, 1989).


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Bibliografía de Reinaldo Arenas (actualizada, 2020):

 Poesía: El Central (1981), Voluntad de vivir manifestándose (1989), Leprosorio. Trilogía poética (1990) e Inferno. Poesía completa (2001 y 2018).

Narrativa: Celestino antes del alba (1967), El mundo alucinante (1968 y 1969), Con los ojos cerrados (1972),  El palacio de las blanquísimas mofetas (1980), La vieja Rosa (1980), Termina el desfile (1981), Cantando en el pozo (1982), es otra edición de Celestino antes del alba,  Otra vez el mar (1982), Arturo, la estrella más brillante (1984), La loma del Ángel (1987), El portero (1989), Viaje a La Habana (1990),  El color del verano y El asalto (1991),  Antes que anochezca (1991), Adiós a mamá (1993), entre otras.

Ensayo: Necesidad de libertad (1986), Un plebiscito a Fidel Castro (1990)  con Jorge Camacho como coautor, Conversación con Reinaldo Arenas (1990) de Francisco Soto.

Teatro: Persecución (1986).

Revista:  Mariel (1983-1985).


Libros de Reinaldo Arenas en Betania (disponibles):

 * Voluntad de vivir manifestándose  (1989).

128 pp. Colección Betania de Poesía  ISBN: 84-86662-09-5. PV: 15.00 euros.

*  Leprosorio. Trilogía poética (1990).

144 pp. Colección Betania de Poesía. ISBN: 8486662-67-2.  PV: 15.00 euros.

*  Un plebiscito a Fidel Castro (1990) con Jorge Camacho (coautor).

152 pp. Colección Documentos. ISBN: 84-86662-68-0. PV: 15.00 euros.

*  Conversación con Reinaldo Arenas  (1990) de Francisco Soto

72 pp. Colección Palabra Viva.  ISBN: 84-86662-57-5. PV: 10.00 euros.

 

 

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