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CARTAS DE LUIS RAFAEL

Texto del poeta y crítico literario cubano Virgilio López Lemus (La Habana, 1946) donde reseña el poemario Cartas a mi madre (Betania, 2020) del poeta y editor cubano Luis Rafael, Director de la editorial madrileña Verbum.

No es el género epistolar. No son exactamente misivas para echar en un correo postal. El poeta Luis Rafael (Cuba, 1974) se desenvuelve con un lenguaje lírico muy peculiar, en el que los signos de puntuación apelan a un protagonismo a veces insólito, como si fuesen influidos de las vanguardias del siglo xx, con mirada dirigida a cierta zona de la poesía de Guillaume Apollinaire, pero con un sentido post moderno de la experimentación versal, y una vuelta al verso iniciado por mayúscula, más típico de la poesía decimonónica. Así, en esa fusión de temporalidades expresivas el poeta desea diluir lo muy sensitivo y emotivo de sus poemas, que este fragmento ilustra con delicadeza y azar:

 

Nací

: Con la sien —tatuada

/ Por mis uñas —nonatas

La marca distintiva

: Fugó su huella

: Y sembró de azoro

Mi rostro

En la incertidumbre

/ De los días

En la maleza (Negra)

 / Del bosque (Sígnico)

Olvidé las claves (Mágicas)

/ De la reflexión (Amniótica).

 

Esa fusión de innovación con tradición (tradición y ruptura) le ofrece al conjunto una lectura sincopada, más lenta que cualquier composición neorromántica, y a la vez viva por vital, por expresar sentimientos que no quieren hundirse en patetismos. La emoción asume así un papel expresivo intrapoético, y no una pasión externizadora, de arrobamiento romántico. Porque es muy difícil entrar en terrenos a veces trillados, como el canto a la madre, y salir con ganancia expresiva de calidad lírica y novedad formal.

El poeta quiere escapar de toda sensiblería apoética, quiere huir con su voz por medio de una sentimentalidad raigal pero a la vez de tono arduo, o sea, de búsqueda formal para que lo que quiere y tiene que decir se disuelva en la aprehensión estética y no en la mera extroversión pasional. Ternura sí, melodramatismo, no. El poeta se hace dueño del lenguaje, no permite que él lo domine, lo quiebra y lo violenta con mano suave pero firme. Quiere hacer con él un objeto y no un mero medio de «mensajes», de modo que lo que dice se subordina a cómo lo dice, y no por ello apela a un frío formalismo.

Puede decirse que hay sabiduría escritural, porque el poema es sin dudas una escritura, se vierte en un código, traduce y expresa. Hay timón que dirige, no con la espontaneidad de la poesía repentizada, sino con la mano firme del artista que no solo quiere decir, sino que se preocupa en cómo decirlo.

No se crea que el poeta hace solo un monográfico sobre la madre, la maternidad o la infancia bajo el seno materno, pues también filosofa, también comenta y mira al mundo desde un prisma que bien ilustra el poema «La vida», casi al final del libro, y que trae versos de raíces conceptuales, sobre la base del símil acerca de lo que es la vida:

 

Como esa brizna

De polvo

/Que huye

De la lluvia (Inminente)

Y se eleva

-Punzando el espacio

-Soñando ser

: Un planeta

Lleno de

Vida.

 

Luis Rafael Hernández tiene el don poético ligado con la epicidad de un narrador y con el juicio de un crítico literario, por lo que quizás cuando escribe su poesía, cuando cambia hacia la aprehensión lírica del mundo, sentimos un Quevedo de fondo.  Ha publicado una sucesión de poemarios que van desde En la Casa del Hombre (1995), Cartas al padre (2000), Colómbico (2003), Crece en mi cuerpo el mundo (poesía para niños, 2005), Cartas al hijo (2008), Babel (2011), Poemas de amor y desamor (2013), El mirador del cielo (2014), hasta este reciente Carta a una madre (2020), y en todos ellos se enuncia una identidad como poeta, un sello propio, alguien que no quiere ser un poeta-eco, un versificador de escaso mérito, e irrumpe en el arte por excelencia de la palabra para hacer vibrar su lirismo, pero asimismo para contribuir al desarrollo formal de lo que dice. La poesía, hecha sobre la base de la palabra, cuenta con ese lo que dice como esencia expresiva inalienable.

Ya en Colómbico, larguísimo poema-libro, vimos a un Luis Rafael esforzadísimo en su ardor creativo, buscando derroteros, caminos que si fuesen sobre la mar dejasen estela por largo tiempo. En ese poemario, el poeta crece en su plenitud lograda, de modo que no es raro que en Cartas a la madre se manifieste algo más que la madurez creativa por medio del pleno consenso entre contenido y forma. Todos los rejuegos formales y el amplio uso de los signos de puntuación conducen a un nuevo sentido, a una expresión más acorde con los rejuegos del monólogo interior, en que el cerebro dicta al corazón incluso cómo debe leerse el poema.

Creo que Luis Rafael no inicia su poemario de forma gratuita con la evocación de una libélula como alegorema que ya apunta hacia el ser femenino, hacia la madre leve pero eficaz, y vamos a ver a lo largo del libro cómo usa la alegoría como tropo a veces desterrado por la poesía contemporánea, pero de gran impulso a la hora de expresar realidades que no quieren revestirse de excesos de emotividad. Claro que el tema elegido anota el rasgo emocional de la personalidad, pero justo los juegos con las formas, con los signos y con la estructura versal redimen al poeta y a su voz de las trampas de la ingenua emoción. No que se aleje de ella, no se puede cartear a una madre sin el impulso amoroso, sin el ardor de las sentimientos, aunque es visible que Luis Rafael no quiere anotarse como poeta sentimental. En todo este sentido en que el poeta frena estéticamente el impulso comunicativo, veamos este pasaje de «Nunca más», donde puede ejemplificarse lo antes dicho y advertir la poderosa elegía explícita:

 

Nunca más

-Escucharé tu voz

: Llamándome

Aunque

Tu última palabra

Haya sido

/ Mi nombre

 

Detengo la cita, pero lo citado muy bien refleja la intensión e incluso la tensión contenida de esta poesía que barroquiza su lenguaje pero no hacia el hermetismo, sino hacia una inevitable carga conceptual contenida, no exactamente reprimida sino comedida en sí, para hablarnos del gran tema inevitablemente eterno que es el de la existencia (y el amor) de la madre.

Con la poesía de Luis Rafael se puede dialogar sin acudir al lenguaje conversacional, él arma con su obra poética un mundo propio que no dista del nuestro, que se integra, y por ello la facilidad de lectura no queda entorpecida por la parafernalia formal con que se trabaja el texto. La amable voz de este poeta ya ha cantado al padre, al hijo, y a la madre ahora, siempre bajo el valor del espíritu, siempre bajo la advocación principal de la transformación poética del mundo.

 La Habana, noviembre pandémico de 2020.

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