Archive for septiembre 2021

Nos complace presentar la edición digital del libro Hoy como ayer. Memorias (Betania, 2021) del Dr. Antonio «Tony» Guedes Sánchez, médico cubano jubilado, exiliado en Madrid desde 1981.

Estas remembranzas resumen la trayectoria vital de un luchador por las libertades y la vigencia de los Derechos Humanos en Cuba; de su lucha en la Isla y en el exilio.

Procedente de una familia de clase media (su padre bodeguero, perdió su negocio, expropiado  por el Estado castrista en los iniciales años 60 y su madre maestra, expulsada del sistema docente castrista en 1969), Guedes siempre ha mantenido una trayectoria de cristiano comprometido. En Cuba, pasó de seminarista católico (1969-72) a estudiante universitario (dirigente de la FEU) hasta su expulsión de la Universidad de La Habana (1980) por sus creencias religiosas (léase: católico). Al año, sale de Cuba e inicia su nueva vida de exiliado político en la España democrática de 1981, donde reanuda sus estudios de Medicina y se gradúa como médico de la Universidad Complutense de Madrid (1986).

Como político opositor cubano, el Dr. Guedes formó parte de la Plataforma Democrática Cubana (PDC) en 1992 (unión de liberales, demócratas cristianos y social demócratas cubanos) que plantearon -en ese entonces y con apoyo internacional- una transición pacífica hacia una democratización pluralista de Cuba. Iniciativa que fracasó por la cerrazón totalitaria del régimen del 59.

Esta voluminosa entrega de 790 páginas, encierra la historia de la Cuba ida, la arrasada y destruida, desde los año 60 (cuando se erradicó al capitalismo) a la implantacòn de un férreo totalitarismo en los años 70 que culmina con el éxodo del Mariel en 1980. Son las vivencias de un joven cubano (cristiano) en esos 21 años de asfixiante dictadura comunista hasta comenzar con  el duro oficio del exilio en el que ya lleva  40 años de su vida.

Estos recuerdos (vivencias de dentro y fuera de Cuba) son las memorias de todo un pueblo que sobrevive en las ruinas de todo lo construido en el período prerrevolucionario, en una Isla que se cae a pedazos y que entroncan con el reciente grito -espontáneo y popular- del 11J que nos vislumbra, por primera vez en muchos años de dictadura, una posible solución a ese callejón sin salida que ha creado el castrismo en estas seis décadas, obstruyendo todas las esperanzas del pueblo cubano.

Como señaló el escritor y periodista cubano Carlos Aberto Montaner: «Estas memorias, sorprendentes por el detalle y la memoria viva, fueron escritos con una impecable redacción, pero sin pretensiones literarias (…) son una acusación formal contra el régimen y una clara explicación de por qué se marchan los jóvenes de esa isla que deben leer todos los cubanos». (Miami: EL NUEVO HERALD, 2021).

También José E. Roig (Premio Emmy como presentador de televisiòn) comentó que la «represión, el temor, la falta de esperanza y la falta de libertad son elementos constantes en Hoy como ayer, que no solo nos recuerda las necesidades materiales que por más de seis décadas han afectado al pueblo de Cuba, sino también las necesidades espirituales».

Como una breve muestra de este testimonio del Dr Guedes, brindamos a nuestros lectores el capítulo 21. APESTADOS (páginas 183-191):


El régimen cubano y de una manera especial Fidel Castro, despreciando a todos aquellos que no simpatizaban con la dictadura comunista, nos llama «gusanos» (exactamente como Hitler se expresaba de los judíos), expresión que se acuñó en la década de los sesenta. Más tarde, en el año 1980, cuando los sucesos de la Embajada de Perú y el Mariel, añadió la palabra «escoria». También usaba otros epítetos: «mala hierba», «vendidos al imperialismo», «lumpen». ¡Un jefe de Estado y gobierno refiriéndose de esa manera a una parte de la población, y los demás vinculados al régimen repitiéndolo constatamente! Lo que no estábamos con ellos fuimos asumiendo esa catagoría de «gusanos» y la usábamos regularmente y casi sin complejos. Decíamos hablando de alguna persona: «este es un gusano», «se viró y se convirtió (o se hizo) un gusano«, etc.

En septiembre de 1965 se habilita el Puerto de Camarioca, cerca de la playa de Varadero, en la provincia de Matanzas, para la salida, en pequeñas embarcaciones privadas, de miles de cubanos con el fin de reunirse con sus familiares en Miami. Esas embarcaciones venían desde EUA, conducidas o alquiladas por esos familiares que vivían allí. Las salidas directas desde Cuba a EUA estaban suspendidas desde hacía unos años (desde la crisis de 1962, cuando mi tío «Quique» Guedes, estando en el aeropuerto de La Habana ya para coger su vuelo, tuvo que dar vuelta atrás). Entonces, en septiembre de 1965, Fidel Castro dice de pronto: que «pueden venir a buscar a todos los familiares que quieran», desde EUA, y tienen que hacerlo sólo por ese puerto. Tenía una razón de «válvula de escape»: cuando dentro de Cuba había crecido el descontento, la dictadura dejaba salir a un buen grupo de «conflictivos» poco reductibles y así disminuir la presión social. Muchos de esos que han decidido marcharse, van a dejar en manos del Estado sus casas, puestos de trabajo y sobre todo no  llegarán a pensar en hacer oposición dentro de Cuba. Cuando el régimen cubano vio la cantidad enorme de personas que quería marcharse, inmediatamente comienza a poner obstáculos. Impone la norma que los varones de 15 a 27 años no se pueden marchar con la excusa que «están en la edad militar». Ciertos profesionales o los que ocupan determinados puestos de trabajo que al parecer se consideran significativos, tampoco pueden usar esa vía. En definitiva, ya no era que todo el mundo que quisiera se marchara. De esta forma impedía la salida no sólo a esas personas señaladas, sino creaban límites a los familiares, que se velian abocados a una separación forzosa o a rechazar la salida del país.

Mi tío Rafa llamó por teléfono a mi abuela María desde EUA (la llamada se recibió en casa del vecino Carlos Toraño), ofreciéndose para ir a buscar, al  menos, a algunos de la familia, pero mi abujela le contestó que «de ninguna manera», por el riesgo que representaba el viaje. Hay que recordar que eran embarcaciones generalmente pequeñas. Mi tío finalmente no fue, no quiso disgustar a mi abuela. A las pocas semanas, el presidehte de EUA Lyndon B., Johnson autorizó la entrada de estas embarcaciones a su país.

Ya en noviembre del mismo año 1965, el régimen cubano suspendió los viajes por Camarioca, aludiendo al «mal tiempo en el Estrecho de la Florida». En el mes de noviembre, a causa de ese riesgo y del poco control que estaba teniendo el gobierno norteamericano de los que llegaban al país, se firmó un acuerdo entre la dictadura cubana y el gobierno de EUA, para la autorización de la salida definitiva de Cuba a través de la vía aérea: los llamados Vuelos de la Libertad, entre la playa de Varadero y Miami. Se calcula que unos 300.000 cubanos salieron a través de esa vía. Los vuelos duraron hasta el el 6 de abril de 1973. Durante ese tiempo, los varones de 15 a 27 años siguieron sin poder salir. A los médicos les fue casi imposible: se les castigaba por años, durante períodos indefinidos en los que eran trasladados a puestos de trabajo inferiores y ubicados a veces a bastante distancia de la familia, esperando una autorización del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) y el Departamento de Inmigración del Ministerio del Interior. Por supuesto, tampoco podían solicitar permiso de salida trabajadores que tuvieran cargos de cierta responsabilidad y no digamos a militares o miembros del Partido Comunista (el único existente en el país).

Durante el tiempo que duró la salida por esta vía, la mayoría de los adultos que se iban a marchar, luego de presentar la solicitud, debían esperar la autorización (siempre sin un plazo fijo) internados en unos campos de trabajos forzados. Los cubanos los llamaban «becarios de Johnson», por el nombre el presidente que firmó el acuerdo con el régimen cubano. Los internaban para realzar trabajos en la agricultura: corte de caña, limpieza de campos, recogidas de fruta u hortalizas, café, tabaco, etc. Vivían en barracones, en unas condiciones infrahumanas, con muy poca higiene, comida mediocre o mala. Estaban obligados a permanecer en ellos durante toda la semana laboral, y los dejaban ir a sus casas los fines de semana o cada quince días. Muchos de estos campos estaban situados en otras provincias y prácticamente siempre en otros municipios distintos a donde se residía. La autorización de salida definitiva del país podía demorar en llegar meses o años. A todos se les expulsaba antes del centro y puesto de trabajo o, si acaso aún hacían algún trabajo por cuenta propia, se los expropiaba el Estado cubano (en ese momeno solo quedaban medianos o pequeños negocios particulares, el resto habían pasado al sector estatal, la dictadura los había expropiado sin dar indemnización).

A estos campos fueron familiares y amigos. Allí estuvieron «Quique» Guedes, Israel Guedes y Reynaldo González (mi tío políitico  casado con Angelina «Nena» Guedes) hasta que les llegó la autorización del gobierno para salir del país.  Hasta mi padre estuvo en esos campos forzados. A pesar de que yo había cumplido los 15 años de edad y entraba en la franja prohibida, corría el bulo popular de que nos dejarían salir de Cuba y mi padre, sin perder las esperanzas, aguantó en esos campos durante varios años por si así sucedía. Estuvo en la provincia de Camagüey y en otros municipios. Al menos papi de joven había trabajado en el campo de mi abuela, en la colonia , y le resultaba más llevadero, pero muchos no estaban preparados para ese tipo de trabajo y se veían obligados a cumplir unas metas y llevar una disciplina, de lo contrario podían desautorizarles la salida. Además, mi papá no quería renunciar a la salida para evitar que más adelante le negaran viajar, si se presentaba la oportunidad. A mi padre, que conservaba aún entonces la bodega, se la quitan antes de enviarlo a los campos de trabajo. Esto fue un tiempo antes de la Ofensiva Revolucionaria (1968), donde terminaron de expropiar todo tipo de actividad mercantil, incluso los oficios individuales.

A estos campos de trabajo forzado tuvieron que ir familiares de Lourdes; años después cuando la conoci lo supe. Entre esos familiares de Lourdes en esa situación estuvieron María Laura Ojeda, la hija de Ruperto Ojeda, y Marta «Martica» Curbelo González hija de Mirta González. Ambas sufrieron las vejaciones, el internado olbligatorio, los trabajos extenuantes, la alimetación deficiente, los calores insoportables en el campo, el transporte peligrioso en carretas y camiones atestados de personas por caminos de tierra sin condiciones, el ver pasar cangrejos cerca de sus camas (por la zona donde estaban sus albergues) y muchas cosas más hasta que les llegó la salida de Cuba.

Entre los hechos que recuerdo, antes qe mi padre perdiera la bodega, es cómo Saúl Laguillo (amigo de la familia y padre de Jorge Laguillo, el amigo mío de la infancia y de la Iglesia)., al perder su trabajo en las oficinas del Banco (ya los Bancos eran del Estado cubano) por haber presentado para marcharse del país, él, su esposa Esther y su suegra pereparaban unas croquetas para vender y así subsistir. Le pidieron a papi que les dejara vender las croquetas en la bodega. Semanas después envlan a Laguillo a los campos forzados y, un tiempo después a papi.

A mami la expulsan de su trabajo de maestra el 7 de enero de 1966, a mitad de curso, por haber solicitado la salida del país.  Una Resolución de la Dirección Regional de Educación de Unión de Reyes, firmada por María T. González Tejo -guardo la constancia escrita de esta condena-, que expresa entre otras cosas:

«(…) por cuanto: la conducta contrarrevolucionaria (…) por cuanto: resulta improcedente que continúe impartiendo la enseñanza (…) por cuanto: no puede ser educadira de los hijos del Pueblo (…) resuelve expulsar deshonrosamehte de la docencia a Eva Sánchez Ruiz».

Sin embargo, a ella no se la llevaron al campo, como hicieron con muchas otras mujeres, quizás porque tenía una hija menor (mi hermana) y a mí a su cargo, y a papi ya lo habían llevado al trabajo forzado.  Fue una época que pasamos mucha estrechez económica, no sólo por la situación general del país, sino por la particularmente precaria en que quedaron mis padres: el único dinero que entraba era un salario mísero que recibía papi. La expulsión de su trabajo le produjo a mami un gran sufrimiento. No sabía cómo explicarle a su padre por lo que estaba pasando. Abuelo Rafael, siempre tuvo una gran ilusión que ella fuera maestra, esto lo sentía ella a pesar de que no era responsable de esa injusticia.

Durante ese período del puente aéreo de Varadero a Miami, se marcharon todos estos tíos míos y sus familias: Enrique Guedes y Rosa López con mis primos Alida, Albita y Enrique «Quiquito». Israel Guedes y Nila Cores, sus hijos Israel «Israelito» y Ana María. Alfredo Guedes y Julia Cobo y el primo Alfredito. Los últumos, el 15 de julio de 1968, Angelina (Nena» Guedes y Reynaldo González con mis prumos mellizos Cristina y Jorge, acompañados por la mamá de Reynaldo, Angelina, ya que Pablo González había fallecido años antes.  Mi primo Reynaldito, se había ido solo antes, vía España, en agosto de 1966. También se marchó por este puente aéreo mi tía abuela Josefina Guedes. La tía Josefina fue antes a La Habana para despedirse de la familia que vivía en la capital.

Entre ellos se encintraba Eloísa Álvarez Guedes, artista que simpatizaba con el régimen. Cuando la tía abuela fue a despedirse, Eloísa le pide que no se marche de Cuba, que incuiso «venga a vivir a su casa, que la deja poner su altarcito con la Virgen y los Santos», como Josefina tenía en su cuarto en casa de mis abuelos. Entre las razones que le dio Eloísa para que se quedara en Cuba fue el hecho que «ella cada vez se quedaba más sola», la famiiia en su mayoría se había ido del país. El hermano de Eloísa, Guillermo Álvarez Guedes, también artista, ya se había exiliado.

Todo mis tíos se quedaban, como dije anteriormente, la última noche en casa de mis abuelos paternos y allí mis abuelos tenían que pasar por el dolor terrible de ver marcharse unos hijos y nietos, con grandes posiblidades de no verlos jamás. Como ocurrió realmente. El día que viajaban, sin variar, a mi abuela María (que padecía de hipertensión arterial), le subía la presión y mi abuelo iba por la noche a casa, a buscar a papá.
Abuelo Antonio tocaba la ventana de madera de mi cuarto, el primero de la casa, que daba para el portal, y ya yo sabía lo que ocurría. Esto estuvo pasando hasta que, en una ocasión, a mi abuela le dio un ictus y quedó en un sillón de ruedas, sin poder hablar.

De los Guedes, se quedaron y fallecieron en Cuba Marta Julia y Armando. Mis padres pudieron salir al fin el 23 de novienmbre de 1994 y llegaron a Madrid el 24 de noviembre.

(Al final de este capítulo se reproduce copia facsímilar de la «Resolución de expulsión deshonrosa de la docencia» de Doña Eva Sánchez Ruiz,  madre del autor de este libro, emitida por el Ministerio de Educación del Gobierno Revolucionario. en enero de 1969).

*  *   *

Dejamos constancia  al amigo Rogelio Quintana, autor del diseño gráfico de este libro, por su excelente trabajo.

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Antonio «Tony» Guedes Sánchez
(Unión de Reyes, Matanzas, 1951). Médico y político cubano. Desde 1981 reside en Madrid con su familia.

Fue presidente de la Unión Liberal de Cuba (ULC), partido político cubano fundado en 1990 y miembro de la Internacional Liberal.  En 1992 fue uno de los dirigentes de la Plataforma Democrática Cubana (PDC).

Destacado miembro del Comité Cubano Pro Derechos Humanos que dirigía la doctora Martha Frayde (qepd) en Madrid (años 90) y Presidente de la Asociación Iberoamericana por la Libertad (AIL).
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HOY COMO AYER. MEMORIAS de Tony Guedes.
2021, 790 pp. Colección NARRATIVA.
ISBN: 978-84-8017-434-3.
EBOOK. gratuito. Se puede leer y descargar GRATIS en este blog, pinchando en este enlace:; HOY COMO AYER

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