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Archive for the ‘Betania’ Category

Este artículo de la poeta y profesora cubana Aimée G. Bolaños (Cienfuegos, 1943) fue publicado en la revista digital hispanoamericana Otro Lunes (Berlín: Nº 46, abril 2017): http://otrolunes.com/46/este-lunes/notas-sobre-poesia-y-exilio-en-felipe-lazaro/

Foto de Jacqueline Alencart

Exilio es, en fin, reconocer las patrias menos obvias.
Juana Rosa Pita

Para pensar la significación del exilio en la obra de Felipe Lázaro, bastaría reparar en el título de su antología. Cuando el autor reúne en Tiempo de exilio1 una selección de su poesía de los últimos cuarenta años, el exilio está en el centro de un proceso creativo de muy variados matices, aún abierto.

Su escritura tiene nítidas referencias a una temporalidad histórica marcada por  los interminables tránsitos. Quien habla y firma el libro se hace en el exilio, omnipresente en los avatares del vivir a partir del éxodo originario. El sujeto poético de cada poema en sus desdoblamientos de “persona”, quiero decir, con sus diferentes máscaras, es expresivo de una experiencia transterrada que identifican al autor, escriba, antologador  y  editor de Tiempo de exilio.  A su vez, el exilio remite  la poesía de Felipe Lázaro a una genealogía poética: Ovidio, Dante, Baudelaire, figuras emblemáticas. Heredia, Martí, Lezama Lima, Baquero (tan caro a Felipe Lázaro), de diferentes formas en el continuum poético cubano.

Con toda razón, Francis Sánchez, al prologar el libro, subraya la significación del término que el autor reclama a pesar de haber salido de Cuba con solo 12 años (p. 7). Y vale recordar que si el exilio tiene marcas políticas evidentes, siendo histórico (muy patente, si bien no exclusivo, de la historia cubana), es también una dimensión existencial, supone una conciencia ontológica, consustancial a la poesía. Alude a la condición del artista y su vida espiritual, a una sensibilidad profunda en la trashumancia simbólica, como aquel albatros de Baudelaire exilado en las alturas. Más que un fenómeno o temática, implica una sensibilidad, un conjunto de actitudes, afectos y comportamiento que encarnan en la poesía.

 Tiempo de exilio, como compendio poético de Felipe Lázaro, naturalmente me lleva a reparar en las intrincadas y sostenidas relaciones entre su figura autoral y exilio. Si la poesía lírica con una propuesta de lectura oscilante problematiza la relación autor y yo de la enunciación con su ambigüedad; la poesía del exilio encuentra su fundamento en el efecto de realidad que identifica autor y sujeto poético. A diferencia de las estrategias de la autoficción –soy yo, pero no soy yo–, el autor afirma la identidad pragmática y ontológica del sujeto discursivo y el nombre al pie de libro. Esta estrategia, compartida por el lector, constituye el fundamento de una poética de registro testimonial autorreflexivo, entre el memorialismo y la autoconfesión, tan patente en la poesía del exilio y distintiva de Felipe Lázaro.

Con sus prácticas discursivas específicas, de modo marcado en Tiempo de exilio, la poesía exiliada redefine la figura del autor, oficiante de su propia historia y escritura,  crea un lugar donde se afirma y reconoce, un espacio en el que de manera verdadera, con todas sus contradicciones y ausencias, existe. El poeta escribe para no desaparecer. La poesía es última y primera prueba de existencia. El poeta reclama y proclama su referencia, existe fuera del texto. Vive y escribe su experiencia, se presenta como figura empírica, factual, de estatuto “real” del tejido imaginario, lo que es muy patente en los poemas de la poesía compartida en Tiempo de exilio. En ellos el autor se ficcionaliza junto a tantas figuras de la historia de la poesía cubana y latinoamericana exiliada en un formidable juego de espejos. De este modo, no solo aspira a la credibilidad, también a legitimar la experiencia del exilio que comparte con una comunidad sociohistórica, tanto autoral como lectora.

Viviendo su exilio, el poeta habita y es habitado por el espacio sin tiempo de la escritura  –“poetizando a diestra y siniestra” (p. 78)–,  contrapaso  al tiempo lacerante y los no-lugares o lugares terminales del exilio. En este espacio de la escritura se nombra, retornando a sí y cuanto fue suyo –“cotidiana fantasía” (p. 86) –, asumida la poesía como única y definitiva casa.

En esa dimensión intemporal y restauradora de la escritura, Tiempo de exilio muestra su otra cara de Jano: el tiempo humano del ser y la existencia. En esa densidad histórica que el poeta describe como “abismo de la extrañeza” (p. 24), el presente revisita un pasado declinante –“nostalgias arrebatadas del naufragio…” (p. 27)–, transitando entre diferentes tiempos y espacios referidos a una trayectoria de vida marcada por “la inmensa distancia, lo que nos une y separa” (p. 24).

El poeta representa su cotidianidad –odisea de los días–, se mueve entre ciudades, mujeres amadas, amigos-poetas, omnipresente la poesía de este viaje sin retorno. En este sentido, altamente expresivo resulta “Árbol extraño” que, según Francis Sánchez, “ofrece un arquetipo del exiliado, símbolo que resurge de una fisura ontológica” (p. 10). El poema, concebido como una conversación del sujeto de la enunciación con el hijo, alude a esa ruptura ontológica con la metáfora seminal del árbol ceniciento, pálido de frío que deberá revivir sus raíces en un trasplante-vuelta, deseo mitificado e imposibilidad. La extranjería-extrañeza se ha tornado radical:

Mas un día, hijo, lo volveré a trasplantar,
ya definitivamente,
aunque puede pasar que tampoco allí encuentre morada,
que no se sienta realizado en casa,
que después de tanto recorrer por el mundo
su pequeño lugar de nacimiento le sea ajeno.
Y será otra vez extranjero:
irreversible meteco,
noria de los pasos. (p. 39)

Metaforizado por el frío, el exilio alcanza significación simbólica. La dimensión metafísica dialoga con la histórica en “Nostalgia”, uno de los poemas más abiertos a la interpretación de la antología por su extrema hipérbole, síntesis metafórica y elíptica composición:

Tan fría es la ausencia
que hasta el silencio
se hiela. (p. 31)

Plurívoco e inclusivo, el autor crea una figura autorreferente y plural. El sujeto poético habla de sí como otro, la voz, siendo individual, es la de una comunidad exiliada, el movimiento se torna transgresivo, hacia la alteridad. Y en ese testimoniar al otro, se configura otro devenir y el poeta deviene otro, como puede leerse en “Fecha de caducidad”,  expresivo de una experiencia transpersonal al categorizar la figura del exilado con una enunciación metafórica muy viva –la patria es una balsa– que nomina las odiseas de mar cubanas:

Todo exiliado es un sobreviviente
que rescata del naufragio la patria
convirtiéndola en su única balsa.

(…)

A este triste y solitario náufrago
solo le queda rememorar su infancia
-su verdadero país-
mientras se niega a aceptar esta tragedia
impuesta por la Historia
-histeria patria-
y la lejanía no está en él
ni el espacio lo desune. (p. 84-85)

La memoria recurre en Tiempo de exilio al configurar el tiempo humano en movimiento tanto retrospectivo, dominante en la antología, como prospectivo: tiempo de la espera, de la profecía y el vaticinio. Expulsión del paraíso, tierra prometida inalcanzable, edén tropical ya desvaído, infancia mitificada, futuro conjetural componen una compleja trama en la que el dolor de la pérdida es tanto mítico como histórico, de evidente causalidad social. Extranjería, extrañeza, desarraigo, nostalgia son marcas de sensibilidad constantes. Y valdría actualizar la etimología de esta última palabra que tiene en su raíz nosteo y algeo(volver a la patria), indisolublemente asociada a las funciones imaginativas de la memoria y a la conflictiva percepción del paso del tiempo. Desde un problemático presente, el sujeto de “Tendrás casas invisibles” parece augurar cuando recuerda:

Tendrás casas invisibles
en el espacio desterrado.
Varios hogares descoloridos
-ascua vidriosa-
en el espacio congelado de palmas,
compartiendo el pan del olvido coagulado.
Así despertarás
fatigado,
de todo sueño esperanzador. (p. 35)

El proceso creativo de Felipe Lázaro vuelve continuamente sobre sí para interpretar, con imaginativas variaciones, el tema mayor del exilio,  moviéndose entre el adentro –minimalismo de la historia personal– y el tiempo de la Historia con mayúscula, magna estructura sociohistórica donde el sujeto poético lidia con la falta de sentido, tocando lo simbólico en el espacio compensatorio de la escritura. Así en “Epitafio para un aprendiz de poeta”, referido a un otro conjetural, el yo enunciativo oblicuamente se configura:

Sufrió lo indecible por una tierra lacerante.
sumergido en un pantano reseco por la lejanía
miraba sus poros como si fuera el universo
extraño, siempre extraño frente al espejo desnudo. (p. 61)

De libro a libro, de poema a poema, las formas compositivas de Felipe Lázaro van mudando y enriqueciendo sus significados en la identidad de una estética que privilegia la forma sentenciosa y reflexiva, la fragmentación y el decir elusivo, los efectos de oralidad y autorreferenciales, el sesgo narrativo, el dialogismo con el otro y con sí mismo. Su autoexamen y la mirada atenta al mundo que lo rodea dan vida a los espacios y tiempos de la errancia obligada, tanto en poemas de elaborada estructuración polifónica disonante, de cierto barroquismo  –“Las siete moradas de una Teresa llamada Carmen”, “Evocación de un encuentro”, entre otros memorables–, como en los de suma concentración, rupturas de sistema, acotaciones desafiantes y elocuente parquedad, como en “Señas de un preso”, dedicado al poeta Jorge Valls:

Lugar: La Cabaña-cárcel,
un camastro,
la mesita,
unos libros,
poca luz.
Una ventana con barrotes mohosos.
Nombre: Estudiante de Filosofía.
Tiempo: Veinte años.
Horas: Desfile de rejas. (p. 32)

La poesía amatoria es lugar de revelaciones en Tiempo de exilio. Los ditirambos amatorios de tesitura emotiva, más sensuales o idealizados –“Para el amor quedan recursos”, por ejemplo–, así como los punzantes poemas epigramáticos que reinterpretan el imperecedero “amo y odio” de Catulo –“Marvila la calculadora”, tan eficaz–, constituyen entradas en la intimidad, reveladoras de facetas de la biografía sentimental.

Provocativos, por su tono y asunto, los poemas lúdicos de las celebraciones báquicas se destacan por su intensidad. Con su enunciación irónica, catálogos etílicos y  crónicas alborozadas –encubridoras de vacío y nostalgia–, estos deliciosos divertimentos crean escenas de notable fluencia descriptiva y contadora. Representativo de esa cuerda “Un sueño muy ebrio sobre la arena” reúne poetas dispersos en la celebración de las afinidades electivas y el vino  –“las grandes jarras hermanan brazos. / La intolerancia se disipa con un buen jerez” (p. 69)–, convivio que integra sitios y figuras de la bohemia, quizás otra forma de la errancia y, a la vez, morada. Allí, en ese espacio heterotópico, con la visión de las “copas con ala”, fulgurante imagen martiana del umbral del poema, se yuxtaponen fragmentos del viaje siempre inacabado y el nomadismo cultural.

Especialmente he apreciado los retratos, tanto elegíacos como desacralizadores,  y los autorretratos, en los que el poeta da forma a estados espirituales y a su reflexión ética. En este tipo de poema, “Tiempo de exilio” paradigmático, puede ser revelador y reticente, el sujeto discursivo espectador lúcido y aturdido de sí mismo:

Haber heredado el silencio por costumbre.

La nada acumulándose a pasos agigantados,
estériles segundos que se suceden
cuando el calendario pesa más que la vida
y es incierto el respirar constante.

Ya nada asombra a no ser la verdad.
Y el equilibrio necesario de los días
aturdido
experimenta con la lejanía. (p. 89)

De notable riqueza y variedad resulta la galería de retratos de poetas exilados (grandes figuras y todos lo que optaron por el destierro desde 1959), poemas generalmente memoriosos, elegíacos, dialógicos. En “Memoria compartida (Poema a Gastón Baquero)”, la elegía es espejo imaginario de una muerte que se reparte:

Más visible que nunca antes
divagas alegre por silente viaje,
repiensas versos como recuerdos
ante el asombro de las estrellas
con tu corazón elegante convertido en Isla. (p. 80)

De emocional tesitura reflexiva, “Díptico del eterno exilado”, a la memoria de José Mario, abre con una cita Guillermo Rosales que no deja lugar a dudas: “Soy un exiliado total”. El poema rememora una vida poética y en la poesía, para culminar con la figura emblemática del poeta maldito, eternamente anhelante y dislocado, padeciendo su exilio absoluto:

Con tu poesía rodeas la esencia del verdor insular,
vitral ausente de todo tipo de emblemas patrios.
Sin datos escritos en tu pasaporte,
deshaces la telaraña de tus ensueños
y confirmas la más trágica verdad:
los hombres son más libres después de muertos.

Al final, quemaste tu vida a grandes sorbos:
rebelde, iconoclasta, irreverente,
doblemente exiliado,
poeta maldito en tu tierra y en el destierro. (p. 83)

Un rico pensamiento del arte poético, junto a vívidas memorias de trozos de vida compartida, se deja leer en los poemas de diálogo imaginativo e imaginario con poetas.

(Heberto Padilla, Manuel Díaz Martínez, León de la Hoz, Alfredo Pérez Alencart, Louis Bourne, José Lezama Lima, Saint-John Perse, José Martí, Dámaso Alonso, Charles Baudelaire, Nicanor Parra, entre tantos)2. El sujeto poético se transforma en un demiurgo que da existencia al otro, en él se reconoce y completa, ahondando sin desvelar el misterio de la poesía. Cada uno de estos poetas, a su manera incomparable, “es un artista del desequilibrio” (p. 56) que en la escritura se  rehace. De este modo los retratos interpretan la condición del poeta errante, conocedor de la fragilidad de cualquier frontera entre el desaliento y la esperanza:

Desterrado de sí mismo
como una provocación más en su vida
siempre lo acompañó el poder subversivo de un poema.

(…)

Este hombre masticó el exilio
y toda desesperanza le fue ajena. (p. 78-79)

Leídos de conjunto, los poemas de poetas, tanto retratos como autorretratos, integran una poética autoral tramada en y por el exilio; cada figura, ícono y emblema. Elogio de la palabra poética, ética, crítica y denuncia, conciencia de la transitoriedad de modas y modismos, todo ocupa su lugar en el pensamiento poético. Con la imago, Tiempo de exilio nos dice: la poesía es subversión, acto de rebeldía, sueño de verdades inconclusas, suma de voces sin estériles fronteras, fantástica realidad cotidiana, reconstrucción de la historia que se escapa, conocimiento ancestral, conjugación mística, coloquio humano trascendente, alegría que medita.

Finalmente, como alguien que comparte e intenta escribir la errancia, al pensar la poesía de Felipe Lázaro me han acompañado dos ángeles del imaginario. El primero, el ángel de Walter Benjamin tan citado que, lejos de agotarse, gana hoy nuevos significados. En la novena tesis sobre filosofía de la historia, Benjamin remite a un cuadro de Paul Klee, “Angelus Novus”, que representa un ángel atónito, de ojos desorbitados y alas abiertas. El Ángel de la Historia, dice, debe de ser parecido. Ha vuelto su rostro hacia el pasado, ve una única catástrofe que acumula sin cesar ruinas y las vuelca a sus pies. El Ángel quiere despertar a los muertos y componer el destrozo, pero sopla un vendaval que lo empuja hacia el futuro, al que vuelve la espalda, mientras el cúmulo de ruinas crece hacia el cielo3.

Junto al vendaval de la historia moderna y en nuestro caso al venturoso desastre del exilio, no solo destructivo, la poesía de Felipe Lázaro revive también otro Ángel, el de la Jiribilla, imaginado por Lezama Lima; ángeles no opuestos, más bien  simbólicos dobles complementarios. Sin desconocer las ruinas y la catástrofe, leyendo Tiempo de exilio, celebro esta imagen jubilosa, tan criolla y esperanzada, que rinde tributo a nuestra poesía:

Ángel de la jiribilla, ruega por nosotros. Y sonríe. Obliga a que suceda. Enseña una de tus alas, lee: Realízate, cúmplete, sé anterior a la muerte. Vigila las cenizas que retornan. Sé el guardián del etrusco potens, de la posibilidad infinita. Repite: Lo imposible al actuar sobre lo posible engendra un posible en la infinidad. Ya la imagen ha creado una causalidad, es el alba de la era poética entre nosotros4.

 

Notas del artículo

 

  1. Felipe Lázaro. Tiempo de exilio. Antología poética (1974-2014). Prólogo de Francis Sánchez. Prefacio de Margarita García Alonso. 2.ª Edición. Madrid: Editorial Betania, 2016. La antología acoge poemas de cinco libros: Despedida del asombro(1974), Las Aguas (1979), Ditirambos amorosos(1981), Los muertos cada día están más indóciles (1987), Un sueño muy ebrio sobre la arena (2003). Tiempo de exilio, última parte del libro, reúne poemas sueltos, no publicados en libro de autor. Todas las citas pertenecen a esta edición.
  2. Felipe Lázaro especifica y distingue: “Poetas a quienes escribo poemas como: Gastón Baquero, Alberto Baeza Flores, José Mario y Jorge Valls, y poetas a quienes dedico poemas, como: Díaz Martínez, Pio E. Serrano, León de la Hoz, Alfredo Pérez Alencart, Gaetano Longo, Louis Bourne, Carlos Contramaestre. Poetas que cito: Baudelaire, Perse, Mariano Brull, O. Paz, Eliot, H. Padilla, Martí, G. Rosales, y otros, más las tres citas iniciales: Rilke, Whitman y Borges.” Correo a la autora de 19 de febrero de 2017.
  3. Walter Benjamin. Tesis sobre la historia y otros fragmentos. Prólogo, traducción y edición de Bolívar Echevarría. México D.F.: ed. Ítaca, 2008, p. 160.
  4. José Lezama Lima. El reino de la imagen. Selección y prólogo de Julio Ortega. Caracas: ed. Ayacucho, p. 336.

Del Autor

Aimée G. Bolaños
(Cuba-Brasil). Escriba y lectora de ficción. Profesora del programa de posgraduación de la Universidade Federal do Rio Grande, Brasil. Fue docente en la Universidad Central de Las Villas, Cuba. Ha publicado numerosos artículos sobre  poesía y narrativa cubana trasnacional, el libro de ensayos Poesía insular de signo infinito. Una lectura de poetas cubanas de la diáspora  (2008) y la entrada sobre “Diáspora” para el Dicionário das mobilidades culturais: percursos americanos (2010, edición en francés,  2015). Entre sus libros de ficción: El Libro de Maat (2002), Las Otras. Antología mínima del Silencio (2004). Las palabras  viajeras (2010),  Escribas (2013), Visiones de mujer con alas  (2016) . En proceso de edición Oficio de lectora (ensayos). Ha sido traducida a diversas lenguas. Sus poemas aparecen en numerosas antologías, entre ellas, Catedral Sumergida (2014).

 

 

 

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Honrar, honra.

José Martí

Nada puede secar el árbol de la poesía.

Gastón Baquero.

 

Hace ya veinte años (el 15 de mayo de 1997, otro madrileño día de San Isidro) fallecía en la capital española el poeta, ensayista y periodista cubano Gastón Baquero (1914-1997), uno de los grandes de la cultura cubana e hispanoamericana, tras 38 años de largo exilio vitalicio.

En este vigésimo aniversario es casi un deber con  Gastón Baquero -el Maestro y el amigo-  recordar su sobresaliente figura. Para ello, Betania se suma a esta conmemoración no solo para evocar su valiosa trayectoria literaria (poética y ensayística) y  de su aún poco estudiada obra periodística, sino para rememorar al hombre de letras, al patriota, al exiliado…Muchos son los recuerdos, las enseñanzas, las anécdotas que se agolpan en este instante en que escribo estas líneas. Palabras llenas de agradecimiento por su generosa amistad, por su ejemplar forma de ser cubano y por su visión universalista de la cultura que lo ha hecho trascender de la muerte física, transitando -después de estos veinte años- por una especie de renacimiento de su imagen y obra.

La presencia imborrable de Gastón Baquero en Cuba, con su poesía y su periodismo, ya ha quedado plasmada en las letras cubanas del pasado siglo, incluso la obra baqueriana ha dejado su impronta en una España -que tras un frío y poco solidario recibimiento  a su llegada al exilio español- ha terminado valorando al Maestro como uno de los grandes poetas y escritores hispanoamericanos de todos los tiempos. Reconocimiento al que Baquero ha aportado su importante bibliografía española, sobre todo, con su primordial poemario Memorial de un testigo (1966), seguido de Magias e invenciones (1984), Poemas invisibles (1991), Poesía completa, 1935-1994 (1995) publicada en Salamanca bajo la coordinación de Alfonso Ortega Carmona y Alfredo Pérez Alencart, y las dos ediciones de su Poesía Completa (Verbum,1998 y 2016) hasta la reciente antología Palabra inocente (Visor, 2017) compilada por Carlos Javier Morales; entre otros títulos poéticos. Sin olvidarnos de su valiosa obra ensayística publicada en España: Escritores hispanoamericanos de hoy (1966), La evolución del marxismo en Hispanoamérica (1966), Darío, Cernuda y otros temas poéticos (1969), Gertrudis Gómez de Avellaneda (1974),  Páginas escogidas de Simón Bolívar (1983), Indios, blancos y negros en el caldero de América (1991), Acercamiento a Dulce María Loynaz (1993), La fuente inagotable (1995), libro sobre José Martí,  Ensayos (1995) tomo que reúne casi toda su obra ensayística y que también fue publicada en Salamanca, Primeros textos, 1936-1945 (2001),  Eternidad de Juan Ramón Jiménez (2003), Geografía literaria, 1945-1966 (2007),  Andaluces (2009) y Apuntes literarios de España y América (2011).

En estos veinte años son muchas las publicaciones que se han hecho de  -y sobre- la obra de Gastón Baquero, incluyendo su poesía, sus ensayos y la recopilación de su periodismo cultural, pero conviene no olvidar a quienes desde finales de los años 60 y, sobre todo, en los años 80 y 90, auparon su nombre literario y se encontraron entre sus amigos de siempre; además de nuevos nombres que se han sumado a la labor de difundir el legado baqueriano. Me refiero a  autores españoles, como: Francisco Brines, Rafael Montesinos,  Guillermo Díaz Plaja, José García Nieto, Luis Suñén,  Luis Antonio de Villena, Luis Alberto de Cuenca, Luis Frayle Delgado, Leopoldo Alas, Ángel Luis Vigaray, José Ramón Ripoll, Alberto Linares Brito, Carlos Javier Morales, Víctor García de la Concha, Carlos Bousoño, Fernando Rodríguez Lafuente, Alfonso Ortega Carmona, J. J. Armas Marcelo,  Rafael Alfaro, Santiago Castelo, Antonio Fernández Ferrer, Carmen Ruiz Barrionuevo, Carlos Barbáchano, Ángel Rodríguez Abad, Javier Lostalé, Blas Matamoros, entre otros. Los latinoamericanos Alberto Baeza Flores, Alfredo Pérez Alencart, Pedro Shimose, Juan Gustavo Cobo Borda, Carlos Contramaestre, Elizabeth Burgos, Salvador Garmendia  y Carlos Meneses. Los cubanos Eugenio Florit, José Olivio Jiménez, Pío. E. Serrano, Efraín Rodríguez Santana,  León de la Hoz,  José Prats Sariol, Isabel Castellanos,  Orlando Rossardi, Carlos Espinosa Domínguez, Armando Álvarez Bravo, Walfrido Dorta,  Amaury Francisco Gutiérrez Coto, Oscar Fernández de la Vega, Bladimir Zamora Céspedes, Alberto Díaz Díaz, Nelson Simón González, Virgilio López Lemus, Alfredo Zaldívar, Luis Yuseff,  Jesús J. Barquet, Rosario Hiriart,  César López, Rosario Rexach, Raúl Rivero, Alberto Lauro, Fabio Murrieta, Manuel Gómez-Reinoso, Remigio Ricardo Pavón, Camilo Venegas,  Jorge Luis Arcos, Luis Rafael Hernández, Antonio José Ponte, José A. Torres, Jorge Ribail Reyes,  Nidia Fajardo y quien escribe estas líneas, entre otros. Todos (hispanos, americanos y cubanos) han ayudado a aumentar la ya extensa bibliografía  baqueriana. Sin olvidar a sus traductores:  Elena Jaratsi (griego), Gaetano Longo (italiano), Greg Simon y Stephen F. White (inglés), Juana y Tobías Burghardt (alemán), Jacobo Machover (francés), a los estudiosos de su obra, como: Niall Binns y Clément Akassi Animan y los reconocidos pintores  Sylvain Málet, Luis Cabrera y Miguel Elías con sus bellos retratos del Maestro hasta la famosa y más reproducida foto de Jesse A. Fernández,  que es la imagen más conocida de Baquero. Así como el documental Retrato de Gastón Baquero (2014, 60 minutos) realizado por Manuel Rodríguez Ramos y Marié Pereira.

Para homenajear al poeta, en este vigésimo aniversario, reproducimos la portada del periódico madrileño La Prensa del Caribe (Nº 1, junio de 1997) con la citada foto de Fernández y un artículo de mi autoría que se publicó en ese número, días después de su fallecimiento:

 

 

Gastón Baquero: Maestro y amigo

Por Felipe Lázaro.

 

Si en abril, “el mes más cruel”, según Eliot, fallecía Dulce María Loynaz; mayo ha sido demoledor con la muerte de Gastón Baquero. El mismo mes que nos arrebató a José Martí, repite la tragedia cubana con el fallecimiento de otro Maestro.

Aún recuerdo nuestro primer encuentro en el Madrid estudiantil de finales de los sesenta. Estábamos reunidos un grupo de universitarios cubanos, en la siempre memorable cafetería del Instituto de Cultura Hispánica, cuando nos presentaron. De entrada, nos impresionaron su gran estatura y su elegancia al vestir: parecía un patricio cubano del siglo XIX. Pero tan pronto comenzó a hablar, nos dejó a todos aún más sorprendidos por su gran sabiduría y erudición: era como una enciclopedia abierta, repasando toda la historia política y literaria de Cuba en breves minutos; dándonos una especie de improvisada lección magistral.

Al final de la conversación nos insistió, una y otra vez, que estudiásemos; recordándonos el ejemplo del universitario Martí en España. Después, antes de despedirse, pagó nuestra repetidas consumiciones y, desde entonces, comprendí su gran generosidad y su constante disposición a dialogar con los más jóvenes. Así, Gastón se convirtió para mí en una de las fuentes recurrentes de mis años universitarios: ¿Cuántos libros prestados? ¿Cuántos libros me recomendó que leyera? La lista seria innumerable, aunque debo confesar que como buen maestro me indicó una lectura imprescindible para el joven poeta que entonces se iniciaba: “Rilke, Felipe, lee a Rilke”.

Aquellos jóvenes cubanos de entonces, asistíamos a sus múltiples conferencias o disertaciones en aquel Madrid franquista (en el Colegio Mayor Guadalupe o en Cultura Hispánica), no como seguidores de una cubanidad trasnochada, sino sabiendo que estábamos ante un maestro. Como años más tarde, con la recién estrenada democracia en España, lo escuchamos en la Residencia de Estudiantes o en la Casa de América en Madrid, no como un escritor cubano más, sino ya sabiendo que era uno de los cubanos más ilustres de nuestro siglo.

Peregrinar a su madrileña casa de Antonio Acuña fue, siempre, como regresar a la Isla en una especie de viaje imaginario o saciar de toda una puñetera vez nuestra sed de nostalgia. En uno de esos momentos, me presentó a varios poetas cubanos que residían en la Isla y gracias a él pudimos conocernos. Como sucedió con Blamidir Zamora, con quien publiqué en 1995, la antología Poesía Cubana: La Isla Entera (1), que comienza con sus palabras:  “A los poetas que llegan y seguirán llegando. A los muchachos y muchachas nacidos con pasión por la poesía en cualquier sitio de la plural geografía de Cuba, la de adentro de la Isla y la de fuera de ella”. Curiosamente, Bladimir, junto a otro poeta cubano, Camilo Venegas, fueron invitados -en 1991- a leer sus poemas en la Casona del Vigía en la ciudad cubana de Matanzas, pero, en vez de leer sus poemas, ambos leyeron los de Baquero, siendo los primeros en la Isla en rescatarlo de un silencio impuesto desde 1959. (2)

Tampoco puedo olvidar las cenas cubanas en su casa: congrí, yuca y plátanos fritos, o cuando asistíamos al restaurante asturiano cercano a la misma, con innumerables amigos. Aunque, quizás, la más memorable fue una especie de cena cubano-venezolana con Carlos Contramaestre y Salvador Garmendia, donde el americanista Gastón brilló en toda la extensión de la palabra, como otros recordables almuerzos con el profesor José Olivio Jiménez o con  Reinaldo Arenas. También recuerdo otras comidas, como las dos que organizó el Ministerio de Asuntos Exteriores español, una, más improvisada, en el restaurante asturiano que quedaba cerca del domicilio de Gastón y otra más oficial en el restaurante de la madrileña Casa de América, cuando se celebraron las Jornadas de Poesía Cubana “La Isla Entera” (1994) que reunió a poetas de dentro y fuera de la Isla. (La presencia de César López, José Prats Sariol, Efraín Rodríguez Santana y Jorge Luis Arcos, entre otros, que viajaban desde La Habana, junto a Heberto Padilla y José Kozer, entre otros exiliados, convirtió aquellos banquetes en algo verdaderamente inolvidable). Como la concurrencia y presencia  diaria de Gastón: mañana y tarde en dichas Jornadas, que se repitió en el evento de cuentistas cubanos al año siguiente, a pesar de su ya maltrecha salud. (3)

Pero lo más importante de su última trayectoria madrileña fue su constante asistencia a las presentaciones de libros de jóvenes autores cubanos, de dentro o fuera de la Isla, con lo cual demostraba su gran interés por conocer a la nueva generación de escritores cubanos.

El autor de Poemas invisibles (1991) vivía para la poesía y para Cuba, siendo éstas, dos constantes de su vida y de su extensa obra, tanto en la poesía como en la prosa; que lo ha convertido en el gran maestro de la literatura escrita en español de este siglo. Y siempre se le recordará, además, por su inmensa labor periodística, desarrollada desde su más temprana edad y que aún está por estudiar.

Actualmente, la mayoría de sus poemas –felizmente- ya se leen en La Habana o en Caracas, en Matanzas o en Salamanca y no digamos en este Madrid donde le sorprendió la muerte:

 

Parece que estoy solo,

diríase que soy una isla, un sordomudo, un estéril.

Parece que estoy solo, viudo de amor, errante,

pero llevo de la mano a un niño misterioso.

 

Así comienzan los primeros versos de su poema “Silente compañero”. Como ya es un clásico de la poesía cubana “Palabras escritas en la arena por un inocente”, con su verso inicial:

 

Yo no sé escribir y soy inocente.

 

O este fragmento de su poema “Fábula”;

 

Mi nombre es Filemón y mi apellido Ustariz.

Tengo una vaca, un perro, un fusil y un sombrero;

vagabundos, errantes, sin más tierra que el cielo,

vivimos cobijados por el techo más alto;

ni lluvias ni tormentas, ni océanos ni ríos,

impiden que vaguemos de pradera en pradera.

 

¿Quién no ha leído en voz altas el comienzo de su “Memorial de un testigo”?

 

Cuando Juan Sebastián comenzó a escribir la Cantata de café,

yo estaba allí:

llevaba sobre sus hombros, con la punta de los dedos,

el compás de la zarabanda.

 

¿Quién no peregrinó a la calle de Antonio Acuña, cual Velintonia o Trocadero, en busca de sueños compartidos? Y

 

¡todos felices de pronto, todos gozosos

devorando el asombro de la luz!

 

Definitivamente, después de 38 largos años de exilio, Gastón Baquero no regresará físicamente a Cuba; aunque su poesía, como su poética evocación de La Habana, siempre se escuchará en la Isla.

 

Yo te amo, ciudad

aunque sólo escucho de ti el lejano rumor,

aunque soy en tu olvido una isla invisible,

porque resuenas y tiemblas y me olvidas,

yo te amo, ciudad.

 

 

Madrid, mayo de 1997.

Fuente: La Prensa del Caribe (Madrid: Nº 1, junio 1997; pág. 14). Este artículo también fue publicado en el libro Gastón Baquero: La invención de los cotidiano (Betania, 2001) de Felipe Lázaro; págs. 27-33.

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Con esta entrada rendimos un merecido homenaje al autor de Memorial de un testigo, recordando -como si fuese ayer- sus días habaneros y madrileños, rememorando sus libros y leyendo sus poemas; además de no cansarnos de resaltar su ya reconocida obra literaria. Y aunque falleció hace ya veinte años, a los 83 años de edad, después de un duro destierro de casi cuatro décadas, sin poder volver a ver su amada tierra cubana (otro de los crímenes más espantosos e injustificables del régimen del 59), ya hoy sabemos que Gastón Baquero ha vencido a la muerte y que sus versos recorren todos los rincones del imaginario cubano, incluyendo el exilio; pues isla y destierro conforman la patria entera, la  Cuba plural que tanto nos enseñó a amar. Hoy ya nos consta que su poesía siempre ha estado -y está, más que nunca-  presente en tierras cubanas. Sabemos que sus poemas se leen desde Banes hasta su querida Habana, pues los poetas nunca mueren,  renacen, como la rosa baqueriana en uno de sus más bellos poemas fundacionales “Qué pasa, qué está pasando…”:

 

Qué pasa, qué está pasando siempre debajo del jardín

que las rosas acuden sin descanso.

Qué está pasando siempre debajo de ese oscuro espejo

donde nada se oculta y disuelve.

Qué pasa, que está pasando siempre debajo de la sombra

que las rosas perecen y renacen.

Que nunca se desmiente su figura,

que son eternas sombras, idénticos recuerdos.

Qué está pasando siempre bajo la tierra oscura

donde la luz levanta rubias alas

y se despliega límpida y sonora.

Qué está pasando siempre bajo el cuerpo secreto de la rosa

que no puede negarse al cielo temporal de los jardines,

que no puede evitar el ser la rosa, precisa voluntad, sueño visible.

Qué pasa, qué está pasando siempre sobre mi corazón

que me siento doliéndole a la sombra,

estorbándole al aire su perfil y su espacio.

Y nunca accedo a destruir mi nombre,

y no aprendo a olvidarme, y a morir lentamente sin deseos,

como la rosa límpida y sonora que nace de lo oscuro.

Que se inclina hacia el seno impasible de la tierra

confiando en que la luz la está esperando, creándose la luz,

eternamente fija y libertada bajo el cuerpo secreto de la rosa.

 

Felipe Lázaro

Escalona, mayo de 2017.


Notas de actualización (mayo, 2017):

 (1)  La antología  Poesía Cubana: La Isla Entera (Betania, 1995; 392 pp.), compilada por  Felipe Lázaro y Bladimir Zamora, reúne a 57 poetas cubanos que -entonces- residían dentro o fuera de Cuba: Miguel Barnet, José Mario, José Kozer, Isel Rivero, Pío E. Serrano, Rafael Catalá, Belkis Cuza-Malé, Guillermo Rodríguez Rivera, Reinaldo García Ramos, Nancy Morejón, Magali Alabau, Lina de Feria, Julio E. Miranda Delfín Prats, Raúl Rivero, Lilliam Moro, Maya Islas, Felipe Lázaro, Luis Lorente, Gustavo Pérez Firmat, Rolando Estévez Jordán, Alina Galliano, Lourdes Gil, David Lago González, Rafael Bordao, Orlando González Esteva, Mercedes Limón, Reina María Rodríguez, René Vázquez Díaz, Badimir Zamora Céspedes, Jesús J. Barquet, Carlota Caulfield, Iraida Iturralde, Elías Miguel Muñoz, Víctor Rodríguez Núñez, Roberto Valero, Daína Chaviano, Ángel Escobar, León de la Hoz, Ramón Fernández Larrea, Alberto Lauro, Teresa Melo, Sigfredo Ariel, Reinaldo García Blanco, Emilio García Montiel, Arístides Vega Chapú, Sonia Díaz Corrales, Omar Pérez López, Antonio José Ponte, Nelson Simón González, Laura Ruiz Montes, Damaris Calderón, Camilo Venegas y Norge Espinosa. (Muchos de los poetas que residían en la Isla en 1995, con los años -y sucesivamente- optaron por el exilio y hoy residen fuera de Cuba).

(2) Estas lecturas de poemas de Gastón -que realizaron Bladimir Zamora y Camilo Venegas en la ciudad de Matanzas- se dieron en un acto organizado por el poeta y editor cubano Alfredo Zaldívar en 1991. Con posterioridad, el profesor, escritor y crítico de poesía cubana José Prats Sariol leyó en la Universidad de La Habana su ponencia “Baquero, el instinto indomable” el día 26 de enero de 1994, siendo la primera oportunidad en que la obra poética de Gastón Baquero fuera mencionada in extenso en Cuba desde 1959. (Véase: Conversaciones de Gastón Baquero (Betania, 1994) donde aparece este artículo como Epílogo, págs. 53-75. Dos años más tarde, se publica una selección de la poesía baqueriana en Testamento del pez. Antología (Matanzas: Ediciones Vigía, 1996), edición del poeta y editor cubano Alfredo Zaldívar y no es hasta varios años después que se publica en Cuba toda la obra poética de Baquero: La patria sonora de los frutos. Antología poética de Gastón Baquero (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2001). Edición a cargo de Efraín Rodríguez Santana. También ese mismo año, Walfrido Dorta gana el Premio UNEAC con su libro Gastón Baquero, el testigo y su lámpara: para un relato de la poesía como conocimiento en Gastón Baquero (La Habana: Ediciones Unión, 2001) y en el  2013 se publicó la antología Poderosos pianos amarillos. Poemas cubanos a Gastón Baquero (Holguín: Ediciones La Luz) compilada por Luis Yuseff  y Prólogo de Virgilio López Lemus.

(3) Las Jornadas de Poesía Cubana: La Isla Entera se celebraron del 21 al 25 de noviembre de 1994 en Madrid y fueron organizadas por la Secretaría de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica del Ministerio de Asuntos Exteriores español. Se celebraron, por la mañana, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid y, por la tarde, en el anfiteatro de la Casa de América. Participaron 24 poetas e intelectuales cubanos. Desde Cuba: Rafael Alcides, Guillermo Rodríguez Rivera, José Prats Sariol, Cleva Solís, Jorge Luis Arcos, Efraín Rodríguez Santana, César López, Delfín Prats, Reina María Rodríguez, Enrique Saínz, Pablo Armando Fernández y Bladimir Zamora. Desde el exilio: Manuel Díaz Martínez, Albero Lauro, Mario Parajón, Gastón Baquero, Orlando Rossardi, Heberto Padilla, Pío E. Serrano, José Kozer, José Triana, Nivaria Tejera, León de la Hoz y Felipe Lázaro. (Algunos de los que viajaron en esas fechas, desde la Isla, hoy residen en el exilio).

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TURRIALBA LITERARIA  y  LATIN POETS OF NEW YORK
PRESENTAN

LECTURA DE POESÍA
con
MAGALI ALABAU y MANUEL ADRIÁN LÓPEZ

SÁBADO 13 DE MAYO A LAS 2:00 PM

THE CHANIN LANGUAGE CENTER AT HUNTER COLLEGE
West Building Room 209
en
HUNTER COLLEGE
695 Park Ave
NY, NY 10065

Introducción a cargo de Dinapiera Di Donato (Premio Paz 2013)
Coordinadora: Marisa Daniela Russo (Hunter College Dept. of Romance Languages)

 

Manuel Adrián López nació en Morón, Cuba. Sus libros publicados son: Yo, el arquero aquel (Poesía, Editorial Velámenes, 2011), Room at the Top (Short Stories, Eriginal Books, 2013), Los poetas nunca pecan demasiado (Poesía, Editorial Betania, 2013. El barro se subleva (Cuentos cortos, Ediciones Baquiana, 2014) y Temporada para suicidios (Cuentos cortos, Eriginal Books, 2015), Muestrario de un vidente (Poesía. Proyecto Editorial La Chifurnia, 2016), Fragmentos de un deceso/El revés en el espejo, en conjunto con David Sánchez Santillán para la colección Dos Alas (El Ángel Editor, 2017), El arte de perder/The Art of Losing (Poesía Bilingüe, Eriginal Books, 2017) y El hombre incompleto (Poesía, Dos Orillas)

 

  Magali Alabau, nació en Cienfuegos, Cuba.  Sus libros de poemas: Electra, Clitemnestra (Editorial El Maitén, Chile. 1986)  La extremaunción diaria (Ediciones Rondas, Barcelona, 1986), Ras (Ediciones Medusa, New York, 1987), Hermana (Editorial Betania, Madrid, 1989), Hemos llegado a Ilión (Editorial Betania, Madrid, 1992), y Liebe (Editorial La Torre de Papel, Coral Gables, 1993). Después de dos décadas de silencio u a partir de 2011 el Editorial Betania, ha publicado Dos Mujeres, Volver y Amor Fatal en 2016.
Ir y Venir, (2017) Poesía reunida 1986-2016 acaba de ser publicada por Leiden Bokeh sello editorial de Almenara Press.

 

 

 


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Silvia Burunat

Entrevista de la profesora española Isabel Estrada a la escritora y profesora cubana Silvia Burunat sobre su reciente libro Danny y Danielle y otras historietas (Betania, 2017). Ambas enseñan en CUNY, Nueva York.

 

Estrada: Silvia, acabo de leer tu último libro, Danny y Danielle y otras historietas. Debo decirte que me ha impresionado en varios niveles, pero mi primer comentario tiene que ver con el género literario. Te he conocido siempre como escritora de memorias, biografías, me refiero al terreno de la ficción, ya que también sé que escribes libros de texto en el terreno de la lingüística aplicada. Pero veo que tu nueva obra pertenece a la cuentística.

Burunat: Primero, Isabel, muchas gracias por haberte ofrecido a hacerme esta entrevista. Efectivamente, por primera vez me he aventurado en un nuevo género, el del cuento. Te confieso que este libro se ha preparado casi sin pensar mucho en ello. Proviene de una doble inspiración. La primera ya la has encontrado en el colofón, me refiero a “La Diabla”, uno de los mejores cuentos que he leído en mi vida, de la pluma de mi amigo y colega Ángel Estévez. He estado enseñándolo durante los últimos cinco años en varias de mis clases. A los estudiantes les fascina y a mí me ha cautivado, de tal modo, que ha sido como un resorte que me ha impulsado a la escritura de cuentos. La segunda se refiere a la primera narración del libro que también la he usado como título, “Danny y Danielle”. Se trata de otro amigo, alguien que conocí en mi edificio y con el que he sostenido varias conversaciones. Este hombre tiene dos hijos de edades muy distintas: uno de dieciséis o diecisiete años, no estoy segura, y una nena de cuatro. De esta última me ha contado muchas anécdotas: conversaciones con ella, viajes a la playa, cruceros, reuniones familiares. Me encanta ver con la ternura que se expresa sobre ella y me ha hecho recordar mi propia niñez, ya que mi padre y yo tuvimos una relación muy parecida. Es por eso que le he dedicado el libro a mi papá, porque mis pláticas con Danny me hicieron revivir mi infancia y mis paseos con Gastón, sobre todo a las lomas del vecindario. Pero mira, esto ya lo verán mis lectores cuando lean mis cuentos.

Estrada: Pues Silvia, te iba a preguntar por los protagonistas. Pero antes tengo curiosidad por saber si hay algún hilo narrativo que una estas historietas, como les llamas en el título.

Burunat: Mira, te contesto ambas preguntas. Empezando por la conexión entre los treinta cuentos. Sí existe y en varios niveles. Absolutamente todos provienen de la vida real, es decir, de mi realidad. En estas páginas se encuentran varios de mis familiares, hay amigos, conocidos, vecinos, estudiantes que han pasado por mis aulas, mi familia cercana como mis padres, abuelos y tíos. Ya sabes que soy hija única, así que hermanos no hay. Te vas a encontrar con algunas personas que vas a reconocer por tratarse de figuras públicas. También hay partes sobre mí, cuando era niña como protagonista o personaje secundario y ya adulta, pero no como figura central. Porque tengo que explicarte algo: todos los que protagonizan las narraciones, los que están en el centro o sobre los que escribo, todos son menores de veinte años. La mayoría son niños, digamos, entre tres y diez u once y el resto, adolescentes, siendo la mayor una chica de diecinueve. La razón estriba en que estoy convencida que en esas etapas de la existencia, hay una cualidad natural y espontánea que se presta mucho para narrar y hacer hablar y desenvolverse a los personajes. Bien, creo que he contestado dos preguntas en una, ¿verdad? Te he explicado sobre la conexión que existe entre todos los cuentos y quiénes los protagonizan.

Estrada: Me dices que se trata de una obra de ficción; pero, al mismo tiempo, me explicas que todo lo que leemos aquí ocurrió en un momento dado. ¿Podrías elaborar más sobre esto?

Burunat: Por supuesto. Ya sabemos que, una vez que escribes lo que sea, jamás va a ser como una fotografía que capta cada detalle como aparece realmente. El escritor siempre va a poner de su parte, sea su enfoque, su estilo, su modo de ver e interpretar la vida. Primero, he cambiado los nombres de mis personajes, diría que en el 85% de los casos. Hay muy pocos que hayan conservado su verdadero nombre. Por lo tanto, la perspectiva de la narración también cambia. A veces aparezco yo misma narrando, en ocasiones un personaje secundario lo hace, o el propio protagonista. Claro, cuando parece que narro yo, no es necesariamente así. Se trata de alguien neutral y anónimo, pero ya sabes que tenemos la costumbre de establecer un paralelo escritor//narrador, sea o no cierto. Espero que esto satisfaga tu curiosidad sobre las voces narrativas.

Estrada: Creo que sí. Tengo otra pregunta que se refiere a la época. Porque me parece que no todo aquí ocurre en el presente.

Burunat: Tienes razón. Yo te diría que nos podemos remontar a fines del siglo XIX hasta hace un par de años. Por ejemplo, el último cuento es, probablemente, el más reciente cronológicamente hablando. Cuando aparecen miembros de mi familia, a veces con sus nombres verdaderos y otras no, hay que hablar del decenio de 1890 y hasta antes. Cuando se trata de mi infancia, ya estamos en la segunda parte del siglo XX y de ahí en adelante. Por cierto, me acabo de dar cuenta que no te he mencionado al que es la persona más importante para mí: Julio, mi inolvidable compañero. La palabra esposo me parece demasiado formal y poco afectiva, prefiero la que he empleado. Julio está en varias narraciones, de niño, de joven, de adulto y hasta después de su viaje celestial, como sabes que me gusta referirme a su muerte. Para mí es imposible no incluirlo ya que estoy convencida de que, absolutamente todo lo que escribo, en el fondo proviene de él, de mis recuerdos y mis vivencias.

Estrada: Ay, Silvia, siempre me conmueve oírte hablar de tu Julio. Permíteme preguntarte sobre los lugares y el ambiente. ¿Dónde ocurren estas historietas?

Burunat: Hay un ambiente que yo llamaría internacional. Desde Cuba, pasando por España, México, Nueva York, en casa, en las aulas, otras islas del Caribe. Creo que debo hacer hincapié en la temática de las relaciones. Como provengo de una familia muy corta pues soy la única hija, sobrina y nieta por parte de madre, a pesar de que mi mamá tenía dos hermanas y un hermano, y fui también la única por parte de padre hasta la edad de ocho años, pues precisamente por eso, las amistades, los amigos, ocupan un lugar prominente en mi cuentística, así como algunos de mis estudiantes. La amistad, a mi entender, ha sido un sentimiento primordial en mi vida y lo sigue siendo. Y las relaciones entre hijos o hijas y padres o madres son esenciales para nuestra formación psicológica.  Alguien me preguntó si muestro sentimientos maternales en lo que escribo, ya que como sabes, no tengo hijos ni los hubo nunca. Mi respuesta es que no lo creo, a no ser que ni yo misma me dé cuenta y otros lo perciban. Tal vez con Julio en algunos momentos haya podido actuar de forma maternal, en especial teniendo en cuenta que él perdió a su madre a los dieciocho años, ambos estaban muy unidos y siempre tuve la impresión de que había sido un fuerte golpe para Julio. No sé si quizás, inconscientemente, yo me haya comportado de forma maternal con él. Pero la verdad es que no me interesa mucho este tema ni lo creo relevante para mí.

Estrada: Pues para terminar quiero que me expliques sobre las citas que encabezan algunos cuentos y a qué público van dirigidos.

Burunat: No todos los cuentos tienen esas citas a que te refieres. No sé por qué en algunos casos, por ejemplo, “El secreto de Aurora”, me vino a la mente un pasaje de José Martí. En “La aventura de Narciso” aparece una explicación del mito del mismo nombre y en “La carretilla mágica” hay otra sobre la mitología azteca. Hay varios más. Fueron inspiraciones espontáneas, digamos que a partir de esa cita, construí la narración o tal vez fuera lo opuesto: primero el cuento y después surgió la idea de la cita. Ah, el público. Varias personas me han preguntado si se trata de un libro de cuentos infantiles. La respuesta es un NO rotundo. Son para adultos; ningún niño podría entender la mayor parte de ellos, eso te lo aseguro. También deseo agregar que, refiriéndome por ejemplo a la mitología, hay algo de fantasioso y mágico en varias historietas. Hechos irreales o mágico-realistas, como quieras llamarlos. Mira, no se me ocurre nada más. Dejemos que los lectores saquen sus propias conclusiones del resto.

Estrada: Muchísimas gracias, Silvia. En otra ocasión te preguntaré si este es el primero y el último de tus libros de cuentos o si piensas seguir en este terreno o volver al de las memorias. Pero dejémoslo para una entrevista futura. Muy buena suerte con tu obra presente y muchas felicidades.


Isabel Estrada es profesora de Literatura y cine españoles con especialización en la Guerra Civil, la Postguerra y la Transición a la democracia. Obtuvo una Licenciatura en Filología por la Universidad de Sevilla y un Ph.D. en Literatura española en Columbia University, Nueva York. En la actualidad enseña en el Deparment of Classical and Modern Languagues and Literatures (CUNY). Es autora del libro El documental cinematográfico y televisivo contemporáneo: memoria, sujeto y formación de la identidad democrática española (2013).

Silvia Burunat. Escritora y profesora cubana, residente en Nueva York. Obtuvo un Ph.D. en Lengua y Literatura Española en The City University of New York (CUNY), Graduate Center, donde ejerce la docencia desde hace años. Es autora principal de varios libros de textos sobre la enseñanza del Español, así como de varios libros de memorias, biográficos y de viajes. Últimos títulos publicados:  From Heaven to Earth and Back. Manual para enamorados (2015) y Danny y Danielle y otras historietas (2017).

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