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Archive for the ‘Betania’ Category

Maya Islas en Houston

La poeta cubana Maya Islas (Cabaiguán, 1947) ha participado, recientemente, en una serie de actividades académico-literarias en la ciudad norteamericana de Houston, en cuyo área reside (en Friendswood) desde hace algunos años.

El pasado 6 de abril participó en una lectura de su obra poética en  Sam Houston State University,  presentada por el profesor y escritor cubano Dr. Rafael E. Saumell.

Al día siguiente, el 7 de abril, compartió sus poemas en un Taller de Poesía en la Universidad de Houston, presentada por la  Dra. María Eugenia Pérez.

Finalmente,  el 14 de abril intervino de nuevo en la Universidad de Houston, en la clase de Edición de la profesora y escritora cubana Dra. Mabel Cuesta, sobre PALABRAS Y PAPEL, cuaderno literario publicado en Nueva York en los años ´80, junto a los escritores cubanos Mireya Robles y José Corrales.

Su presencia en estos tres recientes eventos culturales ha  resaltado la vigente trayectoria lírica de Maya Islas, convertida ya en una de las voces más genuinas de la poesía cubana actual.

 

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El próximo jueves 16 de abril se celebrará en THE CITY COLLEGE OF NEW YORK un panel con los profesores Silvia Burunat y Jaime Manrique, con el título de “Escritores en diálogo: entre autobiografía y autoficción”.

En dicho acto, la profesora y escritora cubana presentará su  nuevo libro From Heaven to Earth and Back. Manual para enamorados (Betania, 2015).From-Heaven-To-Earth-And-Back_xP3

El evento tendrá lugar en THE CITY COLLEGE OF NEW YORK, a las 12.30 -2:00 p.m.

Dirección: The Department of  Foreign Languages and Literatures. NAC 5 / 223 A.

Teléfono: 212-650-6731.

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El 24 de marzo pasado, falleció el poeta y periodista Orlando Fondevila Suárez (La Habana, 1942 – Miami, 2015). Otro cubano que muere desterrado.

Desde muy joven, Fondevila comenzó con su militante compromiso político como simpatizante de las Juventudes Socialistas del Partido Socialista Popular (PSP) y, como tal, se integró a la Dirección Nacional de la Asociación  de Jóvenes Rebeldes (AJR), fundada tras el triunfo revolucionario del 1º de enero.  En esos primeros años de los convulsos años ´60, estudió y se licenció en Psicología  en  la Universidad de La Habana. Con posterioridad, y durante muchos años, ejerció la docencia en su país como profesor de Literatura Española y Latinoamericana.

En 1990  comenzó su etapa de opositor al régimen del 59 al  incorporarse al movimiento de defensa de los Derechos Humanos en la Isla y, más tarde,  colaborando con la prensa independiente, hasta que fue expulsado de su trabajo y detenido en numerosas ocasiones.

Después de casi una década de ejercer la disidencia en Cuba, llegó como refugiado político a España (1997) donde trabajó en la Fundación Hispano Cubana y fue Redactor -y colaborador habitual- de la Revista Hispano Cubana, editada en Madrid, hasta 2013.

Desde hace unos años se radicó en Miami, donde cofundó –junto a Lincoln Díaz Balart y otros cubanos- el Instituto La Rosa Blanca. Asiduo a tertulias poéticas, escribía en revistas de dicha ciudad, como la digital Neo Club Press, entre otras.

Como muchos otros intelectuales cubanos, jamás pudo publicar ningún libro suyo en Cuba y solo en el destierro pudo lograr que le publicarán su obra. En los primeros años de su exilio, editorial Betania le imprimió sus tres primeros poemarios: Poesía desde el Paraíso (1997), De Cosas Sagradas (1999) y Resacas de nadas y silencios (2003) y, más tarde, en otra editorial cubana exiliada se publicó una antología poética El mundo aproximado (Aduana Vieja, 2011) con Nota introductoria del poeta cubano Raúl Rivero,  que reúne toda su obra lírica más poemas inéditos.

Su buen quehacer poético y periodístico se ha asemejado siempre a su forma de ser: fue un buen hombre, amigo de sus amigos, amante de todo lo cubano: un patriota rebelde.  En resumen, Orlando Fondevila  fue un ferviente martiano, de frente amplia y limpia, que aprendió en la disidencia interna y, más tarde, en la oposición desterrada que hay que intentar sumar más que restar para lograr una Cuba plural y democrática, “con todos y para el bien de todos”.

¡DESCANSE EN PAZ!

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Cuba poema mitológico_ebook_Página_01Nos complace ofrecerles la edición digital (ebook) del  poemalibro Cuba (Poema mitológico) del poeta y profesor cubano Guillermo Rodríguez Rivera (Santiago de Cuba, 1943) que actualmente enseña Literatura en la Universidad de La Habana.

El tomo se completa con las aportaciones de dos reconocidos poetas y profesores cubanos, Jorge Luis Arcos (Universidad de Río Negro en San Carlos de Bariloche) y Milena Rodríguez Gutiérrez (Universidad de Granada), que respectivamente firman el Prólogo y el Epílogo.

En el preámbulo, Jorge Luis Arcos nos adelanta que “el propio poeta hace explícitas algunas intertextualidades y referencias: Luaces, Martí, Whitman, Dostoievski, Valèry, León Felipe, Guillén, Lezama, Piñera y Baquero” (…) donde “acoge la extensión sintagmática propia del mito, acaso para introducir un necesario componente narrativo dentro del discurso lírico”. Para Arcos, todo “el poema, además, está recorrido por una indiscernible mezcla de sensualidad, sensoriedad y sexualidad: logos spermatikos, un conocimiento creador, una naturaleza, como diría Lezama, tan creada como creadora: una naturaleza inteligente, un espacio gnóstico”. Y termina el prologuista: “Una propuesta cosmovisiva de esta naturaleza no se realizaba desde hacía mucho tiempo en la poesía cubana”.

En las páginas finales, Milena Rodríguez Gutiérrez nos dice: “Canto y cuento aparecen en Cuba (Poema mitológico), poema extenso escrito entre 1977 y 2000,  uno de los últimos poemas de la Literatura cubana del siglo XX (…) Un poema en torno al cansancio del mito de ayer y aún del mito de hoy; desgarro aún de aquello que hasta hace poco era lo moderno: ya nada se parece a lo que era; y sólo queda la intemperie: huir caminando, apenas con `una máquina de coser y un paraguas´”. Y termina: “A mediados del siglo XIX, en 1854 ( y antes de 1868), Cuba se miraba al espejo y se encontraba `linda como una rosa´, idéntica a sí misma. Al intentar mirarse al final del siglo XX, la imagen que devuelve el espejo ha cambiado: Cuba se descubre convertida en otra, ya no está donde estaba, ya no es la que era; y no sabe siquiera dónde está, ni quién es. Acaso su verdadero nombre sea ahora: `NO HAY TAL LUGAR´”.

Para completar esta entrega se reproduce, en la portada, la obra Cartomántica del pintor cubano Pedro García Espinosa.

Guillermo Rodríguez Rivera. Poeta, narrador  y ensayista cubano. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica por la Universidad de La Habana, donde se doctoró en Ciencias Filológicas. Fue fundador y primer Jefe de Redacción de la revista El Caimán Barbudo. Actualmente es Profesor titular y Consultante en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Es miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y del Consejo de dirección de la Fundación Nicolás Guillén.

Autor  de varios libros de ensayos y de dos novelas negras, ha publicado  los libros de poesía: Cambio de impresiones (1966), En carne propia (1983), Para salir del siglo XX (1991), Canta. Antología poética (2003) y El,libro rojo (2012).  Su irrupción en la poesía cubana data de los primeros años de la década de los ´60 con su inclusión en la censurada antología Segunda novísima de poesía cubana (La Habana: Ediciones El Puente, 1964) de José Mario , que puede consultarse íntegramente en el libro Ediciones El Puente en La Habana de los años 60 (México, Ediciones del Azar, 2011) de Jesús J. Barquet.  Su poesía ha sido seleccionada en diversas antologías, como: Poesía Cubana: La Isla Entera (Betania, 1995) de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora Céspedes.

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Cuba (Poema mitológico), de Guillermo Rodríguez Rivera.

Prólogo de Jorge Luis  Arcos.

Epílogo de Milena Rodríguez Gutiérrez.

56 pp. , 2015. Colección Betania de Poesía.

ISBN: 978-84-8017-355-1.

EBOOK, difusión gratuita.


El PDF de este título se puede leer y descargar gratuitamente en la ventana EBOOK de nuestro blog EBETANIA: https://ebetania.wordpress.com

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Volver_p4Hemos llegado a Ilíon_EBOOK_Página_68fotoArtículo del poeta y escritor cubano Francis Sánchez  (Ceballos, 1970) recientemente publicado en la revista ÁRBOL INVERTIDO (Ciego de Ávila, Cuba) Nº 62, septiembre-diciembre del 2014; págs 16-19: www.arbolinvertido.blogspot.com

Ella puede representar, por sí sola, el drama de una generación que tuvo el pecado original de la “inocencia” en flor, pues fue cortada, marginada por la Revolución cubana desde muy temprano, o lo que es lo mismo, arrojada de Cuba, cuando ya se había producido la sustitución forzosa de la patria por un dogma político. Acusada de “desviación sexual”, le troncharon sus estudios de arte en Cubanacán, en el tercer año de la carrera. Con otros expulsados fundó Teatro Joven, y estrenó Los Mangos de Caín, de Abelardo Estorino. Pero la puesta en escena quedó prohibida al tercer día. Definitivamente, se le desterraba de un planeado paraíso comunista.

Vivió durante 28 largos años en Manhattan. Allí, trabajando duro para no quedarse sin sueños, creó con Manuel Martín el Teatro Dúo, donde dirigió, actuó y produjo obras como La noche de los asesinos, de José Triana, y Dos viejos pánicos, de Virgilio Piñera, en la época en que el hoy venerado autor sufría censura en Cuba.

Pero aún le esperaba otro giro en pos de tomar la Palabra esencial, corporizar su voz, proyectándose más allá de escenarios teatrales. Tras retirarse de las tablas, comenzó a escribir poesía. Obtuvo el Premio de Poesía de la revista Lyra (New York, 1988), la Beca Oscar B. Cintas de creación literaria (1990-1991) y el Premio de Poesía Latina del Instituto de Escritores Latinoamericanos de Nueva York, en 1992. En Chile se publicó su primer poemario: Electra, Clitemnestra (1986), título inicial de una importante lista de libros que actualmente se estudian en universidades y no dejan de reseñarse entre signos admirativos. Luego, se han sumado: La extremaunción diaria (1986), Ras (1987), Hermana (1989), Hemos llegado a Ilión (1992), Liebe (1993) y Dos mujeres (2011).

Resonancias, y ganancias, de su experiencia teatral, aparecen en la naturaleza conflictiva de su escritura. La expresión de su Yo más íntimo, explora con fruición altibajos de otras personalidades potenciales. Su intimidad, tal como se muestra en versos donde prima el tono conversacional y una disposición de puntos de vista casi gestual, representa un sin fin de cuerpos, vidas y espacios latentes que realizan el sentido de pertenencia de la autora a lo inmaterial: a mundos abolidos, tronchados o pospuestos por efecto de circunstancias externas, negativas; pero también a los mundos arquetípicos que se fundan en la nostalgia, soñados, y sencillamente intransferibles por voluntad de una autodefinición imaginaria.

En 2012 publica Volver, por la editorial Betania. Este es el poemalibro donde se materializa o dramatiza la gran posibilidad impuesta a todo aquel que parte, todo aquel que inicia el viaje del exilio. De acuerdo con la amplitud y sutileza de la sensibilidad poética de Alabau, y por la calidad de su texto, lejos de lo panfletario o episódico, estamos quizás ante un título capital de la poesía cubana contemporánea. A propósito, ha afirmado José Abreu Felippe, en El Nuevo Herald: “Alabau ha escrito sin proponérselo, quizás sin saberlo, el gran poema del exilio cubano”. Desde los días en que yo tenía permitido leer subrepticiamente lo que entonces era un texto inédito, me sentí en presencia de una poética y una obra, en efecto, rotundas.

La poesía de Magali Alabau trasuda sombras agónicas de cubanía, pero tiene un encanto evocativo y una fuerza catártica tal vez como ninguna otra escrita por cubanos, dentro o fuera de la isla. Representa, entre otros aspectos, el diálogo inquisitivo en las fronteras de la subconciencia, las fisuras psicológicas de la contradicción, la necesidad de distanciamiento y lucidez, y en definitiva el planteo de los roles expiativos de un doble, elementos que conectan con el mito de la identidad o la conciencia nacional fatídica y traumatizada. Su búsqueda del conocimiento de sí misma, la lleva a desandar los límites donde se pierde y encuentra la pequeña patria de los sentimientos.

 Yo vine en un barco,

yo vine en un pozo,

yo vine en la maleta,

en el cuadro de aquella pintora tan famosa.

Yo vine en esas balsas

atravesando los tiburones,

sintiendo las dentelladas,

acurrucada en un bote.

Vine en casualidades

y en terciopelos de mentira,

en dispárense como puedan.

Y a ti te hablo,

y a ti te digo

que tú allá y yo acá

nos hemos quedado

en espacios que desconocemos.

[Volver, p. 22]

En última instancia, se burla de los cercos, desdeña el lastre de las componendas históricas que atentan contra su libertad interior, y asume la condición no sólo de una exiliada más, una de las innumerables gotas que desbordan esa copa de historias amargas, sino la excluida por antonomasia: “Ahora ya soy/ la exiliada del mundo”.

La posibilidad de un regreso absoluto, que está en el centro del poemario Volver y sugiere la consistencia de un sufrir pleno, un éxodo cumplido o sentido hasta el fi nal, la absorción por parte de la autora de su destino como fragmento, no se realiza ni busca satisfacción mediante simple comprensión o arribo a paisajes de la patria, sino elude cualquier pacto tranquilizador y ensalza el imposible de reencontrarse con los puntos de partida personales, interiorizados, pues como ella ha dicho este libro “trata del regreso a través de la memoria de hechos reales”. O sea, es solo el intento, el instinto de regresar.

Tiempo y espacio de Volver se ubican en las antesalas de los aeropuertos, en la víspera de preparar maletas, velar toda la noche, la duda de tener que escoger, pasar por trámites, interrogatorios, clasificaciones, adaptaciones y preparos para reconocimientos futuros. La experiencia que sirve de base a su expresión poética sumamente activa, verbal, compete a la vivencia del exilio como una exageración y un anticipo de la pérdida que entraña ese siempre deseado-temido encuentro con la patria que ya no fue ni será la misma. La poeta Ileana Álvarez, autora del prólogo del libro, afirma: “Asistimos, entonces, a una poética que se empeña no tanto en rescatar como en refundar sobre los laberintos de la pérdida”.

Ya antes Alabau había estado de visita en Cuba, después de más de veinte años, y sobre ello había dado testimonio en Hemos llegado a Ilión (1991). Aquello que encontró, o que le salió al paso como un obstáculo, trasluce significados de muerte:

No puedo aprender el credo ni puedo quedarme ni me preguntes

si disfrutaré. Anchas planicies desembocan en mí.

Mis ojos quieren abarcar el despiadado paisaje.

Gris, unos árboles, unas estacas, unas lápidas.

En el recorrido por el panorama ruinoso que encuentra en lo que fue una mítica, idealizada Ilión, tras las batallas y derrotas de las grandes utopías entre fi nales de los 80 y principios de los 90, Alabau penetra el lado íntimo de su patria, y ante un cuadro de desesperanzas se arropa con el trascendentalismo de su propio lenguaje como espacio vital, última carne de que están hechos el que mira y lo contemplado a través de la imaginación que conjura, que da y quita la vida, aunque intenta incluso el inventario de lo vivido: “He llegado acá de vuelta o en un sueño./ Sólo el lenguaje inventa este paraje”.

Magali Alabau (Cienfuegos, 1945) reside en Woodstock desde 1996, después de tomar en consideración que, cuando cerca de allí se celebró el célebre festival de rock y congregación hippie (1969), ella recién se había integrado a la diáspora: se exilió en 1967 y un año después llegó a New York. A propósito, me ha comentado en un mensaje: “No fui al festival pero seguí la corriente que el festival gestó, una nueva era de gran libertad”.

Su obra nunca se ha publicado en su patria, en parte porque es su decisión mientras persista el actual sistema político. Lectores de buena poesía y la crítica literaria en todos lados, también dentro de Cuba, no obstante, la aprecian como una de las voces cubanas contemporáneas más significativas.

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Cubierta1_PED 0147144 BetaniaNos complace presentarle el libro de literatura infantil-juvenil El arcoíris viene en un Toyota rojo del escritor y pintor español Carlos Rubén Mola (Cáceres, 1969).

Esta historia se desarrolla en uno de los parajes más maravillosos que podáis imaginar. Su principal protagonista, el joven Luis,  se ve inmerso en una historia irrepetible: las aventuras de unas gotitas de lluvia,  que le acompañan mientras él viaja en su vieja furgoneta, y el afán de éstas por llegar vivas al mar.

Además de escribir esta deliciosa historia,  Carlos R. Mola es autor de los dibujos que ilustran este libro (portada e interiores).  Este cuento hará las delicias de todos los lectores, sin importar la edad,  y, con toda seguridad, serán muchos los que apreciarán el buen quehacer literario y artístico de este escritor y artista que hoy presentamos.

Carlos Rubén Mola. Pintor, escritor y fotógrafo español. Tiene inédito un libro de relatos titulado Cuentos asombrosos y termina una novela que acompañará al lector en un viaje a través del río Tajo.


El arcoíris viene en un Toyota rojo, de Carlos Rubén Mola.

2014, 96 pp. Colección Literatura Infantil.

ISBN: 978-84-8017-348-3.

PV: 15.00 euros ( $20.00).

Pedidos directamente a Betania:  ebetania@terra.com

Distribuidor en España: MAIDHISA: ismaroto@hotmail.com

Exportadores:  CELESA: pedidos@celesa.com y PUVILL: info@puvill.com

 

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El libro de las conversiones_pReseña del investigador cubano Jorge Domingo Cuadriello publicada en la revista Espacio Laical (La Habana, Nº 3, 2014; págs. 64-65) del Centro Cultural Padre Félix Varela (www.espaciolaical.org).

Si a través del orden cronológico siguiéramos la lectura de los libros de poesía publicados por el también investigador literario y ensayista Jorge Luis Arcos –Conversando con un rostro nevado (1992), De los ínferos (1999), Del animal desconocido (2002) y La avidez del halcón (2003)-, al desembocar en el que encabeza estas líneas podríamos comprobar el ascendente proceso de intensidad de su discurso, la reafirmación de temas y visiones que ahora alcanzan una mayor profundidad y vehemencia. En este volumen de poemas se observa la madurez de una voz que solo se adquiere a través de los años vividos, de la reflexión acuciosa y de las lecturas que proporcionan nutrientes que enriquecen el pensamiento. El libro de las conversiones imaginarias no es un texto de tanteos y aproximaciones, de búsqueda y experimentación. Por el contrario, fue escrito desde la perspectiva del viaje de regreso, en el borde –término frecuente en sus páginas-, amasado con pérdidas y frustraciones, derrotas, y desventuras, tras un largo recorrido que incluyó páramos, légamos, naufragios, suicidios, soledades y la maldita insularidad. Todo ese largo camino lleva por último al autor a reiterar la expresión de desaliento: “No puedo sufrir más”.

Las alucinaciones, las imágenes espectrales, oníricas, equívocas, permean muchos de estos poemas, que a veces conforman una especie de espiral, no avanzan, y crean así en el lector un desasosiego emocional, una sensación opresiva (“Láminas, espejos, umbrales, ondas de agua”, “Ruinas”). Sin embargo, una mayor relevancia le concede Jorge Luis Arcos al diálogo, muchas veces bajo la forma de la insinuación, con otros poetas, en algunas ocasiones por medio de la alusión personal directa y en otros casos a través de la reproducción de algún verso. Dentro de esa extensa relación de autores encontramos a Lorenzo García Vega, José Martí, Jorge Luis Borges, José Lezama Lima, Raúl Hernández Novás, Manuel de Zequeira, Ángel Escobar, Virgilio Piñera. Una mención especial merece la pensadora malagueña María Zambrano, cuyo artículo “Sentido de la derrota”, publicado inicialmente en la revista Bohemia en 1953, revive en el verso con el cual el autor puso fin a esta obra: “solo en la derrota hay plenitud”.

El libro de las conversiones imaginarias, que cuenta con un esclarecedor prólogo de Efraín Rodríguez Santana, estremece por su fuerza desgarrante y –valga el oxímoron- por su lucidez sombría. Desde el punto de vista cuantitativo, tal vez solo sea un cuaderno de poesía más publicado por un poeta cubano más de los tantos que pueblan los más remotos parajes del mundo, en este caso San Carlos de Bariloche, en las estribaciones de los Andes Patagónicos. Allí, entre la añoranza y el frío y la desubicación geográfica, Jorge Luis Arcos, además de recordar las conversaciones con el ensayista Enrique Saínz, un viaje a las intrincadas localidades de Baracoa, marcadas por la historia patria, y las amenazas del “manotazo de plomo”, quizás evoque estos versos de Eliseo Diego que bien pudieron servir de epílogo a su libro: “Se acabaron las fiestas que solían / iluminar los hondos corredores.”

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