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La poeta cubana Magali Alabau (Cienfuegos, 1945), radicada en Woodstock (Nueva York), presenta su nuevo poemario Amor fatal (Betania, 2016) en la reconocida Tertulia Literaria LA OTRA ESQUINA DE LAS PALABRAS  que dirige el poeta  Joaquín Gálvez en la ciudad de Miami.

La presentación tendrá lugar el próximo viernes 10 de marzo a las 7.30 p.m. en el CAFÉ DEMETRIO: 300 Alhambra Circle, Coral Gables 33134. Teléfono: (305) 448-4949.

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tiempo-de-exilio_p1Reseña del poeta español Jorge de Arco publicada en Corresponsales ACPI (Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana): www.corresponsalesacpi.es y en Granada Cultural (enero-febrero de 2017).

Con el título de Tiempo de exilio (Betania, 2016), ve la luz una atractiva antología de Felipe Lázaro. Este cubano, nacido en Güines en 1948, abandonó su isla en 1960 y tras residir hasta 1967 en Puerto Rico, llegó a España, donde se licenció en Ciencias Políticas y Sociología, participó en múltiples actividades como promotor cultural y fundó la editorial Betania, que actualmente dirige.

Este florilegio, que abarca cuarenta años de creación poética (1974-2014) –y amplía la que se editase trece años atrás, Fecha de caducidad, 1974-2004, contiene un anexo, que recoge 16 poemas publicados en revistas, compilaciones o libros dedicados a otros autores, bajo el epígrafe de “Tiempo de exilio”.

El resto del conjunto reúne textos integrados en los otros cinco volúmenes publicados por Felipe Lázaro hasta la fecha: Despedida del asombro (1974), Las aguas (1979), Ditirambos amorosos (1981), Los muertos están cada día más indóciles  (1987) y Un sueño muy ebrio sobre la arena (2003).

Su condición de exiliado ha marcado en buena medida la identidad lírica de Felipe Lázaro:

 

Todo exiliado es un sobreviviente

que rescata del naufragio la patria

convirtiéndola en su única balsa,…

 

escribe en el poema “Fecha de caducidad”.

En el prefacio a esta renovada edición, Francis Sánchez ahonda en las claves líricas del vate cubano. Además de la ya anotada temática del exilio, advierte de que su poesía va refrenando “los sentimientos dramáticos” y se inclina hacia tonos de aliento festivo, irónico, donde surge “la búsqueda de la felicidad sin el plomo de la política”. Los textos de trama amatoria constituirían el tercer apartado argumental.

La relectura de estos textos me ha devuelto el son acompasado, revelador y valiente de un poeta que apuesta por llamar las cosas por su nombre, y que batalla, por igual, en pro de la justicia y de la integración, de la felicidad y la esperanza:

 

Al final, somos como líneas paralelas,

la nada más matemática y plural:

intentar siempre un idilio que nunca termine.

 

Los versos del vate cubano se suceden y se crecen con la necesaria hondura que la poesía necesita, con el latido veraz que haga removerse y conmoverse al lector:

 

Tan fría es la ausencia

que hasta el silencio

                                se hiela.

 

Al decir de Felipe Lázaro, se une otro aspecto relevante: la nostalgia, la cual agrandándose al par del tiempo vívido y vivido y que torna ansiedad la memoria. Y hay espacio, también, para la existencia, para el olvido, para el dolor, para la ternura, para el deseo…:

 

Eres mar y tierra a la vez:

mujer poblada de la más estricta belleza.

Eres una larga y pausada sonrisa

o una tierna mirada sedienta de placer.

 

(…)

 

Y aún así seremos lo que quisimos ser:

amor y algo más que amor,

sexo y algo más que sexo,

hueco o relleno,

furia o abismo.

 

Felipe Lázaro ha ido trascendiendo su voz, madurando su cántico, y esa depuración verbal ha derivado en un verso de mayor rotundidad, de sonora dicción. Todo ello, resulta aún más palpable, cuando el poeta afronta el tema de la mortal existencia, cuya sombra sobrevuela con intensidad esta antología: La muerte espera apacible su mejor hora (…) como una gata en celo aúlla su vaticinio, / me cerca las cejas hasta poblarlas de espanto, / cerciorándose de que no escape a sus llamadas.

Al cabo, una antología enriquecedora e ininterrumpida, gratamente humana, dadora de verdades y de enigmas.


Jorge de Arco (Madrid, 1969). Poeta, crítico literario  y traductor español. Licenciado en Filología Alemana por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor universitario de Literatura Española.

Entre sus últimos poemarios publicados, destacan: La casa que habitaste (Premio Internacional de Poesía “San Juan de la Cruz”), Las horas sumergidas (2013, Premio Internacional de Poesía “José Zorrilla”) y La lluvia está diciendo siempre (Premio de Poesía “Rafael Morales”). Desde hace una década es Director de la revista de poesía Piedra de Molino, publicada en  Arcos de la Frontera, Cádiz.

 

tiempo-de-exilio_p1Reseña de la poeta cubana Ena Columbié, publicada en el periódico El Nuevo Herald  (Miami, 9 de febrero de 2017). 

Cuando termina un año, generalmente se quedan fuera algunos títulos de última hora, como es el caso de la segunda edición de Tiempo de exilio. Antología poética (1974-2014) del poeta, escritor y editor Felipe Lázaro (Güines, 1948), director de la ya legendaria editorial Betania.

Lázaro salió de Cuba en 1960, es Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y graduado de la Escuela Diplomática de España. Fundó la editorial Betania en 1987 y ese mismo año obtuvo la Beca Cintas. Fue uno de los fundadores de las revistas Testimonio (1968), La Burbuja (1984) y Encuentro de la cultura cubana (1996), y del periódico La Prensa del Caribe (1997).

Tiempo de exilio tuvo su primera edición en el 2014 en Francia, bajo el sello Hoy no he visto el paraíso, dirigido por la escritora y artista Margarita García Alonso. Esta nueva edición está ilustrada por el pintor Andrés Lacau, nacido en Santiago de Cuba. El óleo, que no tiene título, pertenece a la espectacular serie Texaureos Colecction, en la que Lacau integra la poesía a la imagen del desnudo para mostrar la existencia del hombre sin dobleces, sin velos, en competencia con la creación del propio hombre.

La antología recoge 50 poemas de varios libros publicados, entre las fechas que nos muestra en el título. Tiene como tema central el desarraigo, el tremendo proceso de reubicación del hombre cuando ha sido arrebatado de su suelo, como si fuese arrancado de las entrañas de la madre: Todo exiliado es un sobrevivienteque rescata del naufragio la patriaconvirtiéndola en su única balsa… y la forma en que se asimila ese desarraigo para poder vivir el día a día: Los arrastrados pasos/ con ansias de no proseguir.

Es sintomático, en el caso cubano, como una buena parte de los exiliados que salen de aquella isla (zona de tierra más o menos firme, más o menos extensa, rodeada completamente por una masa de agua y sin seguridad de nada) llegan a un continente y generalmente se sienten inseguros, consideran que no pisan tierra firme, como en un cachumbambé en el que hay que buscar el equilibrio para mantenerse estable, y con la sensación de que todo puede venirse abajo en cualquier momento. Este abismo de la extrañeza/ el estar fuera/ el brusco cambio/ costumbrarse a través del silencio/ robot atónito de la nostalgia.

El choque de los cuerpos en la búsqueda y el reconocimiento, los amigos, la muerte y el tiempo, son algunos de los subtemas en ese andar: La nada acumulándose a pasos agigantados/ estériles segundos que apenas se suceden/ cuando el calendario pesa más que la vida/ y es incierto el respirar constante.

Recuerda a los amigos en infortunio, solidarizándose con su dolor, como en el caso del también poeta Jorge Valls, cuando refleja con suma brevedad el severo mundo de la cárcel: un camastro,/ una mesita,/ unos libros,/ poca luz./ Una ventana con barrotes mohosos, o como en “Un sueño muy ebrio sobre la arena” en que recuerda a muchos, en una gran fiesta donde Las grandes jarras hermanan brazos. Una gran fiesta donde ya faltan muchos nombres.

El sudor como leit motiv se presenta en diferentes formas una y otra vez; en forma de descarga de energías: se bañan en sudor yes un sudor un alivio y una inmensasatisfacción jugar con el sudor, como elemento del amor: cuerpo sudorosamente amado; como segunda piel: Todo comenzó con un estremecimiento del sudor; como parte del trabajo: sudorosa ante la altivez de una solitaria carretilla; humanizado: destilan sudor ebrio de felicidad…

Es Felipe Lázaro un poeta que se adentra en los problemas del hombre, que se hiere con ellos, pero siempre se reivindica con el amor: Amar es dejar de sersin excusas pasajeras.

 

SepiaPReseña del poeta y escritor cubano Waldo González López al poemario Sepia (Betania, 2016) de la poeta cubana Ena Columbié,  publicada en la revista literaria BAQUIANA de Miami.

Apenas leí el título del más reciente cuaderno de versos de la escritora cubana Ena Columbié: Sepia —publicado en 2016 por la Editorial Betania en su Colección de Poesía— de inmediato recordé, por «afinidad electiva» (sic. Goethe), mis tres últimos poemarios aparecidos en Cuba antes de mi llegada a Miami en julio del 2011, todos titulados con la palabra nostalgia y uno de ellos también con el término sepia. Por ello, escogí el de uno de ellos para el presente comentario sobre el magnífico conjunto de versos de mi colegamiga.

Me explico: yo nominé aquel poemario de marras publicado en Cuba El sepia de la nostalgia, y el pasado 2016 Ena tituló el suyo Sepia, porque ese es el color con que identificamos las fotos descoloridas por el tiempo, pues ambos nos referimos en nuestros versos a un pasado nunca perdido, sino, al contrario, recuperado con salvaje nostalgia (y este es el segundo título de otro de mis poemarios; el tercero es Umbral de la nostalgia, libro de arte con una selección de mis poemas ilustrados por la destacada artista plástica cubana Julia Valdés).

De tal suerte, no es gratuito que ambos hayamos empleado la socorrida palabra —utilizada hasta en un célebre tango de 1936 que, con letra de Enrique Cadícamo y música de Juan Carlos Cobián, devendría bolero en la gran voz de la siempre recordada Elena Burke— porque justamente como dije arriba, el sepia es el color o la tonalidad que adquieren las fotos desvaídas por el tiempo, en tanto sugiere el intento de recuperación de un pasado que no queremos olvidar porque ha estado vinculado con nuestras existencias, decisivo rasgo e indeleble marca en nuestras vidas.

En consecuencia, la nostalgia, tal igualmente se sabe, ha sido el término canónico y decisivo en la poesía de los emigrados cubanos, desde José María Heredia en el siglo xix, pasando por el gran cubano José Martí, hasta esta nueva centuria, según lo corroboran diversos poemarios de autores de la interminable diáspora que, en Miami y otros ámbitos de los Estados Unidos y en varios continentes, sobreviven tras su partida de la Isla Gulag, a la que muchos nunca retornarán.

Como tantos que le antecedieron en el largo camino de la emigración, Ena recurre a la tan conocida y nunca concluida problemática, sin expresarla abiertamente casi nunca, apenas en un breve haz de formidables textos. Y he aquí uno de los principales méritos de su poética, que nunca elude, sino, al contrario, alude con Poesía (en mayúscula) a tal temática, y lo hace con versos desgarradores, intensos, definitorios que, a fin de cuentas, constituyen la mejor expresión de la poiesis (conocimiento).

Con una premonitoria y sentida dedicatoria que refleja el amor por su fallecida mamá («Para que mi madre se distraiga mientras me espera») y un breve, pero hondo prólogo («Sepiamente»), del también poeta Juan Carlos Valls, el poemario se divide en dos secciones e incluye 26 textos de indudable calidad, entre los que descuellan no pocos de ambas partes.

Por ello, si se me pidiera elegir los que considero más afortunados, escogería entre los trece de la primera parte: «Andante», «Ay de estos tiempos», «Un alma», «Desamparo» y «Dolor». Asimismo, entre los trece de la segunda (donde incluye varios en prosa poética), seleccionaría: «L’Isla», «La casa de piedras rojas», «Lavana», «Isla» y «Volver».

En consonancia con la dedicatoria, la figura maternal aparece y reaparece en numerosos textos de la primera parte, desde el primero (suerte de Introito), «Andante», donde iniciará la auto confesión por la que transitará a lo largo de las 51 conmovedoras páginas, todas teñidas por el color de la saudade. «Soy una viajera que coloca el oído en la tierra / para escuchar los pasos de otros tiempos / para sentir a los seres que se acercan / sosteniendo el fuego», y solo varios versos después, nos revela: «Mi rostro no es de bruma     nunca lo fue / ni cuando mi madre suplicante me pedía cordura», hasta concluir con estos no menos definitorios versos: «Sigo en busca de la palabra / de los seres de sombra que no tienen historia / los que murieron de similitud y de apatía. / Llegará el final del camino / las cruces me mostrarán sus rostros / sin signos místicos     despojados de dolor / frente al fuego crepitante de la hoguera.»

En «Desamparo», desgarrador desde el título, la poeta muestra su orfandad —abrumada por la «tristérrima» soledad vallejiana sufrida por el universal peruano en el frío París entre 1923 y 1938, cuando muriera— y confiesa su soledad espiritual en la Miami de la todavía nueva centuria: «La ferocidad melancólica con que me aferro al poema / me propone soportar […] Amor se dice rápido     siempre con miedo / como si cada letra pesara una mayúscula / un plomo que busca el equilibrio / en un pasado que tratamos de retener […] Luego el olvido     el tiempo que desborda las tablas / lápidas podridas que reciben el frío del viento / el cúmulo de abandono que se agrupa y se encostra vilmente. / Al final la calma     el pantano gris     la lengua rota / la lluvia viviendo la oquedad en medio de la calle / destierro retador     desamparo en el camino.»

La desazón y el desaliento retornan en otro texto penetrante: «Dolor», donde alude a «ese país de criaturas extrañas / y locos que cantan palabras que se pierden. / Dios se tragó los años de mi vida / quiso probar mi voluntad para convertirme / y ahora soy un número        desnudo     cinabrio / un foso enorme extinto de fe. […] soy una acróbata que juega a ser poeta / y cambio el lenguaje por la risa o el mutis […] diáfano dolor que me arranca el alarido.»

En la segunda sección —dedicada por entero a la adolorida patria de la que partiera años atrás— igualmente incluye textos de solidez estructural y honda tesitura, valores conferidos por el acrecentamiento humano y la madurez poética de la también periodista y fotógrafa, quien en el poema inicial: «L’Isla» —guiada por un epígrafe del gran colega de Borges, Bioy Casares, cuyo verso final cierra este valioso texto— no tan veladamente, acusa a la tiranía que pisotea nuestra patria durante casi seis décadas: «En la Isla hay una parte honda / donde encierran a los hombres / construcciones angulares y piedras / con puntas que hieren. […] La Isla es una montaña por descubrir / una usina abandonada de vidrios rotos / rejas invisibles que provocan a Dios / y una mujer que se empeña en ver / las puestas de sol     todas las tardes.»

Asimismo, «Lavana» es —parafraseando el título del único monólogo del mayor narrador colombiano, amigo del dictador cubano fallecido— una «diatriba contra un déspota sentado», en el que Ena logra, con notable síntesis y poder de sugerencia, la consecución de una aproximada imagen del tiranosaurio: «La ciudad se arrodilla ante su rey / que emana desesperanza y flatulencia. / El indigno esconde la cruz / que irritada en su pecho / lucha por dar luz a la bahía /consecuencia de las aguas / El déspota levanta el brazo / apunta amenazante / predice y determina el tiempo / ¡hasta siempre! —dice—. / La ciudad envejece     se la cae la piel / y las entrañas caen con ella. / En el último jadeo de amor / abre su malecón y puja.»

En «Isla», regresa al tema esencial del poemario, que no ha dejado de acompañarla desde su arribo al exilio décadas atrás, pues, como muchos de sus colegas exiliados, no cesa su añoranza por el lar natal abandonado, tal refleja en los siguientes versos: «Yo sé de una isla descarnada / de brujos y guerreros sin lanzas / espanto de hambre y muerte. / Cada hombre posee una tablilla / donde marca el día que padece. / Isla pequeña en una ciudad vigilada / queriendo renacer en las quimeras. / Los nativos ruegan por vivir invocando / palabras míticas frente al muro / —ventana a la utopía de las aguas—. / Yo sé de una isla titilante / con jirones por ciudades / ¡que me aterra!»

Por último, da rotundo cierre a su mejor poemario con su también mejor texto: el excelente poema en prosa o prosema: «Volver», dedicado a su colegamiga Magali Alabau. A Ena, le bastan tres párrafos-estrofas que inicia con el leitmotiv: «Tengo deseos brutales de volver a Cuba», para entregar al sensible lector uno de los más estremecedores textos leídos por quien escribe desde su arribo a Miami en julio del 2011.

Gracias a un provechoso conjunto de recursos, donde resaltan el icónico devenir de recuerdos-sensaciones, el exacto lenguaje (al que no le sobra ni una palabra) y la irreductible, aunque contenida pasión (sin la que no hay poesía, dixit Martí), Ena logra un gran texto que —no dudo en afirmar— quedará como uno de los mejores poemas escritos en el exilio en el primer cuarto del siglo xxi. Por ello, lo transcribo a continuación:

«Tengo deseos brutales de volver a Cuba, de pactar con el tiempo contrario y ver a mi madre brillar el piso y entonar canciones de Jordán meneando la cabeza. Mirar sobre el arco perfecto de su hombro, el cuchichear con las vecinas cuando sostiene con garbo el eterno cigarrillo; pero mi madre y sus ideas renacentistas ya no están allí, fueron arrastradas por los vientos del albedrío. Soy un desastre si no encuentro sosiego, si no consigo su abrazo.

Tengo deseos brutales de volver a Cuba igual que una estudiante, y buscar desde la ventana de la escuela a Maribel o a Manolito, de reunirme con los amigos en el parque los domingos de estulticia y enamoramiento; pero el parque, su plazoleta y los bancos, ahora se llenan de ancianos que entreabren la boca y entrecierran los ojos cortando las veredas al Sol. Faltan muchos amigos en el parque, faltan los pasos de mi madre también y se me pone el corazón en vilo.

Tengo deseos brutales de volver a Cuba ahora que el año comienza a perder su luz, y esa tierra se queda solo con un hilo de cielo. Mis ojos caen pesados a los recuerdos, a las tardes de domingo en El Caribe, al arroz con pollo de mi tía y la risa contagiosa de mi abuela; pero mi madre me mira desde una esquina de la casa y me dice: ¡No! Ahora es amargo el olor de las flores y la alegría es triste. Ya no hay nadie de nosotros. No puedes volver mientras la tarde cante en negro. ¡Ahora ni hablar! Si volvieras el tiempo tal vez, pero solo si volvieras el tiempo.»

Finalmente, con Sepia, Ena Columbié se instala, por derecho propio, entre el grupo de auténticos poetas del exilio cubano, como asimismo la Editorial Betania enriquece su ya extenso e intenso Catálogo de Poesía, iniciado en 1987 por su director, el poeta cubano Felipe Lázaro.


WALDO GONZÁLEZ LÓPEZ

Nació en Las Tunas, Cuba (1946). Es poeta, ensayista, periodista cultural, crítico literario y teatral. Graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de  La Habana, Cuba. Colabora activamente con la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Es autor de 20 poemarios, 6 libros de ensayo y crítica literaria, así como de varias antologías de poesía y teatro. En Cuba, por su continua labor poética, crítica y de periodismo cultural durante varias décadas, mereció numerosas distinciones, entre las que cabe destacar: el «Reconocimiento como Escritor y Crítico Literario», otorgado por  la Presidencia del Instituto Cubano del Libro, y la «Distinción por la Cultura Nacional». Desde su llegada a los Estados Unidos, en julio de 2011, ha realizado una intensa labor como participante en eventos internacionales de teatro, jurado de eventos teatrales y literarios, crítico teatral y literario y asesor de grupos escénicos. En el año 2012 fue merecedor del 3er lugar en el X Concurso de Poesía “Lincoln-Martí” en Miami, Florida, EE.UU. Colabora con diversas publicaciones, tales como el Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (Nueva York), así como en las revistas digitales Encuentro de la Cultura Cubana (España), Otro Lunes (Alemania), Palabra Abierta (California), Baquiana, Teatro en Miami  y El Correo de Cuba (Florida).

desigualdad_p_13022-copiaNos complace comunicar la reciente edición -digital e impresa- del libro Desigualdad y clases sociales del Dr. Carlos Julio Báez Evertsz, sociólogo y politólogo dominicano, radicado en Madrid (España) desde hace más de 45 años.

Este libro ofrece una exposición crítica de la desigualdad en el mundo actual y de las teorías que la explican como las de Pareto, Piketty, Atkinson, Milanovic, entre otros, y de los grupos que se benefician o perjudican con la misma.

En estas páginas, se estudian las teorías clásicas de las clases de Weber y Marx, los enfoques de los funcionalistas, los intentos de síntesis y de superación del marxismo y el funcionalismo.

También se abordan los aportes más recientes de los análisis de clase de neoweberianos, neomarxistas, la Escuela de los Estudios Culturales (Thompson, Hall y Eagletone), el culturalismo de Bourdieu, los posmodernistas y los posmarxistas Laclau y Negri.

Esta obra da cuenta de cuestiones tan debatidas, a finales del siglo XX y en los cuatro primeros lustros del siglo XXI, como el fin de la clase obrera, la expansión de la clase media, la muerte de las clases y el papel de las nuevas identidades.

Finalmente,  ofrece una reflexión sobre si estamos condenados a continuar con el capitalismo neoliberal o estamos avanzando hacia una sociedad poscapitalista, que nos llevaría a una democracia igualitaria.

Después de un breve prefacio y de unas palabras introductorias, el contenido de este tomo se desglosa en 25 capítulos, como sigue:

I. La desigualdad hoy.

II. Teorías sociológicas y económicas sobre la desigualdad social.

III. Max Weber: clase, estamentos, partidos.

IV. El funcionalismo.

V. La teoría de la estratificación de Parsons.

VI. Estratificación y desigualdad social: La teoría de Davis y Moore.

VII. Indicadores funcionalistas de clase social.

VIII. La teoría “superadora” de Dahrendorf.

IX. La teoría sintética de Lenski.

X. Convergencia en la concepción de la estructura de clases: Ossowski.

XI. La teoría de las clases sociales de Marx.

XII. La formación de la conciencia de clase.

XIII. Teorías neomarxistas sobre las clases sociales: G. Carchedi.

XIV. Teorías neomarxistas sobre las clases sociales: Poulantzas.

XV. Críticas a la teoría neomarxista sobre la nueva pequeña burguesía y la clase obrera.

XVI. Teorías neomarxistas sobre las clases sociales: Wright.

XVII. Teorías y análisis de clases neoweberianos: Goldthorpe.

XVIII. Teorías y análisis de clases neoweberianos: Giddens.

XIX. Teorías y análisis de clases neoweberianos: Parkin.

XX. Los estudios culturales y la clase social: E.P.Thompson, Stuart Hall y Ferry Eagleton.

XXI. Culturalismo y análisis de clase: Bourdieu.

XXII. Posmodernismo y clases sociales: El fin de las clases.

XXIII. Posmarxismo y clases sociales: Laclau y Moufee.

XXIV. Posmarxismo y clases sociales: Hardt y Negri.

XXV. Conclusiones: Las clases sociales en el siglo XXI.

Y finaliza con una extensa bibliografía que a todas luces enriquece esta nueva entrega de Báez Evertsz, autor que ya había publicado otras obras en Betania , como: Europa – Estados Unidos y la guerra de Iraq (2003), Partidos políticos y movimiento popular en la República Dominicana (2011) y La modernización fallida, República Dominicana: 1996-2012 (2012); además de colaborar en otros textos colectivos, como: La inmigración dominicana en el Tercer Milenio. Seminario Internacional (2001) y Primer Congreso de Asociaciones de inmigrantes dominicanos en el mundo (2003).


Carlos Julio Báez Evertsz (La Vega, República Dominicana).  Doctor en Sociología (Universidad de Bucarest, 1977). Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por homologación del Consejo de Universidades de España, 1994. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid. Fue profesor universitario y funcionario de carrera por oposición libre del Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado español.

Es autor de los libros: La comunicación efectiva (2000) y Dominicanos en España, españoles en Santo Domingo (2001). También colaboró en: Sectores populares y conciencia de clase en la R. D. (1981) de VV. AA., Por una alternativa socialista (1980), VV. AA.,  Anuario Mexicano de Relaciones Internacionales (1986), UNAM-México y Teoría y práctica de la política exterior latinoamericana (1983), Fundación F. Ebert-Colombia-Universidad de los Andes, VV.AA.


Desigualdad y clases  sociales de Carlos Julio Báez Evertsz.

2016, 704 pp. Colección Ensayo.

ISBN: 978-84-8017- 372-8.

PV: 20.00 euros ($25.00)

 

Nos complace mostrarles las portadas de los 12 libros publicados por nuestra editorial en el pasado año 2016:

 

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El ojo de la gaviota_ebook_7 copia

Antología poesía cubana1

 

 

 

 

 

La Dama de América1

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visiones-de-mujer-con-alas-de-aimee-g-bolan%cc%83os_pagina_001

 

 

 

 

 

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tiempo-de-exilio_p1 como-dios-manda_ebook

como-dios-manda_ebookDeseándoles a todos los lectores un Feliz y Próspero Año Nuevo 2017, nos complace presentarles la edición del libro Como Dios manda. La Biblia a la luz de Cristo (Betania, 2016) del pastor Eddy De la Hoz, residente en Nueva York.

Como bien señala el profesor Rafael E. Saumell (Sam Houston State University) en el Prólogo titulado: “Vivir con la brújula de Cristo”: “A través de un poco más de cien páginas, condensadas en ocho capítulos, el lector puede seguir la guía del aprendizaje de un discípulo de Cristo, llena de datos autobiográficos donde se mezclan anécdotas de la vida del pastor con citas puntuales de versículos que iluminan, exponen, discuten y plasman los senderos del mejoramiento humano, no exentos de errores, tampoco escaso de las epifanías que toda persona humana sufre y goza en el transcurso de una vida”.

Pero además, el libro se ve arropado por otros dos textos breves (o Prefacios) que preceden la obra del pastor De la Hoz: “La importancia del amor” de Enrique Torres Cortés y “Escudriñad las Escrituras” del pastor Juan Gutiérrez.

Esta obra se desglosa en ocho intensos capítulos, cuyos títulos ya anuncian el marcado signo pedagógico que le imprime su autor: Disponte a aprender, Vive la palabra de Dios apasionadamente, Ama los Mandamientos, Únete al cuerpo de Cristo, Toma el camino de Dios, Busca la esencia de la palabra, Atiende el mensaje y Permanece en la palabra.

El pastor Eddy De la Hoz, nos transmite con su fe y trayectoria, no solo un mensaje de esperanza, sino que –a su vez-  proporciona y desvela la raíz de la verdadera ética y moral cristiana, en un libro que ayuda a comprender y a practicar el cristianismo.

Este libro es un una gran herramienta de aprendizaje para descubrir y practicar los mandamientos de Dios, a través de las enseñanzas de Cristo; plasmadas en los Evangelios bíblicos.


Eddy De la Hoz  Pastor e ingeniero cubano. Emigró con su familia a Colombia y, posteriormente, a Nueva York, donde actualmente reside. Es pastor de la Iglesia Cristina  El Sembrador en Wappingers Falls, en Nueva York.


Como Dios manda: La Biblia a la luz de Cristo de Eddy De la Hoz.

Prólogo de Rafael E. Saumell.

Prefacios de Enrique Torres Cortés y Juan Gutiérrez.

2016, 136 pp. Colección ENSAYO.

ISBN:   978-84-8017-386-5.

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