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Silvia Burunat

Entrevista de la profesora española Isabel Estrada a la escritora y profesora cubana Silvia Burunat sobre su reciente libro Danny y Danielle y otras historietas (Betania, 2017). Ambas enseñan en CUNY, Nueva York.

 

Estrada: Silvia, acabo de leer tu último libro, Danny y Danielle y otras historietas. Debo decirte que me ha impresionado en varios niveles, pero mi primer comentario tiene que ver con el género literario. Te he conocido siempre como escritora de memorias, biografías, me refiero al terreno de la ficción, ya que también sé que escribes libros de texto en el terreno de la lingüística aplicada. Pero veo que tu nueva obra pertenece a la cuentística.

Burunat: Primero, Isabel, muchas gracias por haberte ofrecido a hacerme esta entrevista. Efectivamente, por primera vez me he aventurado en un nuevo género, el del cuento. Te confieso que este libro se ha preparado casi sin pensar mucho en ello. Proviene de una doble inspiración. La primera ya la has encontrado en el colofón, me refiero a “La Diabla”, uno de los mejores cuentos que he leído en mi vida, de la pluma de mi amigo y colega Ángel Estévez. He estado enseñándolo durante los últimos cinco años en varias de mis clases. A los estudiantes les fascina y a mí me ha cautivado, de tal modo, que ha sido como un resorte que me ha impulsado a la escritura de cuentos. La segunda se refiere a la primera narración del libro que también la he usado como título, “Danny y Danielle”. Se trata de otro amigo, alguien que conocí en mi edificio y con el que he sostenido varias conversaciones. Este hombre tiene dos hijos de edades muy distintas: uno de dieciséis o diecisiete años, no estoy segura, y una nena de cuatro. De esta última me ha contado muchas anécdotas: conversaciones con ella, viajes a la playa, cruceros, reuniones familiares. Me encanta ver con la ternura que se expresa sobre ella y me ha hecho recordar mi propia niñez, ya que mi padre y yo tuvimos una relación muy parecida. Es por eso que le he dedicado el libro a mi papá, porque mis pláticas con Danny me hicieron revivir mi infancia y mis paseos con Gastón, sobre todo a las lomas del vecindario. Pero mira, esto ya lo verán mis lectores cuando lean mis cuentos.

Estrada: Pues Silvia, te iba a preguntar por los protagonistas. Pero antes tengo curiosidad por saber si hay algún hilo narrativo que una estas historietas, como les llamas en el título.

Burunat: Mira, te contesto ambas preguntas. Empezando por la conexión entre los treinta cuentos. Sí existe y en varios niveles. Absolutamente todos provienen de la vida real, es decir, de mi realidad. En estas páginas se encuentran varios de mis familiares, hay amigos, conocidos, vecinos, estudiantes que han pasado por mis aulas, mi familia cercana como mis padres, abuelos y tíos. Ya sabes que soy hija única, así que hermanos no hay. Te vas a encontrar con algunas personas que vas a reconocer por tratarse de figuras públicas. También hay partes sobre mí, cuando era niña como protagonista o personaje secundario y ya adulta, pero no como figura central. Porque tengo que explicarte algo: todos los que protagonizan las narraciones, los que están en el centro o sobre los que escribo, todos son menores de veinte años. La mayoría son niños, digamos, entre tres y diez u once y el resto, adolescentes, siendo la mayor una chica de diecinueve. La razón estriba en que estoy convencida que en esas etapas de la existencia, hay una cualidad natural y espontánea que se presta mucho para narrar y hacer hablar y desenvolverse a los personajes. Bien, creo que he contestado dos preguntas en una, ¿verdad? Te he explicado sobre la conexión que existe entre todos los cuentos y quiénes los protagonizan.

Estrada: Me dices que se trata de una obra de ficción; pero, al mismo tiempo, me explicas que todo lo que leemos aquí ocurrió en un momento dado. ¿Podrías elaborar más sobre esto?

Burunat: Por supuesto. Ya sabemos que, una vez que escribes lo que sea, jamás va a ser como una fotografía que capta cada detalle como aparece realmente. El escritor siempre va a poner de su parte, sea su enfoque, su estilo, su modo de ver e interpretar la vida. Primero, he cambiado los nombres de mis personajes, diría que en el 85% de los casos. Hay muy pocos que hayan conservado su verdadero nombre. Por lo tanto, la perspectiva de la narración también cambia. A veces aparezco yo misma narrando, en ocasiones un personaje secundario lo hace, o el propio protagonista. Claro, cuando parece que narro yo, no es necesariamente así. Se trata de alguien neutral y anónimo, pero ya sabes que tenemos la costumbre de establecer un paralelo escritor//narrador, sea o no cierto. Espero que esto satisfaga tu curiosidad sobre las voces narrativas.

Estrada: Creo que sí. Tengo otra pregunta que se refiere a la época. Porque me parece que no todo aquí ocurre en el presente.

Burunat: Tienes razón. Yo te diría que nos podemos remontar a fines del siglo XIX hasta hace un par de años. Por ejemplo, el último cuento es, probablemente, el más reciente cronológicamente hablando. Cuando aparecen miembros de mi familia, a veces con sus nombres verdaderos y otras no, hay que hablar del decenio de 1890 y hasta antes. Cuando se trata de mi infancia, ya estamos en la segunda parte del siglo XX y de ahí en adelante. Por cierto, me acabo de dar cuenta que no te he mencionado al que es la persona más importante para mí: Julio, mi inolvidable compañero. La palabra esposo me parece demasiado formal y poco afectiva, prefiero la que he empleado. Julio está en varias narraciones, de niño, de joven, de adulto y hasta después de su viaje celestial, como sabes que me gusta referirme a su muerte. Para mí es imposible no incluirlo ya que estoy convencida de que, absolutamente todo lo que escribo, en el fondo proviene de él, de mis recuerdos y mis vivencias.

Estrada: Ay, Silvia, siempre me conmueve oírte hablar de tu Julio. Permíteme preguntarte sobre los lugares y el ambiente. ¿Dónde ocurren estas historietas?

Burunat: Hay un ambiente que yo llamaría internacional. Desde Cuba, pasando por España, México, Nueva York, en casa, en las aulas, otras islas del Caribe. Creo que debo hacer hincapié en la temática de las relaciones. Como provengo de una familia muy corta pues soy la única hija, sobrina y nieta por parte de madre, a pesar de que mi mamá tenía dos hermanas y un hermano, y fui también la única por parte de padre hasta la edad de ocho años, pues precisamente por eso, las amistades, los amigos, ocupan un lugar prominente en mi cuentística, así como algunos de mis estudiantes. La amistad, a mi entender, ha sido un sentimiento primordial en mi vida y lo sigue siendo. Y las relaciones entre hijos o hijas y padres o madres son esenciales para nuestra formación psicológica.  Alguien me preguntó si muestro sentimientos maternales en lo que escribo, ya que como sabes, no tengo hijos ni los hubo nunca. Mi respuesta es que no lo creo, a no ser que ni yo misma me dé cuenta y otros lo perciban. Tal vez con Julio en algunos momentos haya podido actuar de forma maternal, en especial teniendo en cuenta que él perdió a su madre a los dieciocho años, ambos estaban muy unidos y siempre tuve la impresión de que había sido un fuerte golpe para Julio. No sé si quizás, inconscientemente, yo me haya comportado de forma maternal con él. Pero la verdad es que no me interesa mucho este tema ni lo creo relevante para mí.

Estrada: Pues para terminar quiero que me expliques sobre las citas que encabezan algunos cuentos y a qué público van dirigidos.

Burunat: No todos los cuentos tienen esas citas a que te refieres. No sé por qué en algunos casos, por ejemplo, “El secreto de Aurora”, me vino a la mente un pasaje de José Martí. En “La aventura de Narciso” aparece una explicación del mito del mismo nombre y en “La carretilla mágica” hay otra sobre la mitología azteca. Hay varios más. Fueron inspiraciones espontáneas, digamos que a partir de esa cita, construí la narración o tal vez fuera lo opuesto: primero el cuento y después surgió la idea de la cita. Ah, el público. Varias personas me han preguntado si se trata de un libro de cuentos infantiles. La respuesta es un NO rotundo. Son para adultos; ningún niño podría entender la mayor parte de ellos, eso te lo aseguro. También deseo agregar que, refiriéndome por ejemplo a la mitología, hay algo de fantasioso y mágico en varias historietas. Hechos irreales o mágico-realistas, como quieras llamarlos. Mira, no se me ocurre nada más. Dejemos que los lectores saquen sus propias conclusiones del resto.

Estrada: Muchísimas gracias, Silvia. En otra ocasión te preguntaré si este es el primero y el último de tus libros de cuentos o si piensas seguir en este terreno o volver al de las memorias. Pero dejémoslo para una entrevista futura. Muy buena suerte con tu obra presente y muchas felicidades.


Isabel Estrada es profesora de Literatura y cine españoles con especialización en la Guerra Civil, la Postguerra y la Transición a la democracia. Obtuvo una Licenciatura en Filología por la Universidad de Sevilla y un Ph.D. en Literatura española en Columbia University, Nueva York. En la actualidad enseña en el Deparment of Classical and Modern Languagues and Literatures (CUNY). Es autora del libro El documental cinematográfico y televisivo contemporáneo: memoria, sujeto y formación de la identidad democrática española (2013).

Silvia Burunat. Escritora y profesora cubana, residente en Nueva York. Obtuvo un Ph.D. en Lengua y Literatura Española en The City University of New York (CUNY), Graduate Center, donde ejerce la docencia desde hace años. Es autora principal de varios libros de textos sobre la enseñanza del Español, así como de varios libros de memorias, biográficos y de viajes. Últimos títulos publicados:  From Heaven to Earth and Back. Manual para enamorados (2015) y Danny y Danielle y otras historietas (2017).

Esta reseña de la poeta cubana Ena Columbié fue publicada en su blog  El Exégeta: http://elexegeta.blogspot.comel pasado día 20 de abril.

El dolor discreto, encerrado en este corpus poético que expresa más de lo que dice, es ni más ni menos la búsqueda de sí mismo y la de cada uno de los que nos adentramos en su lectura. Eso dice Lilliam Moro sobre el libro Copos en la piel, del poeta Carlos Naranjo (Santiago de Cuba, 1975) y dicha cita me sumerge en la búsqueda de la definición que me aclare su concepto de “dolor discreto”.

Entonces encuentro poemas breves que hablan de dolor:

 

El dolor tiene mil voces

el mío canta como pájaro

al borde de la sombra.

(XXXIV)

 

El dolor se fragmenta dentro de mí

como se han roto tus palabras

a los pies de mis ganas.

(XXXI)

 

Hoy no llevo desafíos en mis ojos

solo mis manos para callar tu dolor

una ventana para gritar tus sueños

(VENTANA VI)

 

Y encuentro versos que también hablan de dolor, no solo del suyo, sino también del de otros:

El dolor tiene mil voces. /el dolor tiene algo que decir. / lo oculto, el dolor, un fajo de poemas, / al dolor de corazones / no se opaca el dolor del que todo lo pierde, / El dolor se fragmenta dentro de mí…

Pero el “dolor” no sólo se representa en el libro con la palabra literal, sino también por medio de la tristeza, de la culpa; por medio de referencias bíblicas y desencuentros. Sí, es discreto definitivamente el dolor de Naranjo, pero el de su persona; con él, Moro posee una entrañable amistad y creo que es a eso a lo que se refiere, al dolor terrible de un joven que pasa por tu lado sin que te percates de su sufrimiento. Con respecto al poemario, es estruendoso, escandaloso frente al dolor, lo muestra de todas formas posibles, sin miedo a decir, sin tapujos grita el dolor que lo escuchen; porque necesita que se lo palien:

 

He lanzado la piedra

porque los ojos de la culpa no duermen

 (MEA CULPA)

 

la tristeza que conozco

es barco varado en tierra

es cadalso en mis manos sobre un cuerpo

(SADNESS)

 

la soledad amordaza mis días,

(90 MILLAS)

 

Muchos son los ejemplos; también tiene razón Lilliam Moro cuando dice: es ni más ni menos la búsqueda de sí mismo y la de cada uno de los que nos adentramos en su lectura; porque él cree que se nota su dolor, que es visible a los demás, y estos versos lo constatan:

 

pero solo encuentro sus ojos clavados

en el dolor de mis entrañas.

(HOMBRE JUNTO AL MAR)

 

Cuando sigues leyendo el poemario, ya sin la atención fija en el dolor, se revela la poesía real. Son poemas del amor más que del dolor, de la añoranza y del desamor. Entonces aparece el sexo como un leitmotiv, y la piel como casa y asidero, y los ojos, los besos, los dedos, las ganas…

El libro está ilustrado por Yuniel Delgado Castilla (La Habana, 1984), que nos remite al recuerdo del arte figurativo de la gran Antonia Eiriz, que a su vez nos remite a Goya, Konning, Dubuffet y otros. Yuniel es pintor, dibujante, ilustrador y escultor cubano. Se graduó en la Escuela Nacional de Bellas Artes San Alejandro en la capital cubana (2011). Su obra ha sido expuesta en diferentes ciudades, como: La Habana, Miami, Pennsylvania, Vigo, Luxemburgo, Boston y Nueva York. Actualmente reside en Miami, su web es:  www.delcastilloart.com

 

Ena Columbié

Miami, abril y 2017.


Ena Columbié. (Guantánamo, 1957). Licenciada en Filología por la Universidad de Oriente. Reconocida poeta y escritora cubana. Como pintora y fotógrafa ha expuesto en varios países. Reside en Miami. Su último poemario, Sepia (Betania, 2016) con prólogo del poeta Juan Carlos Valls, contiene excelentes fotos de su autoría.


Copos en la piel  de Carlos I. Naranjo

2017, 88 pp. Colección Betania de Poesía.

ISBN: 978-84-8017-390-2.


 

Con sumo placer, presentamos el libro de cuentos Danny y Danielle y otras historietas (Betania, 2017) de la profesora y escritora cubana Silvia Burunat, radicada en Nueva York.

Burunat es una prolífica autora, tanto de libros de texto a nivel universitario, como de obras de ficción dentro del género de literatura de memorias, biográfica y de viajes. Como ella misma nos confiesa en sus palabras preliminares de este libro: “Soy escritora de memorias con elementos biográficos (…) La cuentística siempre ha sido un género que poco me ha llamado la atención. Esto es, como creadora, no como lectora. Crecí leyendo narraciones cortas, colecciones internacionales de cuentos indígenas americanos, cuentos escandinavos, cuentos de la India, cuentos árabes, cuentos argentinos, en fin, de diversos países y regiones. Me formé con los cuentos de José Martí, de los más hermosos que existen. Pero a la hora de escribir, la composición de un relato breve me parecía algo muy difícil de lograr, un escrito que yo era incapaz de crear y que no iba a atraer la atención de los lectores”.

Más adelante en el mismo Prefacio, nos comenta: “Comprendí que, si bien no existía una verdadera conexión entre mis narraciones, sí quería yo establecer una temática, aunque no fuera necesariamente muy estricta. La idea de escribir sobre niños, adolescentes y jóvenes, digamos, menores de diecinueve años, me pareció óptima. Hay una frescura, una naturalidad, una espontaneidad en esa época de la vida que se prestan para escribir sobre ello. Igualmente pensé que en mi propia existencia he conocido a muchísimas personas de todo tipo y trasfondo. Siendo, como soy, profesora, han pasado por mis aulas cientos, tal vez miles de alumnos que me han enseñado sobre el paso por la Tierra y las diferencias entre los seres humanos, además de las semejanzas. Tenía frente a mí un tesoro de individuos, experiencias, palabras y hechos que constituirían una fuente de inspiración”.

Danny y Danielle y otras historietas es un libro de cuentos de temática ecléctica si bien con un hilo común: sus protagonistas o personajes que desfilan en estas historietas. Una obra que contiene  narraciones con aspectos humorísticos y pícaros, aunque también hay relatos serios y melancólicos.

Como muestra del buen quehacer literario de Silvia Burunat, ofrecemos a los lectores un cuento de este libro:

 

La bicicleta de Ofelia

 Tenía nueve años, era bastante alta para su edad, delgada y con cabellos muy rubios que le llegaban a la cintura, atados con una cinta de satén blanco para echarlos hacia atrás. Sus ojos azules eran muy bonitos, a pesar de cierto estrabismo que, en vez de restarle belleza, le prestaba un no sé qué de picardía a su carita que siempre sonreía. Daba gusto verla paseándose por las calles empinadas de La Víbora, el reparto donde vivía con su hermana Aida, doce meses menor que ella, junto al resto de la familia que consistía en su madre Josefa, su padre Salvador, su hermanito Mario, quien aún era casi un bebé de tres añitos y Natalia, una parienta lejana que había venido del campo para fungir de ama de llaves, un título rimbombante para no decir sirvienta. Aida no la seguía en sus travesuras pues tenía una personalidad totalmente opuesta a la suya; poseía un interesante sentido del humor y sabía apreciar las travesuras de Ofelia, pero prefería imbuirse en el estudio, especialmente en los recovecos de la gramática castellana que tanto le gustaba y en cuyas clases siempre se destacaba en el Colegio La Domiciliaria donde ambas estudiaban.

Todo este preámbulo no da la impresión de nada extraordinario, si no fuera por la época en que esto ocurría: el último decenio del siglo XIX, cuando las niñas de bien ni soñaban con subirse a una bicicleta en público, compitiendo con los chicos del barrio. Los pantalones les estaban vedados, por lo tanto, la bicicleta se montaba con faldas recogidas a un lado. Por suerte, las medias blancas de algodón hasta por encima de las rodillas, estaban de moda.

Aquello de la bicicleta comenzó un día al salir del colegio cuando Ofelia se detuvo frente a la puerta del plantel para observar a una docena de chiquillos que se lanzaban por las lomas a todo pedal, muertos de risa y a pura gritería. Aquello, obviamente, era mucho más divertido que los tiempos verbales que a Aida tanto le gustaban. Ya, desde el interior del aula, Ofelia había divisado a los muchachos desde una ventana y en medio de la clase de Gramática, cuando Sor Rosa le preguntó: -Srta. Osuna, ¿qué particularidades tiene este tiempo?, refiriéndose a las formas verbales de un párrafo que otra alumna acababa de leer.

-Pues parece que va a llover, observó la rubita con desparpajo. O tal vez, en sus devaneos mentales, había creído que, realmente, Sor Rosa se interesaba por el medio ambiente.

Pues fascinada como estaba con las bicicletas, Ofelia llegó a su hogar aquella tarde con la cabecita llena de ilusiones. Se dirigió a su padre, quien alrededor de una treintena mayor que su esposa, ya peinaba canas y estaba más inclinado a consentir a sus preciosas hijas. –Papá, ¿tú crees que me puedas comprar una bici? Muchos vecinitos tienen y parece algo muy divertido. Por favor, padre querido, ¡cómprame una!

-¿Estás loca, hija mía? ¡Las niñas decentes no montan bicicleta! ¿Cómo se te ocurre semejante desatino? Ofelia, viendo que a su padre casi le daba un ataque cardíaco, se dirigió entonces a su madre. La chica pensaba que tal vez, siendo mucho más joven, iba a ser más comprensiva con sus caprichos. –Mamá, escúchame, ¿podrías convencer a papá para que me compre una bicicleta? Vi a muchos niños tirándose cuesta abajo por las lomitas del vecindario y estoy segura que es divertidísimo. Te prometo mejorar mis notas en las clases si Uds. me compran una y solo voy a usarla los fines de semana. ¡Ay, madre mía, no me niegues mi deseo, te lo pido de favor!

Aquella noche, Salvador y Josefa tenían mucho de qué hablar. Ofelia los traía por la calle de la amargura con sus travesuras y a Aida había que desprenderla de los libros para procurar que fuese algo más sociable. Afortunadamente, Mario era el chiquillo más tranquilito que se pudiera desear, siempre jugando solo con sus trencitos y peluches. Acababa de aprender a caminar, pero nunca se alejaba de los adultos. Era un niño tímido y callado que más remedaba a Aida que a su hermana mayor. -¿Qué te parece el nuevo capricho de Ofelia? ¡Nada menos que una bicicleta! Con nueve años y pensando en semejante desatino. Josefa se mostraba pensativa y, después de un corto silencio, comentó: -Yo creo que, efectivamente, no sería una buena idea comprarle una bicicleta. Nunca he visto triciclos, pero me parece que también son para chicos. He oído decir que en los Estados Unidos se han puesto de moda estos juguetes y que tanto unos como otras disfrutan de ese deporte. Pero aquí…

Y así continuó la conversación hasta que el sueño los venció. Esa noche tuvieron pesadillas: Ofelia subida en un monociclo, trabajando en un circo con Aida, vestida de payaso a su lado y Mario en una cesta al frente de los manubrios. Al despertar al  siguiente día, descubrieron que ambos habían soñado lo mismo. Llegaron a la conclusión que su compenetración de cónyuges era tan profunda, que hasta compartían iguales sueños.

Mientras tanto, la traviesa Ofelia también había viajado al mundo de las ilusiones mientras dormía. Se veía vestida de princesa, con tules y gasas blancas y azules, de pie sobre el asiento de una bici, corriendo a no se sabe cuántos kilómetros por hora por cuanta calle había en su barrio. Iba al frente, de líder de un grupo de jovencitos que la aplaudían sorprendidos de su temeridad. La estudiosa Aida estaba en la acera, con una expresión de reprimenda en el rostro y el índice de la mano derecha alzado, en señal de desaprobación.

A la mañana siguiente de un sábado esplendoroso y tropical, Ofelia se levantó más temprano que de costumbre. Fue al baño para asearse, se vistió, se puso sus medias largas de algodón, se fue a la cocina donde ya Natalia estaba preparando el desayuno y seguidamente, se tomó un tazón de leche y un pedazo de pan con aceite de oliva. Dando saltos y soltando risitas picarescas, Ofelia se dirigió a la puerta de su casa con Natalia que le corría detrás. -¿Adónde vas, niña? –Voy a la esquina a recoger unas florecitas que hay en el terreno aquí al lado. Vuelvo en unos minutos.

Ofelia se dirigió hacia la calzada, a tres calles de su casa. No tenía que cruzarla, pues la tienda que alquilaba bicicletas estaba en la misma esquina. En ese momento estaban abriendo las puertas y la niña, temblando de felicidad y con las mejillas más coloradas que nunca, se acercó al Sr. Ricardo. –Buenos días, ¿cuánto cuesta  alquilar una bici por una hora? –Un real (diez centavos). ¿Para quién es? –Para mi primo que acaba de llegar del campo. Mire, aquí tengo la moneda, déme aquella roja, la más bajita, mi primo nada más tiene ocho años. –Bien, son las nueve, devuélvemela a más tardar a las 10 y media, si no te cobro otro real.

La rubita atrevida salió de allí con la expresión de felicidad mayor que nadie haya podido observar en su vida. Cuando llegó al tope de una de las lomas, allí estaban como diez chicos reunidos. Ese sábado había competencia y todos iban a participar. El ganador recibiría muchas felicitaciones y un gran cono de granizado del vendedor de la esquina. Ofelia sabía que iba a triunfar y ya se relamía de gusto pensando en el granizado de fresa y anís que tanto le gustaba. Nunca había montado en bicicleta, pero sí había observado cada movimiento de los muchachos de su barrio y estaba convencida que podría hacerlo. En unos minutos, todos estaban preparados. Ofelia se subió a la bici junto a un poste, para recostarse mientras se acomodaba en el asiento y recogía la falda de un lado. El corazón le latía hasta en las sienes. Invocó a todos los santos que conocía y que las monjas de La Domiciliaria le habían mostrado en un libro de hagiografía y, por fin, pedaleó para iniciar el descenso.

La valiente Ofelia apenas tuvo que esforzarse pues la cuesta era bastante empinada. Como un bólido, el viento despeinando la rubia cabellera y los ojos azules algo más bizcos que de costumbre, llegó a la meta… ¡la primera! Los amiguitos del barrio, para su sorpresa, en vez de reírse, burlarse o molestarse por su triunfo, comenzaron a aplaudirla. La niña no podía creerlo. Cuando se repuso de su mezcla de euforia y susto, su vecino, un chico llamado Miguel, le presentó el esperado cono de granizado de fresa y anís.

Eran casi la diez y media y Ofelia recordó que el Sr. Ricardo le había dicho que tendría que devolver la bicicleta a tiempo o le cobraría otro real. Así, una vez consumido el granizado, se fue andando las tres calles que la separaban del establecimiento. Al llegar, el reloj marcaba la diez y cuarenta y cinco minutos. Le esperaba algo extraordinario: los chicos del barrio se le habían adelantado y estaban reunidos en la tienda. El dueño, con una expresión afable, la recibió diciéndole: -Srta. Ofelia, ya me enteré de su triunfo y la felicito. Aquí sus amigos y yo hemos decidido que Ud. merece un regalo y cuál mejor que entregarle la bicicleta. Llévesela a su casa como un obsequio de sus admiradores del barrio. Es Ud. la niña más valerosa de La Víbora y la felicitamos.

Y así fue como “la bicicleta de Ofelia” pasó a ser una leyenda en aquel vecindario habanero.

……………………….

A los treinta relatos de Silvia Burunat, se le suma -como colofón- el cuento “La Diabla” del profesor y escritor Ángel Estévez.

En la portada se reproduce la obra  Las gigantillas (1791-1792) de Francisco de Goya y Lucientes.


Silvia Burunat. Profesora y escritora cubana. Doctora en Lengua y Literatura Española (Ph.D.).  Desde hace años, reside en Nueva York, ciudad donde ejerce la docencia en el City College.

Autora, junto a otros colaboradores, de los libros de texto: El español y su sintaxis (2010), El español y su estructura (2012) y El español y su evolución (2014), entre otros, y de los títulos:  Jornada de amor y lágrimas (2006), Josefa y Josefina (2007), Monólogos dialogados (2008), Autobiografía póstuma (2009), Fantasías reales en tiempo presente y en cinco continentes (2010), Diecisiete memorias y un prólogo (2010), From heaven to Earth and Back. Manual para enamorados (2015) y Danny y Danielle y otras historietas (2017).


Danny y Danielle y otras historietas, de Silvia Burunat.

2017, 184 pp. Colección NARRATIVA.

ISBN:   978-84-8017-387-2.

PV:   15.00 euros ($20.00).

El miércoles 12 de abril se presentará en la librería BOOKS & BOOKS (de Coral Gables)  el libro Antología de la poesía en Cuba: 1880-1959 (Betania, 2016) del profesor y poeta cubano Dr. Carlos Manuel Taracido (Güines, 1943) que reside en la ciudad de Miami.

Presentará el libro la Dra. Marta Miranda.

Lugar: Librería Books & Books: 265 Aragon Ave. Coral Gables, FL 33134. Teléfono: (305) 442-4408.

Hora: 7.00 p.m.

Fecha: 12 de abril de 2017.

 

Nos complace presentar el libro La órbita poética de A. P. Alencart. Ensayo del poeta y escritor colombiano Jaime García Maffla, coedición de Betania con las ediciones Hebel de Chile.

Esta obra  se inicia con unas palabras preliminares de García Maffla, seguidas de treintaiún capítulos que desbrozan la trayectoria poética del poeta peruano-español (y salmantino) Alfredo Pérez Alencart (Puerto Maldonado, 1962) y que configura un amplio ensayo sobre la obra lírica de este “poeta de todas partes”.

En esta entrega, García Maffla inserta sus sabias reflexiones con versos del bate estudiado, en una especie de mestizaje poético y filosófico que parte del análisis de los versos de Alencart para ahondar en su significado.

La órbita poética de A. P. Alencart…se suma a otros dos libros que estudian la obra de este poeta, como: Pérez Alencart: la poética del asombro (2006) del poeta y profesor venezolano Enrique Viloria y Alencart, poeta de todas partes (2015) donde sesenta escritores y críticos dejaron su testimonio sobre su libro Los éxodos, los exilios, de 2015, y también coordinado por el  mencionado Viloria.

En una reciente entrevista  que le realizó Miguel Retuerto (“La poesía es un juego muy serio, y, como todo juego, tiene sus reglas”, en Crear en Salamanca, 21 de marzo de 2017), Alencart dejaba constancia de su criterio sobre esta edición de García Maffla:

 

 “-Es un auténtico muestrario de cómo deberían ser siempre los abordajes a la obra de un poeta. Cuando lo hace otro poeta, que además es filósofo y filólogo, como Jaime, lo cierto es que el resultado solo puede ser un deleite para propios y extraños, una recreación que tiene buenas porciones de poesía y otras tantas de un pensamiento que invita a reflexionar sobre el sentido último de la poesía y de la existencia.

García Maffla ha escrito un ensayo que realmente orbita sobre los distintos ramajes de mi decir poético. Y lo hace sin empalagos, sin obtusas erudiciones mal avenidas: su sapiencia fluye serena en torno a los fragmentos de mis versos que le sirven como brújula inicial, para luego ir buceando por todos sus niveles”.

 

Alfredo Pérez Alencart ejerce la docencia en la Universidad de Salamanca y, además, es el coordinador, desde 1998,  de los Encuentros (anuales) de Poetas Iberoamericanos que organiza en dicha ciudad, donde ha desarrollado una amplia y fecunda labor como promotor cultural, desde hace décadas. Es autor de una quincena de poemarios, siendo sus más recientes títulos: El sol de los ciegos (2014),  Los éxodos, los exilios (2015) y El pie en el estribo (2016). Merece resaltar  los títulos de sus últimas antologías: Antología Búlgara y Monarquía del asombro, ambas de 2013, y  mencionar los Premios obtenidos: Poesía Medalla Vicente Gerbasi (Venezuela, 2009), el Jorge Guillén de Poesía (España, 2012) y el Humberto Peregrino (Brasil, 2015), entre otros. Además dirige y edita la revista salmantina Crear en Salamanca: www.crearensalamanca.com

En la portada se reproduce un retrato de Alfredo Pérez Alencart pintado por José Carralero. También acompañan esta edición unas ilustraciones interiores de Miguel Elías que enriquecen este tomo.


Jaime García Maffla (Cali, 1944). Poeta, filósofo y ensayista colombiano. Estudió Filosofía y Letras. Considerado un experto en la obra de Cervantes, es uno de los poetas más relevantes de Colombia y Latinoamérica. Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia (1997). Autor de más de una docena de poemarios, sus últimos títulos son: Busques en la Rada-Lais (2014), De las señales (2014) y la antología poética Herida del juglar (2016).


La órbita poética de A. P. Alencart. Ensayo, de Jaime García Maffla.

2017, 252 pp. Coedición: Ediciones Hebel / editorial Betania.

ISBN: 978-84-8017-391-9.

Nos complace presentar el poemario Copos en la piel (Betania, 2017) del poeta cubano Carlos I. Naranjo (Santiago de Cuba, 1975).

En palabras de la poeta cubana Lilliam Moro: “Como un monje copista medieval, afanado en mostrarnos la mejor caligrafia de su ser poético, Carlos I. Naranjo ha logrado en Copos en la piel  la cuidadosa expresión de su mundo interior, donde pugna la tensión por lograr el equilibrio entre el eros y la trascendencia, mediante los versos precisos y pausados de ese “hombre que se acurruca junto al mar”, pero que a veces libera metáforas vehementes como “murmurarte a dentelladas”. El dolor discreto, encerrado en este corpus poético que expresa más de lo que dice, es ni más ni menos la búsqueda de sí mismo y la de cada uno de los que nos adentramos en su lectura”.

Esta entrega, compuesta por 49 intensos poemas, confirma la trayectoria poética de su autor; iniciada con el libro Irónicamente positivo (2003).

Como muestra de este buen quehacer poético valgan unos breves poemas de este título que hoy presentamos:

 

CICLO

 

En un inicio eran solo sus sueños,

los pintaba con polvo de estrellas,

en las paredes de la casa y al lado de sus muertos,

en los muros de una ciudad que se extingue.

Les tatuaba en su espalda,

planicies de piel inundadas de historias.

Aprendió a teñirles en el lienzo,

en el sexo con quien nunca tuvo sexo.

Sueños manchando cartas a desconocidos,

en los poemas de hojas amarillas,

en la tristeza que llega siempre,

y en la frente de los que urgen

que pare de pintar tantas quimeras.

 

 

 

90 MILLAS

 a Javier Azahares.

 

Un viento de sal se ha colado en mi esperanza,

ante noventa millas que nos separan.

No lo sospeché ese junio,

el mundo no era permeable.

Me han castrado los ancestros

mi tumba ha sido vendida al mejor postor.

Maldigo siempre a la mar,

a tus dedos,

los besos que aún queman mi sexo.

Pretendo borrar mis tardes y mis rimas,

cegar el pozo de esta conmoción,

no puedo odiarte,

tu aroma da vida a mis silencios,

te me agarras al alma cada vez que te veo

la soledad amordaza mis días,

mis dedos resbalan en la ausencia.

 

 

LA MUERTE DE MARAT

 

Distendido al borde de la cama

inclino la cabeza y entono un réquiem.

Luego de un sexo a tientas

recuerdo a Marat

la misma muerte

ojos cerrados

los míos fijos en el metrónomo de un jadeo.

Con la pluma en mano

memorizo el poema con gritos de parto.

Sangre blanca salpica el silencio

mi cabeza descubierta de enojos.

Ambos soñamos con la daga.

 

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En la portada -y en el interior del libro- se reproducen obras del pintor cubano Yuniel Delgado Castillo (La Habana, 1984) residente en la ciudad de Miami.

 


Carlos I. Naranjo (Santiago de Cuba, 1975). Licenciado en Filología inglesa por la Facultad de Letras de la Universidad de Oriente, Cuba, y por el Instituto a Distancia Enrique Pérez-Serantes de la Universidad de Comillas, España. Además, realizó estudios de postgrado en la Universidad Internacional de la Florida (FIU).  Ha sido profesor de Inglés y actualmente trabaja en el área de servicios sociales en Miami, ciudad donde reside.

Autor de los poemarios: Irónicamente positivo (2013) y Copos en la piel (2017). Su poesía ha sido seleccionada en las antologías Balseros (2015), Segunda antología poética Eliluc (2015), Versos paralelos (2015) y No resignación (2016) y ha publicado sus versos en las revistas Signum-Nous, Baquiana y Conexos de Miami.


Copos en la piel de Carlos I. Naranjo

2017, 88 pp. Colección Betania de Poesía.

ISBN: 978-84-8017-390-2.

PV: 12.00 euros ($15.00).

El pasado 4 de marzo se realizó la presentación del libro Como Dios manda. La Biblia a la luz de Cristo (Betania, 2016), de Eddy De La Hoz. El acto se celebró en el hotel Ramada Inn de la ciudad de Fishkill en el estado Nueva York. Elizabeth Pacheco, estudiosa y profesora de enseñanza bíblica, hizo la presentación del libro y del autor ante más de un centenar de asistentes. Durante el emotivo acto donde estuvieron presentes pastores de diferentes iglesias, el autor hizo la narración de tres breves historias personales que ilustran la razón, el propósito y el futuro de este libro. En el propio volumen se destaca esta relación ejemplar entre la experiencia y el aprendizaje en el camino del enriquecimiento espiritual. Del encuentro salió el compromiso de hacer una edición del libro en inglés.

El autor, Eddy De La Hoz, durante la presentación de su libro Como Dios Manda, La Biblia a la luz de Cristo. (Betania).

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