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Sin patria, pero sin amo.

               José Martí

 

Lamentamos comunicar el fallecimiento de la poeta y escritora cubana Lilliam Moro Núñez, el pasado sábado 14 de marzo, en su casa de Miami.

En 1965,  siendo una joven estudiante habanera, Lilliam irrumpió en la poesía cubana al ganar el Primer Premio del Concurso “13 de Marzo” al que concurrían los alumnos de las Escuelas de Letras de las universidades cubanas, con su poemario El extranjero. Libro que no fue publicado por considerase contestatario … En esos años universitarios,  se vinculó al grupo de escritores reunidos alrededor de las Ediciones El Puente (1961-1965) que dirigía el poeta José Mario.

En su patria, realizó estudios de Magisterio en el Instituto Pedagógico Makarenko y se licenció en la Escuela de Letras y de Artes de la Universidad de La Habana. Trabajó como profesora de Literatura en un preuniversitario y publicó críticas y poemas en revistas cubanas de la época, como La Gaceta de Cuba, Unión, Bohemia  y Casa de las Américas.

En 1970, tomó el duro camino del exilio: Primero, residió cuarenta años en España y, posteriormente,  unos años en Puerto Rico hasta terminar una década en Miami.

En España, trabajó durante años en la editorial Playor, que dirigía Carlos Alberto Montaner en Madrid y con posterioridad  en la casa editora Plaza Mayor de Patricia Gutiérrez (Hija de Eloy Gutiérrez Menoyo) en Puerto Rico.

Su extensa bibliografía se puede sintetizar en estos títulos,  escritos y publicados todos en el destierro: Poemarios: La cara de la guerra (Madrid,1972), Poemas del 42 (Madrid: Playor, 1989), Cuaderno de La Habana (Madrid: Fundación Cultural Olivar de Castillejo, 2005), Obra poética casi completa, Contracorriente (Salamanca: Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador, 2017),  El silencio y la furia (Miami, 2017 ), Tabla de salvación (Madrid: Betania, 2018) , Viaje hacia el horror (Madrid: Betania, 2018)  y Ese olor a después (Miami: Ediciones Furtivas, 2020). Novelas: En la boca del lobo (Madrid: Verbum, 2004), I Premio de Novela Corta “Villanueva del Pardillo” y Las reencarnaciones de Mamá Inés (Miami: Ediciones Furtivas, 2020).

Además de poeta y narradora, realizó ediciones críticas-didácticas de clásicos de la literatura española,  como: Novelas ejemplares y Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, El Lazarillo de Tormes, Poema del Cid, La verdad sospechosa de Juan Ruis de Alarcón, Peribánez y el Comendador de Ocaña de Lope de Vega, La Celestina de Fernando de Rojas, El burlador de Sevilla de Tirso de Molina, La vida es sueño de Calderón de la Barca, entre otras.

Una selección inicial de poemas de Lilliam Moro apareció en la antología  Segunda novísima de poesía cubana  (La Habana,: Ediciones El Puente, 1964) del poeta cubano José Mario. Sin embargo, esta edición fue censurada y no llegó a publicarse en Cuba. Esta obra se puede leer en el libro Ediciones El Puente en La Habana de los años 60: lecturas críticas y libros de poesía (México: Ediciones del Azar, 2011)  de Jesús J. Barquet.

Otras selecciones de su poesía pueden leerse en: Poesía Cubana Contemporánea (Madrid: Catoblepas, 1986), en Poetas Cubanos en España (Madrid: Betania, 1988) de Felipe Lázaro, en  La poesía de las dos orillas. Cuba, 1959-1993) de León de la Hoz (Madrid: Libertarias / Prodhufi, 1994 y Madrid: Betania, 2018), en la Poesía Cubana: La Isla Entera (Madrid: Betania, 1995) de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora, en la Antología de la poesía cubana. Tomo IV (Madrid: Verbum, 2002) de Ángel Esteban y Álvaro Salvador, en la Antología de la poesía cubana del exilio (Valencia: Aduana Vieja, 2011) de Odette Alonso y  en Otra Cuba secreta. Antología de poetas cubanas del XIX y del  XX (Madrid: Verbum, 2011) de Milena Rodríguez Gutiérrez,  entre otras.

También, como poeta,  fue invitada y participó en los Congresos de poetas iberoamericanos celebrados en la ciudad de Salamanca (2009 y 2017).

Como homenaje a la trayectoria poética de Lilliam Moro (La Habana, 1946 – Miami, 2020), ofrecemos a nuestros lectores una breve selección de  cuatro poemas:

 

 

Ofelia flota sobre las aguas verdes

 A Sir John Everett Millais

Ofelia flota sobre las aguas verdes,
su cabello enredado entre nenúfares,
los juncos de la orilla.

Los pececillos de colores entran en sus oídos
Con su batir de aletas diminutas
Reproduciendo el perenne murmullo de la alucinación.

Ofelia flota y está inmóvil.
Bajo sus párpados conserva la imagen última:
el fugaz pajarillo, la abeja sobre el lirio,
las ojeras del príncipe de Dinamarca.

La conciencia se desvanece lentamente con su cerebro
que ya de descompone.
Pero no habrá descanso para la dulce Ofelia:
la locura no es alimento de la muerte
y flotará –como ella ahora-
sobre los ruidos del cuerpo reventándose,
sobre el hedor de sus emanaciones
y aun cuando todo esto haya pasado
persistirá en los órdenes desconocidos,
en los recuerdos que en los demás pervivan,
en el remordimiento del ojeroso príncipe.

 

Elogio del danzón

 En recuerdo del primer danzón,

Las alturas de Simpson, 1879.

Para Ana Riutort

          

Inquieta abre la puerta llenando aquel salón
la herencia afrancesada,
el experto compás que intenta una cadencia
más colonial si cabe. Son las luces
que blanquean la piel como es debido.
La contradanza está sonando.

No obstante la levita y el cuello almidonado.
las largas y acampanadas faldas,
se cuela entre los pies un ritmo abrupto,
melancólico suena en aire y percusión:
toque negro insolente pese a las muchas luces.

Y el cochero allá afuera sonríe picaresco
y el que lleva las copas de ponche se estremece:
el flautita mulato se ha estado congraciando.
Han nacido el danzón y muchas cosas:
Las alturas de Simpson están tomadas ya.

 

Precauciones

Cuando amanezco, a veces,
una mirada en derredor me dice
que vivir es muy fácil:
-tengo todo mi cuerpo en buen estado,
trabajo, como recibo a veces cartas.,
y tengo compañía-

Cuando amanezco, a veces,
una mirada en derredor me dice
que no abra la puerta si me llaman,
que no coja el teléfono
y que ningún periódico se escurra
de puertas para adentro:
porque afuera está aullando la fiera de la desesperanza
porque allí está de guardia el hecho imprevisible
porque un montón de cosas se me vienen encima
sin que yo las comprenda.

 

En memoria de ellos

Los poetas poetas
mueren en vida o se suicidan
o se entregan al virus de las tres iniciales
o abren las puertas al cangrejo que camina de lado
y los devora internamente como si fuera un gran amor.

Los poetas poetas,
los que desprecian las certezas,
los aguafiestas, lo que visten tan mal,
son los que eligen arder como en la alquimia
para crear los mundos imposibles
que sustituyan la sonrisa forzada,
la mediocre metáfora,
el premiecito que los compra,
la otra mejilla puesta para la bofetada
del que administra las medallas y el hambre.

Los poetas poetas se arriesgan al olvido,
la peor de las muertes.

*    *     *

Desgraciadamente, otro poeta cubano muere en el exilio… Pero estas recurrentes muertes -lejos de la patria- representan un gran  testimonio y  una denuncia contundente contra uno de los mayores crímenes del régimen del 59, responsable de este masivo destierro vitalicio que ya dura más de 60 años…

Por esta tragedia exiliar cubana, hoy más que nunca, hay que recordar que estos “muertos de la Patria” (Virgilio Piñera, dixit) jamás fueron emigrantes, sino sucesivos  exiliados políticos y, entre esos millones de ciudadanos cubanos, nuestra admirada Lilliam Moro -como poeta y escritora cubana- mantuvo una dignidad  de disidente ejemplar y su postura radical contra el castrismo estalinista siempre fue una constante en su vida de desterrada.

Al  menos, solo nos conforta saber que la obra literaria de nuestros ilustres muertos exiliados se recordará para siempre en cada rincón de nuestra Isla, como  señalaba Lilliam al final de su poema  “Meditaciones de Odiseo”: “Para ti todo ha terminado. / Ya sólo eres un hombre que muy pocos recuerdan. / Ha sonado el portazo de Dios / y estás del otro lado”.

¡Descanse en paz nuestra amiga Lilliam!

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Para completar este recuerdo-homenaje, ofrecemos la versión digital  (PDF) de los dos títulos publicados por Lilliam Moro en Betania (2018)  para su lectura  y descarga GRATUITA. Son su poemario Tabla de salvación y la separata Nº 12 con el poema Viaje hacia al horror.

Tabla de salvación

Viaje hacia el horror

 

 

 

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Nos enorgullece presentar Viaje hacia el horror (Betania, 2018) de la poeta cubana Lilliam Moro (La Habana, 1946), que publicamos en la Colección Separatas, en forma digital. Actualmente la autora reside en Miami después de vivir cuatro décadas en España.

Homenaje a las víctimas que murieron al ser hundido el remolcador donde intentaban huir de Cuba pacíficamente el 13 de julio de 1994.

Esta entrega poética se centra en conmemorar (y recordar), a los 24 años transcurridos del criminal suceso, el hundimiento del remolcador 13 de Marzo por las fuerzas armadas del régimen castrista (el 13 de julio de 1994) donde viajaban 72 ciudadanos cubanos que huían de Cuba hacia la Florida. De estos, murieron asesinadas 37 personas, incluidos 10 niños. ¡Uno de los crímenes más execrables del régimen del 59 en estas seis décadas plagadas de horror, sufrimientos y atropellos contra el pueblo cubano!

Esta separata se puede leer y descargar GRATIS pinchando la portada, por lo que animamos a su difusión.

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Lilliam Moro: poeta y narradora cubana. Ha publicado los poemarios: La cara de la guerra (Madrid, 1972), Poemas del 42 (Madrid, 1989), Cuaderno de La Habana (Madrid, 2005), Obra poética casi completa (Miami, 2013), Contracorriente (Salamanca, 2017), El silencio y la furia (Miami, 2017), Tabla de salvación (Madrid, 2018) y Viaje hacia el horror (Madrid, 2018). Es autora de En la boca del lobo, Premio de Novela (Madrid, 2004).

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Nos complace presentar la edición digital del poemario Tabla de salvación (Betania, 2018) de la poeta cubana Lilliam Moro (La Habana, 1946) residente en Miami.

Esta nueva entrega poética de Moro se divide en 4 partes: Declaración de intenciones, Homenajes, Ávila en el corazón, Los corazones desbocados y finaliza con un Epílogo lírico (que contiene dos poemas); cerrando el libro “Elegía de Madrid”.  En total,  consta de 27 poemas que se ven acompañados por ilustraciones (portada y páginas interiores) del pintor español Pedro Martínez de Quesada que salpican toda la obra.

Como muestra del buen quehacer literario, de una de las voces más relevantes de la actual poesía hispanoamericana, les brindamos a nuestros lectores  tres poemas:

 

Arte poética

 

Ninguna línea sobra

ni una palabra está de más

ni de menos.

Pero el poema todavía no existe

porque hay un verso único,

inencontrable,

al que solo la furia luminosa puede tener acceso:

un destello que ciegue,

que contenga el misterio

y nos corte la respiración.

 

 

Las palabras se las lleva el viento

 

Para Carlos Espinosa Domínguez.

 

Como si lo soplara algún dios iracundo,

el viento aquella tarde abulense nos lanzaba

por entre callejuelas y avenidas:

lo que apenas podíamos hablar

se escapaba en el aire que nos iba robando las palabras.

A veces es así, como el refrán que nos advierte

que las palabras se las lleva el viento.

Las escritas, a veces, sólo a veces,

resisten.

Y las que no se dicen, ¿dónde quedan?

¿en qué espacio virtual entre la mente y la garganta

se esconden, protegiéndose

de los vientos feroces,

de la página impresa?

 

 

Con los ojos abiertos

 

Una noche de insomnio es un cuaderno

lleno de historias inconclusas,

mal escritas,

con finales patéticos o sin ningún final,

es una mano abierta que no retuvo nada,

y siempre la esperanza que promete

lo que no va a cumplir.

Son todas las preguntas que se han hecho

y las que no se han enunciado todavía;

es la película vista tantas veces

pero de la que aún desconocemos el final;

los queridos recuerdos

y lo que no logramos sacudirnos de encima.

 

Una noche de insomnio son los ojos abiertos

en medio de la Nada

y el desconcierto de no encontrar a Dios.

 


La versión digital (PDF) de este libro se puede leer y descargar GRATIS entrando en nuestro blog EBETANIA: https://ebetania.wordpress.com  Buscando este título en una de las ventanas EBOOK y pinchándolo. También se puede reenviar y regalar, su difusión es gratuita.


Lilliam Moro (La Habana, 1946).  En 1965 obtuvo el Primer Premio de Poesía con El extranjero  en un concurso celebrado entre las universidades cubanas. Perteneció al grupo de Ediciones El Puente. Fue profesora de Literatura de preuniversitario y sus críticas y poemas se publicaron en la prensa periódica de la Isla.

En 1970 se marchó de Cuba hacia España, donde ha vivido más de cuatro décadas. Actualmente reside en Miami.

Ha publicado los poemarios La cara de la guerra (1972), Poemas del 42 (1989), Cuaderno de La Habana (2005), Obra poética casi completa  (2013), Contracorriente (2017) ganador del Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador” de Salamanca, El silencio y la furia  (2017) y Tabla de salvación (2018).  En el 2004, obtuvo con su obra En la boca del lobo el Premio de Novela “Villanueva del Pardillo” de Madrid. También es autora de varias ediciones críticas de clásicos de la literatura española y de numerosos artículos de crítica literaria.


Tabla de salvación de Lilliam Moro.

2018, 72 pp. Colección Betania de Poesía.

ISBN: 978-84-8017-101-5.

Ebook.

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El pasado viernes 9 de marzo se presentó el poemario Los cuervos y la infamia (Betania, 2018) del poeta cubano Félix Anesio (Guantánamo, 1950) en la librería Altamira de Coral Gables, Miami. Presentó la poeta y escritora cubana Lilliam Moro. Dicho acto contó con la asistencia de un concurrido público.

PALABRAS DE PRESENTACIÓN DE LILLIAM MORO

LOS CUERVOS Y LA INFAMIA

 

Este nuevo poemario de Félix Anesio, Los cuervos y la infamia, se asienta en el concepto del símbolo, ya utilizado en su anterior libro, El ojo de la gaviota. Así que para hablar de su poética nos gusta utilizar la frase: “En el principio fue el símbolo”, en este caso como complemento del bíblico Verbo.

Más que una metáfora, el símbolo alcanza el grado de imagen, es decir, logra la imagen poética superando cualitativamente la metáfora, como un salto pictórico o verbal en el vacío.

Cuando el sustento del hombre primitivo dependía de la caza, dibujaba bisontes y venados en las paredes de las cuevas de Altamira y Lascaux, es decir, expresaba su necesidad básica representándola pictóricamente. Pero este acto encerraba también una especie de magia propiciatoria pues lo representado constituía un símbolo, lo mismo que los poetas, desde los albores de la civilización, utilizamos el símbolo como un discurso retórico, como si cristalizáramos una metáfora para convertirla en imagen, síntesis del verbo creador.

Pero por su carácter sintético, el símbolo también posee las limitaciones de la dualidad. Así vemos la dicotomía de los colores negro y blanco en el ying y el yang de las culturas orientales, pero que no implica aspectos negativos ni positivos: son las dos caras de la vida. Parece ser que somos occidentales los que atribuímos cualidades al color, de ahí que el luto se represente con vestimentas negras y la pureza con el color blanco; la Paz y el Espíritu Santo se simbolizan con una paloma blanca, mientras que la maldad y los malos presagios con el cuervo, ave que popularizó Edgar Allan Poe en su poema y la terrible realidad de la película Los pájaros, de Alfred Hitchcock, aunque debemos señalar que Poe trasciende el símbolo primario del cuervo cuando dice que esta ave se posa en un busto de Palas Atenea, la diosa griega de la sabiduría, dándole así un carácter metafísico al ave.

Parece que el ser humano siente cierta fascinación por las aves cuando admira el frágil aleteo del colibrí o la belleza ostentosa del pavo real, pero yo me atrevo a creer que en el fondo hay cierta envidia por la capacidad de volar asociado con el sentimiento de la libertad plena, ya manifestada en la leyenda de Ícaro en la Antiguedad y en las ideas de Leonardo da Vinci en el Renacimiento. Los seres humanos sólo logramos construir la Torre de Babel y con ese afán soberbio de trascendencia lo único que conseguimos fue la confusión de las lenguas.

Félix Anesio recuerda a su padre al mirar el ojo de un ave en su anterior poemario El ojo de la gaviota, y ahora en este que presentamos hoy, Los cuervos y la infamia, el símbolo se hace múltiple, con variados matices, con lo que logra trascender el esquematismo; muestra el lado oscuro del ser humano pero es un símbolo de múltiples posibilidades, es decir, trasciende la obviedad.

Por ejemplo, en el primer poema del libro “Los seminaristas”, donde describe y narra el paso de los aspirantes a sacerdote por la habanera calle Obispo, no menciona el color negro de las sotanas pero la atmósfera que los envuelve al caminar bajo el sol, el olor a sudor, el sexo que se esconde bajo el pudor y la pesada vestimenta, expresan un ambiente mórbido, lo que remata con el verso final: Aún nos puede llenar de turbación la imagen que recuerdo, O sea, el lado oscuro de las pasiones no se manifiesta por el color, sino por la imagen de lo oculto, lo arcano en el ser humano.

O bien en el poema “En las altas horas” la noche es el momento del encuentro a solas del individuo consigo mismo, propicio para la poesía.

En el poema “Rara Avis” donde se detiene en los pormenores de la triste vida marginal del deforme John Merrick, el lado oscuro del corazón se manifiesta también a plena luz del día cuando las burlas y el escarnio escenifican la falta de compasión, todavía más evidente en el poema “El Callejón de los Venidos”, un amplio desfile de almas muertas que habitan cuerpos decadentes que esperan el final de los finales.

Es decir, en el poemario Los cuervos y la infamia el símbolo se amplifica porque trasciende la obviedad. Cuando Félix Anesio escribe un poema de tres versos que considero muy logrado: “Ceremonial litúrgico”: Nos consumimos/como cirios/en el altar de nadie, añade la frustración a la soledad, al desamparo, a la ausencia de compasión y a la turbulencia oculta de las pasiones en los poemas citados anteriormente. ¿Qué es, si no, esta imagen: Un hombre en una esquina del mundo/permanence en silencio? O bien, la frustración explícita de este verso final: Esta noche no soñaré, no debo.

Todo poeta incluso el más rompedor, es un moralista. Quiere crear en sus poemas una alternativa ética, deseable, utópica, diferente a la realidad que rechaza. Y Félix Anesio nos muestra en Los cuervos y la infamia, su ética existencial: la infamia es la ausencia de la compasión, incluso hacia uno mismo cuando la contención se impone, y en esta situación el cuervo —aquel posado en el busto de la diosa griega de la sabiduría— quizás no sea la oscuridad sino la luz que ha de venir tras “la noche oscura del alma” ya expresada por San Juan de la Cruz, el patrón de los poetas.

Y que mejor final para esta presentación que el mágico verso de José Lezama Lima: Un pájaro y otro ya no tiemblan.

Miami 9 de marzo de 2018

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