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Posts Tagged ‘Magali Alabau’

Volver_p4Hemos llegado a Ilíon_EBOOK_Página_68fotoArtículo del poeta y escritor cubano Francis Sánchez  (Ceballos, 1970) recientemente publicado en la revista ÁRBOL INVERTIDO (Ciego de Ávila, Cuba) Nº 62, septiembre-diciembre del 2014; págs 16-19: www.arbolinvertido.blogspot.com

Ella puede representar, por sí sola, el drama de una generación que tuvo el pecado original de la “inocencia” en flor, pues fue cortada, marginada por la Revolución cubana desde muy temprano, o lo que es lo mismo, arrojada de Cuba, cuando ya se había producido la sustitución forzosa de la patria por un dogma político. Acusada de “desviación sexual”, le troncharon sus estudios de arte en Cubanacán, en el tercer año de la carrera. Con otros expulsados fundó Teatro Joven, y estrenó Los Mangos de Caín, de Abelardo Estorino. Pero la puesta en escena quedó prohibida al tercer día. Definitivamente, se le desterraba de un planeado paraíso comunista.

Vivió durante 28 largos años en Manhattan. Allí, trabajando duro para no quedarse sin sueños, creó con Manuel Martín el Teatro Dúo, donde dirigió, actuó y produjo obras como La noche de los asesinos, de José Triana, y Dos viejos pánicos, de Virgilio Piñera, en la época en que el hoy venerado autor sufría censura en Cuba.

Pero aún le esperaba otro giro en pos de tomar la Palabra esencial, corporizar su voz, proyectándose más allá de escenarios teatrales. Tras retirarse de las tablas, comenzó a escribir poesía. Obtuvo el Premio de Poesía de la revista Lyra (New York, 1988), la Beca Oscar B. Cintas de creación literaria (1990-1991) y el Premio de Poesía Latina del Instituto de Escritores Latinoamericanos de Nueva York, en 1992. En Chile se publicó su primer poemario: Electra, Clitemnestra (1986), título inicial de una importante lista de libros que actualmente se estudian en universidades y no dejan de reseñarse entre signos admirativos. Luego, se han sumado: La extremaunción diaria (1986), Ras (1987), Hermana (1989), Hemos llegado a Ilión (1992), Liebe (1993) y Dos mujeres (2011).

Resonancias, y ganancias, de su experiencia teatral, aparecen en la naturaleza conflictiva de su escritura. La expresión de su Yo más íntimo, explora con fruición altibajos de otras personalidades potenciales. Su intimidad, tal como se muestra en versos donde prima el tono conversacional y una disposición de puntos de vista casi gestual, representa un sin fin de cuerpos, vidas y espacios latentes que realizan el sentido de pertenencia de la autora a lo inmaterial: a mundos abolidos, tronchados o pospuestos por efecto de circunstancias externas, negativas; pero también a los mundos arquetípicos que se fundan en la nostalgia, soñados, y sencillamente intransferibles por voluntad de una autodefinición imaginaria.

En 2012 publica Volver, por la editorial Betania. Este es el poemalibro donde se materializa o dramatiza la gran posibilidad impuesta a todo aquel que parte, todo aquel que inicia el viaje del exilio. De acuerdo con la amplitud y sutileza de la sensibilidad poética de Alabau, y por la calidad de su texto, lejos de lo panfletario o episódico, estamos quizás ante un título capital de la poesía cubana contemporánea. A propósito, ha afirmado José Abreu Felippe, en El Nuevo Herald: “Alabau ha escrito sin proponérselo, quizás sin saberlo, el gran poema del exilio cubano”. Desde los días en que yo tenía permitido leer subrepticiamente lo que entonces era un texto inédito, me sentí en presencia de una poética y una obra, en efecto, rotundas.

La poesía de Magali Alabau trasuda sombras agónicas de cubanía, pero tiene un encanto evocativo y una fuerza catártica tal vez como ninguna otra escrita por cubanos, dentro o fuera de la isla. Representa, entre otros aspectos, el diálogo inquisitivo en las fronteras de la subconciencia, las fisuras psicológicas de la contradicción, la necesidad de distanciamiento y lucidez, y en definitiva el planteo de los roles expiativos de un doble, elementos que conectan con el mito de la identidad o la conciencia nacional fatídica y traumatizada. Su búsqueda del conocimiento de sí misma, la lleva a desandar los límites donde se pierde y encuentra la pequeña patria de los sentimientos.

 Yo vine en un barco,

yo vine en un pozo,

yo vine en la maleta,

en el cuadro de aquella pintora tan famosa.

Yo vine en esas balsas

atravesando los tiburones,

sintiendo las dentelladas,

acurrucada en un bote.

Vine en casualidades

y en terciopelos de mentira,

en dispárense como puedan.

Y a ti te hablo,

y a ti te digo

que tú allá y yo acá

nos hemos quedado

en espacios que desconocemos.

[Volver, p. 22]

En última instancia, se burla de los cercos, desdeña el lastre de las componendas históricas que atentan contra su libertad interior, y asume la condición no sólo de una exiliada más, una de las innumerables gotas que desbordan esa copa de historias amargas, sino la excluida por antonomasia: “Ahora ya soy/ la exiliada del mundo”.

La posibilidad de un regreso absoluto, que está en el centro del poemario Volver y sugiere la consistencia de un sufrir pleno, un éxodo cumplido o sentido hasta el fi nal, la absorción por parte de la autora de su destino como fragmento, no se realiza ni busca satisfacción mediante simple comprensión o arribo a paisajes de la patria, sino elude cualquier pacto tranquilizador y ensalza el imposible de reencontrarse con los puntos de partida personales, interiorizados, pues como ella ha dicho este libro “trata del regreso a través de la memoria de hechos reales”. O sea, es solo el intento, el instinto de regresar.

Tiempo y espacio de Volver se ubican en las antesalas de los aeropuertos, en la víspera de preparar maletas, velar toda la noche, la duda de tener que escoger, pasar por trámites, interrogatorios, clasificaciones, adaptaciones y preparos para reconocimientos futuros. La experiencia que sirve de base a su expresión poética sumamente activa, verbal, compete a la vivencia del exilio como una exageración y un anticipo de la pérdida que entraña ese siempre deseado-temido encuentro con la patria que ya no fue ni será la misma. La poeta Ileana Álvarez, autora del prólogo del libro, afirma: “Asistimos, entonces, a una poética que se empeña no tanto en rescatar como en refundar sobre los laberintos de la pérdida”.

Ya antes Alabau había estado de visita en Cuba, después de más de veinte años, y sobre ello había dado testimonio en Hemos llegado a Ilión (1991). Aquello que encontró, o que le salió al paso como un obstáculo, trasluce significados de muerte:

No puedo aprender el credo ni puedo quedarme ni me preguntes

si disfrutaré. Anchas planicies desembocan en mí.

Mis ojos quieren abarcar el despiadado paisaje.

Gris, unos árboles, unas estacas, unas lápidas.

En el recorrido por el panorama ruinoso que encuentra en lo que fue una mítica, idealizada Ilión, tras las batallas y derrotas de las grandes utopías entre fi nales de los 80 y principios de los 90, Alabau penetra el lado íntimo de su patria, y ante un cuadro de desesperanzas se arropa con el trascendentalismo de su propio lenguaje como espacio vital, última carne de que están hechos el que mira y lo contemplado a través de la imaginación que conjura, que da y quita la vida, aunque intenta incluso el inventario de lo vivido: “He llegado acá de vuelta o en un sueño./ Sólo el lenguaje inventa este paraje”.

Magali Alabau (Cienfuegos, 1945) reside en Woodstock desde 1996, después de tomar en consideración que, cuando cerca de allí se celebró el célebre festival de rock y congregación hippie (1969), ella recién se había integrado a la diáspora: se exilió en 1967 y un año después llegó a New York. A propósito, me ha comentado en un mensaje: “No fui al festival pero seguí la corriente que el festival gestó, una nueva era de gran libertad”.

Su obra nunca se ha publicado en su patria, en parte porque es su decisión mientras persista el actual sistema político. Lectores de buena poesía y la crítica literaria en todos lados, también dentro de Cuba, no obstante, la aprecian como una de las voces cubanas contemporáneas más significativas.

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Volver_p4“Volver o la patria de la memoria”,

por Joaquín Gálvez

Magali Alabau no regresa a su isla como Ulíses a Ítaca, pues solo la esperan las sombras del pasado 

La mejor crítica de un libro de poesía se logra en la identificación que el lector pueda tener con sus versos. Si estos lo conmueven o no lo dejan indiferente, si estos cumplen con el requisito aristotélico de la catarsis en el arte, el libro habrá alcanzado un propósito, más allá de las categorizaciones y esquemas formalistas de la llamada crítica especializada, la cual en muchos casos se erige sobre la base de una exégesis elucubrada por el crítico, y que dice más de éste que del poeta y sus versos. Volver (Betania, Madrid, 2012), de la poeta cubana Magali Alabau, es uno de esos libros cuya crítica llega a consumarse en la manera en que pueda impactar a cada lector. 

Volver es el regreso a donde siempre se ha permanecido, y nos muestra otra dimensión del concepto de patria, ese que se perpetúa en la memoria y sale ileso de los avatares humanos, en este caso del que más nos ha afectado: el político. La patria existe en el olor de una fruta y de la brisa marina; en las reuniones familiares y de amigos, en las escuelas de nuestra infancia y adolescencia; la patria existe en “esa forma de decir te quiero”. Pero Alabau tampoco se abstiene de describir el horror que la habita. Y esta integridad representativa de su geografía oriunda se la debe al exilio, a la lejanía, a esa isla que fue a buscar y encontrar a otra parte, cuando le arrebataron su libertad, simbolizada por el mar, al cual le habla en su partida: “al fin el mar: mar azul de libertad, mar de amor donde puedo ser lo que soy”.

La poeta va urdiendo los fragmentos dispersos de la Isla. Apela al recurso proustiano de la memoria, en donde permanecen objetos y nombres, olores y sensaciones, como esa evocación a la Cuba republicana que es la ferretería con el apellido de su abuelo. El tono confesional de este libro trasciende el mero intimismo, haciéndonos partícipes de una singladura de sucesos y vivencias, como un espejo múltiple en el que por alguno de sus ángulos puede verse reflejado cualquier exiliado.

La alteridad de estos versos imbrica la experiencia individual y colectiva. “Yo vine en un barco, yo vine en un pozo, yo vine en la maleta, en el cuadro de aquella pintora tan famosa. Yo vine en esas balsas atravesando los tiburones”. Alabau nos sitúa frente a un collage de tiempo y espacio, donde se alterna una Cuba que no existe con otra que transcurre. Y así nos hace el inventario de un país perdido por medio de los atributos que conforman la patria de su memoria, pero en el que a su vez se asoman al presente las sombras del horror vivido. De esta forma, nos retrata el mundo interior del exiliado, desde sus temores, sus sobresaltos, el drama de la partida, hasta llegar a su ser escindido en territorio extranjero, en el que se ve asaltado constantemente por las imágenes del pasado.

Volver es un libro desprovisto de toda atadura expresiva y moda estética, tan dadas en la poesía cubana de los últimos años. Estamos ante una poética que no repara en plasmar el sentimiento ante un hecho tan antiguo y siempre novedoso como es el del exilio. Su dolor y su furia se inscriben con voz propia, para reafirmarnos el credo martiano de la creación: “todos los temas vuelven a ser nuevos cuando se dicen de una forma diferente”. Tomando como ejemplo este libro de Magali Alabau, añadiría que también todos los temas vuelven a ser nuevos cuando se expresan con autenticidad e intensidad inusitadas.

Magali Alabau no regresa a su isla como Ulíses a Ítaca, pues solo la esperan las sombras del pasado. Ella se fue para permanecer; y ha vuelto para saber que es una exiliada del mundo, acaso para corroborar la sentencia de Borges: “solo es nuestro lo que perdimos”. Y esta pertenencia que es su isla ha quedado a salvo eternamente gracias a la poesía.

Palabras de presentación del libro Volver, de Magali Alabau, en La Otra Esquina de las Palabras (08/02/13).

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Magali Alabau en Miami

Presentación libro Alabau

Volver_p4La Otra Esquina de las Palabras invita a la presentación del poemario Volver (Betania, Madrid, 2012), de la poeta cubana Magali Alabau. Las palabras de presentación estarán a cargo del poeta Joaquín Gálvez.

Viernes 2 de agosto, 7 pm.

Café Demetrio

300 Alhambra Circle, Coral Gables

305-448-4949

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Hemos llegado a Ilíon_EBOOK_Página_01Nos complace presentar la  nueva versión revisada  del poemario Hemos llegado a Ilión (Betania, 2013) de la poeta cubana Magali Alabau (Cienfuegos, 1945) que reside en Nueva York desde 1966. Se trata, pues, de una  2ª edición (digital e impresa).

Esta  reciente entrega  va precedida por un enjundioso y largo prólogo-estudio de la poeta e investigadora cubana Milena Rodríguez Gutiérrez (Universidad de Granada), donde, desde las primeras páginas de su trabajo manifiesta que “Hemos llegado a Ilión, el espléndido poema-libro de Magali Alabau que la editorial Betania tiene el acierto de reeditar veinte años después de su primera publicación en 1992…(es un)… poema extenso, poema-libro, cuasi novela poética, es, así, relato del regreso a Cuba-Ilión; regreso, sin embargo, puntual; regreso no para quedarse de manera definitiva, sino solo de paso, de visita”.

Más adelante, concluye la profesora Rodríguez Gutiérrez: “Junto a ‘Noche insular: jardines invisibles’ (1941), de Lezama Lima; ‘Palabras escritas en la arena por un inocente’ (1941), de Gastón Baquero; La isla en peso (1943) de Virgilio Piñera; Últimos días de una casa (1948), de Dulce María Loynaz; y a La marcha de los hurones (1960), de Isel Rivero, pienso que Hemos llegado a Ilión es uno de los grandes poemas extensos de la poesía cubana del siglo XX.”.

Al igual que en la anterior edición, el libro actual se ilustra con una obra del pintor cubano Jesús Cepp Selgas, radicado en Nueva York, titulada Lazos familiares (1995).

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Magali Alabau es autora de los poemarios: Electra, Clitemnestra (1986), La extremaunción diaria (1986), Hermana (1989), Hemos llegado a Ilión (1992 y 2013), Hermana / Sister (1992), Dos mujeres (2011) con Prólogo de  Carlota Caulfied y Volver (2012) con Prólogo de Ileana Álvarez. Actualmente reside en Woodstock, Nueva York.

Hemos llegado a Ilión, de Magali Alabau.

Prólogo de Milena Rodríguez Gutiérrez.

2013,  68 pp. Colección Betania de Poesía.

ISBN: 978-84-8017-324-7.

PV: 12,00 euros ($15.00).

Pedidos directamente a Betania: ebetania@terra.es

Distribuidores:

En España (MAIDHISA): ismaroto@hotmail.com

En EE-UU. (UNIVERSAL): jms@ediciones.com

 

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Volver_p4

Esta reseña del poeta y escritor cubano José Abreu Felipe fue publicada en el periódico El Nuevo Herald (Miami) el domingo 3 de marzo de 2013:

En esta época de tantos y tantos poetas de a tres por un dólar –que abarrotan las revistas virtuales y los ‘egoblogs’– encontrar una voz como la de Magali Alabau es como hallar, y ruego se me perdone lo pobre y gastado de la imagen, un oasis en medio del desierto. Después de un silencio de casi 20 años, Magali publicó en el 2011, Dos mujeres. Ahora regresa a la palestra con Volver (Betania, 2012, con prólogo de Ileana Álvarez), un largo poema de gran aliento que a mí me gusta ver como su reafirmación definitiva en la poesía, pero que es mucho más que eso.

Alabau ha escrito sin proponérselo, quizás sin saberlo, el gran poema del exilio cubano. Lo ha escrito, como era de esperar, con sus entrañas y le ha dolido mucho. Leyéndolo, se siente ese dolor. Casi que se huele, que se palpa. Y busco una palabra que me resuma el tamaño de ese dolor –y el de la pérdida que lo produce–; que abarque ese desgarramiento, esa angustia que hace que una palabra te lleve a la otra, que todas se encadenen y te empujen y te atropellen, proponiendo un ritmo cada vez más vertiginoso, más impetuoso, más acelerado, y así hasta el final, sin catarsis posible. Una palabra que a la vez sea pérdida y recuperación, muerte y vida, y un amor insalvable flotando sobre todo eso, y sólo hallo una. Exilio.

Al volver se recupera el miedo que se creía olvidado. Otra vez ahí está la maleta abandonada que vamos llenando: Tres ajustadores, un par de zapatos, una saya o pantalón, una blusa, un corpiño, un par de medias de señora, un par de calcetines, un pañuelo y nada más. Le echamos una última mirada a la casa donde nacimos, donde crecimos, a un cuadro en la pared que no podemos llevar, a un rincón más memorable que los otros; aquel árbol de enfrente, aquel otro del patio. Los muertos que fueron cayendo y que vamos dejando atrás irremediablemente, primero el abuelo, luego los demás. Irse. Partir. Cualquier palabra de esperanza quedó allá. Como el amor. Miro como tú el paisaje con límites marcados para que ni tú ni yo podamos encontrarnos. Para que la distancia se haga definitiva, se transforme en pérdida. Querer a alguien de lejos, enviar telegramas diciendo yo te quiero, sin atreverme a decir yo te deseo. Irse. Partir. Siempre hay alguien que se va y nunca vuelve. Romper con la rutina, matar la cotidianidad, y en ese otro sitio que ignoramos y que se nos antoja hostil, que imaginamos frío y desolado, reconstruir, o al menos intentarlo, la pérdida. Con ese monedero tan vacío en ese registrar en vano de qué es lo que permiten que me lleve. Me quitaron lo irremplazable. Menos el miedo. Te quiero así, temblando.

Volver no es un libro pensado, fríamente calculado, rigurosamente estructurado. Volver es un libro vivido, sentido, parido. Hermosamente desolado, sacudido por el miedo. Un miedo que sigue ahí, que no se va, y del que sólo saben los que han padecido lo mismo. Es el miedo kafkiano ante la ley, el del inocente que camina descalzo a la orilla del mar, al atardecer, y se siente vigilado. Es culpable porque es inocente. Luego no queda más remedio que escapar, que huir, mientras sea posible. Me fui de la prisión que más quería. Y no hay retorno, porque como escribió alguien alguna vez, un exiliado lo será de por vida y de por muerte. Sólo cabe preguntarse: ¿Quién los llevará mañana hacia la densidad del bosque?

Volver es un libro terriblemente hermoso, en el sentido que Rilke le daba a la palabra, pues, según él, “lo hermoso no es más que el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar”. Casi no se puede tolerar la carga que nos deja Volver, que no es otra que la del exilio, un exilio que para muchos cubanos ya pasa de medio siglo. Hay que, no obstante, darle las gracias a Magali Alabau por escribirlo, que es guardar para la historia y para la posteridad el dolor y el sufrimiento del cubano exiliado.

Alabau reside en Woodstock, Nueva York, desde 1966. Hasta mediados de los años 1980 desarrolló una exitosa carrera como actriz con diversas compañías teatrales, hasta que con Manuel Martín fundó el Teatro Dúo. Más tarde trabajó con Ana María Simo en Medusa’s Revenge Theatre. Ha recibido númerosos premios por su labor, entre ellos la Beca Cintas. Entre sus libros de poesía destacan: Electra, Clitemnestra (1986), Ras (1987), Hermana (1989), Hemos llegado a Ilión (1992) y Liebe (1993).

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La poeta cubana Magali Alabau (Cienfuegos, 1945), radicada en Nueva York desde 1966, participará en la próxima Feria Internacional del Libro de Miami.

Como parte de LA NOCHE DE LA POESÍA, que dicha Feria organiza, Magali Alabau leerá poemas de su más reciente libro Volver (Betania, 2012) junto a otros reconocidos poetas, como: Amelia del Castillo, María Juliana Villafañe, Nelson Díaz de Villegas y Carlos Pintado.

Dicho acto se celebrará el miércoles 14 de noviembre de 2012, a las 19.00 horas ( 7.00 p.m.) en el salón 2106.

Lugar: Wolfson Campus del Miami Dade College. 300 NE Second Ave.  Miami, FL 33132.

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El Departamento de Lenguas y Lingüística, el Centro de Estudios Latinoamericanos y de la Frontera y la Facultad de Artes y Ciencias de New Mexico State University (NMSU)

invitan

a la presentación y discusión del poemario

Dos mujeres (Madrid: Betania, 2011) de Magali Alabau

(poeta cubana residente en Nueva York)

Presentación: Dr. Jesús J. Barquet

 

Lugar: Nason House (University Ave. y Espina St., Las Cruces, NM)

Día/Hora: Miércoles 11 de abril, 5:45 pm / Info: (575)-646-2329

 
 

 

MAGALI ALABAU obtuvo el Primer Premio de Poesía de la Revista Lyra en 1988 y la beca Cintas en 1990. El Instituto Latinoamericano de Poesía en New York premió en 1992 su libro Hermana (Madrid: Betania, 1991). Es autora, además, de los poemarios Electra, Clitemnestra (Santiago de Chile: Maitén, 1986), La extremaunción diaria (Madrid: Rondas, 1986), Hemos llegado a Ilión (Madrid: Betania, 1991) y Liebe (Miami: Torre de Papel, 1993). Sus poemas han aparecido en numerosas revistas y antologías de Estados Unidos, Europa y América Latina.

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