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Silvia Burunat

Entrevista de la profesora española Isabel Estrada a la escritora y profesora cubana Silvia Burunat sobre su reciente libro Danny y Danielle y otras historietas (Betania, 2017). Ambas enseñan en CUNY, Nueva York.

 

Estrada: Silvia, acabo de leer tu último libro, Danny y Danielle y otras historietas. Debo decirte que me ha impresionado en varios niveles, pero mi primer comentario tiene que ver con el género literario. Te he conocido siempre como escritora de memorias, biografías, me refiero al terreno de la ficción, ya que también sé que escribes libros de texto en el terreno de la lingüística aplicada. Pero veo que tu nueva obra pertenece a la cuentística.

Burunat: Primero, Isabel, muchas gracias por haberte ofrecido a hacerme esta entrevista. Efectivamente, por primera vez me he aventurado en un nuevo género, el del cuento. Te confieso que este libro se ha preparado casi sin pensar mucho en ello. Proviene de una doble inspiración. La primera ya la has encontrado en el colofón, me refiero a “La Diabla”, uno de los mejores cuentos que he leído en mi vida, de la pluma de mi amigo y colega Ángel Estévez. He estado enseñándolo durante los últimos cinco años en varias de mis clases. A los estudiantes les fascina y a mí me ha cautivado, de tal modo, que ha sido como un resorte que me ha impulsado a la escritura de cuentos. La segunda se refiere a la primera narración del libro que también la he usado como título, “Danny y Danielle”. Se trata de otro amigo, alguien que conocí en mi edificio y con el que he sostenido varias conversaciones. Este hombre tiene dos hijos de edades muy distintas: uno de dieciséis o diecisiete años, no estoy segura, y una nena de cuatro. De esta última me ha contado muchas anécdotas: conversaciones con ella, viajes a la playa, cruceros, reuniones familiares. Me encanta ver con la ternura que se expresa sobre ella y me ha hecho recordar mi propia niñez, ya que mi padre y yo tuvimos una relación muy parecida. Es por eso que le he dedicado el libro a mi papá, porque mis pláticas con Danny me hicieron revivir mi infancia y mis paseos con Gastón, sobre todo a las lomas del vecindario. Pero mira, esto ya lo verán mis lectores cuando lean mis cuentos.

Estrada: Pues Silvia, te iba a preguntar por los protagonistas. Pero antes tengo curiosidad por saber si hay algún hilo narrativo que una estas historietas, como les llamas en el título.

Burunat: Mira, te contesto ambas preguntas. Empezando por la conexión entre los treinta cuentos. Sí existe y en varios niveles. Absolutamente todos provienen de la vida real, es decir, de mi realidad. En estas páginas se encuentran varios de mis familiares, hay amigos, conocidos, vecinos, estudiantes que han pasado por mis aulas, mi familia cercana como mis padres, abuelos y tíos. Ya sabes que soy hija única, así que hermanos no hay. Te vas a encontrar con algunas personas que vas a reconocer por tratarse de figuras públicas. También hay partes sobre mí, cuando era niña como protagonista o personaje secundario y ya adulta, pero no como figura central. Porque tengo que explicarte algo: todos los que protagonizan las narraciones, los que están en el centro o sobre los que escribo, todos son menores de veinte años. La mayoría son niños, digamos, entre tres y diez u once y el resto, adolescentes, siendo la mayor una chica de diecinueve. La razón estriba en que estoy convencida que en esas etapas de la existencia, hay una cualidad natural y espontánea que se presta mucho para narrar y hacer hablar y desenvolverse a los personajes. Bien, creo que he contestado dos preguntas en una, ¿verdad? Te he explicado sobre la conexión que existe entre todos los cuentos y quiénes los protagonizan.

Estrada: Me dices que se trata de una obra de ficción; pero, al mismo tiempo, me explicas que todo lo que leemos aquí ocurrió en un momento dado. ¿Podrías elaborar más sobre esto?

Burunat: Por supuesto. Ya sabemos que, una vez que escribes lo que sea, jamás va a ser como una fotografía que capta cada detalle como aparece realmente. El escritor siempre va a poner de su parte, sea su enfoque, su estilo, su modo de ver e interpretar la vida. Primero, he cambiado los nombres de mis personajes, diría que en el 85% de los casos. Hay muy pocos que hayan conservado su verdadero nombre. Por lo tanto, la perspectiva de la narración también cambia. A veces aparezco yo misma narrando, en ocasiones un personaje secundario lo hace, o el propio protagonista. Claro, cuando parece que narro yo, no es necesariamente así. Se trata de alguien neutral y anónimo, pero ya sabes que tenemos la costumbre de establecer un paralelo escritor//narrador, sea o no cierto. Espero que esto satisfaga tu curiosidad sobre las voces narrativas.

Estrada: Creo que sí. Tengo otra pregunta que se refiere a la época. Porque me parece que no todo aquí ocurre en el presente.

Burunat: Tienes razón. Yo te diría que nos podemos remontar a fines del siglo XIX hasta hace un par de años. Por ejemplo, el último cuento es, probablemente, el más reciente cronológicamente hablando. Cuando aparecen miembros de mi familia, a veces con sus nombres verdaderos y otras no, hay que hablar del decenio de 1890 y hasta antes. Cuando se trata de mi infancia, ya estamos en la segunda parte del siglo XX y de ahí en adelante. Por cierto, me acabo de dar cuenta que no te he mencionado al que es la persona más importante para mí: Julio, mi inolvidable compañero. La palabra esposo me parece demasiado formal y poco afectiva, prefiero la que he empleado. Julio está en varias narraciones, de niño, de joven, de adulto y hasta después de su viaje celestial, como sabes que me gusta referirme a su muerte. Para mí es imposible no incluirlo ya que estoy convencida de que, absolutamente todo lo que escribo, en el fondo proviene de él, de mis recuerdos y mis vivencias.

Estrada: Ay, Silvia, siempre me conmueve oírte hablar de tu Julio. Permíteme preguntarte sobre los lugares y el ambiente. ¿Dónde ocurren estas historietas?

Burunat: Hay un ambiente que yo llamaría internacional. Desde Cuba, pasando por España, México, Nueva York, en casa, en las aulas, otras islas del Caribe. Creo que debo hacer hincapié en la temática de las relaciones. Como provengo de una familia muy corta pues soy la única hija, sobrina y nieta por parte de madre, a pesar de que mi mamá tenía dos hermanas y un hermano, y fui también la única por parte de padre hasta la edad de ocho años, pues precisamente por eso, las amistades, los amigos, ocupan un lugar prominente en mi cuentística, así como algunos de mis estudiantes. La amistad, a mi entender, ha sido un sentimiento primordial en mi vida y lo sigue siendo. Y las relaciones entre hijos o hijas y padres o madres son esenciales para nuestra formación psicológica.  Alguien me preguntó si muestro sentimientos maternales en lo que escribo, ya que como sabes, no tengo hijos ni los hubo nunca. Mi respuesta es que no lo creo, a no ser que ni yo misma me dé cuenta y otros lo perciban. Tal vez con Julio en algunos momentos haya podido actuar de forma maternal, en especial teniendo en cuenta que él perdió a su madre a los dieciocho años, ambos estaban muy unidos y siempre tuve la impresión de que había sido un fuerte golpe para Julio. No sé si quizás, inconscientemente, yo me haya comportado de forma maternal con él. Pero la verdad es que no me interesa mucho este tema ni lo creo relevante para mí.

Estrada: Pues para terminar quiero que me expliques sobre las citas que encabezan algunos cuentos y a qué público van dirigidos.

Burunat: No todos los cuentos tienen esas citas a que te refieres. No sé por qué en algunos casos, por ejemplo, “El secreto de Aurora”, me vino a la mente un pasaje de José Martí. En “La aventura de Narciso” aparece una explicación del mito del mismo nombre y en “La carretilla mágica” hay otra sobre la mitología azteca. Hay varios más. Fueron inspiraciones espontáneas, digamos que a partir de esa cita, construí la narración o tal vez fuera lo opuesto: primero el cuento y después surgió la idea de la cita. Ah, el público. Varias personas me han preguntado si se trata de un libro de cuentos infantiles. La respuesta es un NO rotundo. Son para adultos; ningún niño podría entender la mayor parte de ellos, eso te lo aseguro. También deseo agregar que, refiriéndome por ejemplo a la mitología, hay algo de fantasioso y mágico en varias historietas. Hechos irreales o mágico-realistas, como quieras llamarlos. Mira, no se me ocurre nada más. Dejemos que los lectores saquen sus propias conclusiones del resto.

Estrada: Muchísimas gracias, Silvia. En otra ocasión te preguntaré si este es el primero y el último de tus libros de cuentos o si piensas seguir en este terreno o volver al de las memorias. Pero dejémoslo para una entrevista futura. Muy buena suerte con tu obra presente y muchas felicidades.


Isabel Estrada es profesora de Literatura y cine españoles con especialización en la Guerra Civil, la Postguerra y la Transición a la democracia. Obtuvo una Licenciatura en Filología por la Universidad de Sevilla y un Ph.D. en Literatura española en Columbia University, Nueva York. En la actualidad enseña en el Deparment of Classical and Modern Languagues and Literatures (CUNY). Es autora del libro El documental cinematográfico y televisivo contemporáneo: memoria, sujeto y formación de la identidad democrática española (2013).

Silvia Burunat. Escritora y profesora cubana, residente en Nueva York. Obtuvo un Ph.D. en Lengua y Literatura Española en The City University of New York (CUNY), Graduate Center, donde ejerce la docencia desde hace años. Es autora principal de varios libros de textos sobre la enseñanza del Español, así como de varios libros de memorias, biográficos y de viajes. Últimos títulos publicados:  From Heaven to Earth and Back. Manual para enamorados (2015) y Danny y Danielle y otras historietas (2017).

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Con sumo placer, presentamos el libro de cuentos Danny y Danielle y otras historietas (Betania, 2017) de la profesora y escritora cubana Silvia Burunat, radicada en Nueva York.

Burunat es una prolífica autora, tanto de libros de texto a nivel universitario, como de obras de ficción dentro del género de literatura de memorias, biográfica y de viajes. Como ella misma nos confiesa en sus palabras preliminares de este libro: “Soy escritora de memorias con elementos biográficos (…) La cuentística siempre ha sido un género que poco me ha llamado la atención. Esto es, como creadora, no como lectora. Crecí leyendo narraciones cortas, colecciones internacionales de cuentos indígenas americanos, cuentos escandinavos, cuentos de la India, cuentos árabes, cuentos argentinos, en fin, de diversos países y regiones. Me formé con los cuentos de José Martí, de los más hermosos que existen. Pero a la hora de escribir, la composición de un relato breve me parecía algo muy difícil de lograr, un escrito que yo era incapaz de crear y que no iba a atraer la atención de los lectores”.

Más adelante en el mismo Prefacio, nos comenta: “Comprendí que, si bien no existía una verdadera conexión entre mis narraciones, sí quería yo establecer una temática, aunque no fuera necesariamente muy estricta. La idea de escribir sobre niños, adolescentes y jóvenes, digamos, menores de diecinueve años, me pareció óptima. Hay una frescura, una naturalidad, una espontaneidad en esa época de la vida que se prestan para escribir sobre ello. Igualmente pensé que en mi propia existencia he conocido a muchísimas personas de todo tipo y trasfondo. Siendo, como soy, profesora, han pasado por mis aulas cientos, tal vez miles de alumnos que me han enseñado sobre el paso por la Tierra y las diferencias entre los seres humanos, además de las semejanzas. Tenía frente a mí un tesoro de individuos, experiencias, palabras y hechos que constituirían una fuente de inspiración”.

Danny y Danielle y otras historietas es un libro de cuentos de temática ecléctica si bien con un hilo común: sus protagonistas o personajes que desfilan en estas historietas. Una obra que contiene  narraciones con aspectos humorísticos y pícaros, aunque también hay relatos serios y melancólicos.

Como muestra del buen quehacer literario de Silvia Burunat, ofrecemos a los lectores un cuento de este libro:

 

La bicicleta de Ofelia

 Tenía nueve años, era bastante alta para su edad, delgada y con cabellos muy rubios que le llegaban a la cintura, atados con una cinta de satén blanco para echarlos hacia atrás. Sus ojos azules eran muy bonitos, a pesar de cierto estrabismo que, en vez de restarle belleza, le prestaba un no sé qué de picardía a su carita que siempre sonreía. Daba gusto verla paseándose por las calles empinadas de La Víbora, el reparto donde vivía con su hermana Aida, doce meses menor que ella, junto al resto de la familia que consistía en su madre Josefa, su padre Salvador, su hermanito Mario, quien aún era casi un bebé de tres añitos y Natalia, una parienta lejana que había venido del campo para fungir de ama de llaves, un título rimbombante para no decir sirvienta. Aida no la seguía en sus travesuras pues tenía una personalidad totalmente opuesta a la suya; poseía un interesante sentido del humor y sabía apreciar las travesuras de Ofelia, pero prefería imbuirse en el estudio, especialmente en los recovecos de la gramática castellana que tanto le gustaba y en cuyas clases siempre se destacaba en el Colegio La Domiciliaria donde ambas estudiaban.

Todo este preámbulo no da la impresión de nada extraordinario, si no fuera por la época en que esto ocurría: el último decenio del siglo XIX, cuando las niñas de bien ni soñaban con subirse a una bicicleta en público, compitiendo con los chicos del barrio. Los pantalones les estaban vedados, por lo tanto, la bicicleta se montaba con faldas recogidas a un lado. Por suerte, las medias blancas de algodón hasta por encima de las rodillas, estaban de moda.

Aquello de la bicicleta comenzó un día al salir del colegio cuando Ofelia se detuvo frente a la puerta del plantel para observar a una docena de chiquillos que se lanzaban por las lomas a todo pedal, muertos de risa y a pura gritería. Aquello, obviamente, era mucho más divertido que los tiempos verbales que a Aida tanto le gustaban. Ya, desde el interior del aula, Ofelia había divisado a los muchachos desde una ventana y en medio de la clase de Gramática, cuando Sor Rosa le preguntó: -Srta. Osuna, ¿qué particularidades tiene este tiempo?, refiriéndose a las formas verbales de un párrafo que otra alumna acababa de leer.

-Pues parece que va a llover, observó la rubita con desparpajo. O tal vez, en sus devaneos mentales, había creído que, realmente, Sor Rosa se interesaba por el medio ambiente.

Pues fascinada como estaba con las bicicletas, Ofelia llegó a su hogar aquella tarde con la cabecita llena de ilusiones. Se dirigió a su padre, quien alrededor de una treintena mayor que su esposa, ya peinaba canas y estaba más inclinado a consentir a sus preciosas hijas. –Papá, ¿tú crees que me puedas comprar una bici? Muchos vecinitos tienen y parece algo muy divertido. Por favor, padre querido, ¡cómprame una!

-¿Estás loca, hija mía? ¡Las niñas decentes no montan bicicleta! ¿Cómo se te ocurre semejante desatino? Ofelia, viendo que a su padre casi le daba un ataque cardíaco, se dirigió entonces a su madre. La chica pensaba que tal vez, siendo mucho más joven, iba a ser más comprensiva con sus caprichos. –Mamá, escúchame, ¿podrías convencer a papá para que me compre una bicicleta? Vi a muchos niños tirándose cuesta abajo por las lomitas del vecindario y estoy segura que es divertidísimo. Te prometo mejorar mis notas en las clases si Uds. me compran una y solo voy a usarla los fines de semana. ¡Ay, madre mía, no me niegues mi deseo, te lo pido de favor!

Aquella noche, Salvador y Josefa tenían mucho de qué hablar. Ofelia los traía por la calle de la amargura con sus travesuras y a Aida había que desprenderla de los libros para procurar que fuese algo más sociable. Afortunadamente, Mario era el chiquillo más tranquilito que se pudiera desear, siempre jugando solo con sus trencitos y peluches. Acababa de aprender a caminar, pero nunca se alejaba de los adultos. Era un niño tímido y callado que más remedaba a Aida que a su hermana mayor. -¿Qué te parece el nuevo capricho de Ofelia? ¡Nada menos que una bicicleta! Con nueve años y pensando en semejante desatino. Josefa se mostraba pensativa y, después de un corto silencio, comentó: -Yo creo que, efectivamente, no sería una buena idea comprarle una bicicleta. Nunca he visto triciclos, pero me parece que también son para chicos. He oído decir que en los Estados Unidos se han puesto de moda estos juguetes y que tanto unos como otras disfrutan de ese deporte. Pero aquí…

Y así continuó la conversación hasta que el sueño los venció. Esa noche tuvieron pesadillas: Ofelia subida en un monociclo, trabajando en un circo con Aida, vestida de payaso a su lado y Mario en una cesta al frente de los manubrios. Al despertar al  siguiente día, descubrieron que ambos habían soñado lo mismo. Llegaron a la conclusión que su compenetración de cónyuges era tan profunda, que hasta compartían iguales sueños.

Mientras tanto, la traviesa Ofelia también había viajado al mundo de las ilusiones mientras dormía. Se veía vestida de princesa, con tules y gasas blancas y azules, de pie sobre el asiento de una bici, corriendo a no se sabe cuántos kilómetros por hora por cuanta calle había en su barrio. Iba al frente, de líder de un grupo de jovencitos que la aplaudían sorprendidos de su temeridad. La estudiosa Aida estaba en la acera, con una expresión de reprimenda en el rostro y el índice de la mano derecha alzado, en señal de desaprobación.

A la mañana siguiente de un sábado esplendoroso y tropical, Ofelia se levantó más temprano que de costumbre. Fue al baño para asearse, se vistió, se puso sus medias largas de algodón, se fue a la cocina donde ya Natalia estaba preparando el desayuno y seguidamente, se tomó un tazón de leche y un pedazo de pan con aceite de oliva. Dando saltos y soltando risitas picarescas, Ofelia se dirigió a la puerta de su casa con Natalia que le corría detrás. -¿Adónde vas, niña? –Voy a la esquina a recoger unas florecitas que hay en el terreno aquí al lado. Vuelvo en unos minutos.

Ofelia se dirigió hacia la calzada, a tres calles de su casa. No tenía que cruzarla, pues la tienda que alquilaba bicicletas estaba en la misma esquina. En ese momento estaban abriendo las puertas y la niña, temblando de felicidad y con las mejillas más coloradas que nunca, se acercó al Sr. Ricardo. –Buenos días, ¿cuánto cuesta  alquilar una bici por una hora? –Un real (diez centavos). ¿Para quién es? –Para mi primo que acaba de llegar del campo. Mire, aquí tengo la moneda, déme aquella roja, la más bajita, mi primo nada más tiene ocho años. –Bien, son las nueve, devuélvemela a más tardar a las 10 y media, si no te cobro otro real.

La rubita atrevida salió de allí con la expresión de felicidad mayor que nadie haya podido observar en su vida. Cuando llegó al tope de una de las lomas, allí estaban como diez chicos reunidos. Ese sábado había competencia y todos iban a participar. El ganador recibiría muchas felicitaciones y un gran cono de granizado del vendedor de la esquina. Ofelia sabía que iba a triunfar y ya se relamía de gusto pensando en el granizado de fresa y anís que tanto le gustaba. Nunca había montado en bicicleta, pero sí había observado cada movimiento de los muchachos de su barrio y estaba convencida que podría hacerlo. En unos minutos, todos estaban preparados. Ofelia se subió a la bici junto a un poste, para recostarse mientras se acomodaba en el asiento y recogía la falda de un lado. El corazón le latía hasta en las sienes. Invocó a todos los santos que conocía y que las monjas de La Domiciliaria le habían mostrado en un libro de hagiografía y, por fin, pedaleó para iniciar el descenso.

La valiente Ofelia apenas tuvo que esforzarse pues la cuesta era bastante empinada. Como un bólido, el viento despeinando la rubia cabellera y los ojos azules algo más bizcos que de costumbre, llegó a la meta… ¡la primera! Los amiguitos del barrio, para su sorpresa, en vez de reírse, burlarse o molestarse por su triunfo, comenzaron a aplaudirla. La niña no podía creerlo. Cuando se repuso de su mezcla de euforia y susto, su vecino, un chico llamado Miguel, le presentó el esperado cono de granizado de fresa y anís.

Eran casi la diez y media y Ofelia recordó que el Sr. Ricardo le había dicho que tendría que devolver la bicicleta a tiempo o le cobraría otro real. Así, una vez consumido el granizado, se fue andando las tres calles que la separaban del establecimiento. Al llegar, el reloj marcaba la diez y cuarenta y cinco minutos. Le esperaba algo extraordinario: los chicos del barrio se le habían adelantado y estaban reunidos en la tienda. El dueño, con una expresión afable, la recibió diciéndole: -Srta. Ofelia, ya me enteré de su triunfo y la felicito. Aquí sus amigos y yo hemos decidido que Ud. merece un regalo y cuál mejor que entregarle la bicicleta. Llévesela a su casa como un obsequio de sus admiradores del barrio. Es Ud. la niña más valerosa de La Víbora y la felicitamos.

Y así fue como “la bicicleta de Ofelia” pasó a ser una leyenda en aquel vecindario habanero.

……………………….

A los treinta relatos de Silvia Burunat, se le suma -como colofón- el cuento “La Diabla” del profesor y escritor Ángel Estévez.

En la portada se reproduce la obra  Las gigantillas (1791-1792) de Francisco de Goya y Lucientes.


Silvia Burunat. Profesora y escritora cubana. Doctora en Lengua y Literatura Española (Ph.D.).  Desde hace años, reside en Nueva York, ciudad donde ejerce la docencia en el City College.

Autora, junto a otros colaboradores, de los libros de texto: El español y su sintaxis (2010), El español y su estructura (2012) y El español y su evolución (2014), entre otros, y de los títulos:  Jornada de amor y lágrimas (2006), Josefa y Josefina (2007), Monólogos dialogados (2008), Autobiografía póstuma (2009), Fantasías reales en tiempo presente y en cinco continentes (2010), Diecisiete memorias y un prólogo (2010), From heaven to Earth and Back. Manual para enamorados (2015) y Danny y Danielle y otras historietas (2017).


Danny y Danielle y otras historietas, de Silvia Burunat.

2017, 184 pp. Colección NARRATIVA.

ISBN:   978-84-8017-387-2.

PV:   15.00 euros ($20.00).

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Silvia Burunat

Entrevista realizada por la profesora española Isabel Estrada a la escritora cubana, y también profesora universitaria, Silvia Burunat. Ambas enseñan en CUNY.

El amor, las memorias y la tierra de los recordados

Estamos en mi oficina del Deparment of Modern Languages and Literatures, The City College of New York, donde ambas formamos parte del claustro de profesores. Conozco a Silvia Burunat desde 2013 y sigo de cerca su obra literaria, que consiste principalmente en recuentos de memorias referentes a sus treinta y seis años junto a su compañero inseparable, Julio Burunat y Brouwer.

Estrada: ¿Podrías resumirme el contenido de tus seis libros para que el lector tenga una idea de qué te ha motivado”

Burunat: Pues te diré, primero, los títulos en orden cronológico, Jornada de amor y lágrimas, Josefa y Josefina, Monólogos dialogados, Autobiografía póstuma, Fantasías reales y From Heaven to Earth and Back. (Manual para enamorados). Hay otro, 17 memorias y un prólogo, del cual solamente soy editora ya que los relatos fueron escritos por mis estudiantes del curso Literatura de Memorias. En breve te explico que Josefa y Josefina y Monólogos dialogados son, respectivamente, biografías, la primera de mi abuela materna y mi madre y la segunda de un amigo mexicano que ha jugado un papel muy importante en mi vida con respecto a Julio. Sin embargo, en estas dos obras, hay secciones en las que él toma parte exclusiva en el relato.

From-Heaven-To-Earth-And-Back_xP3Estrada: Me consta que Autobiografía y From Heaven… son los que más se relacionan con Julio y precisamente, quiero que me expliques sobre las voces narrativas en estas novelas. Aunque no te gusta el término “novela” porque suena demasiado a ficción, como tú misma has dicho, en todo relato hay siempre un contenido ficticio desde el momento en que intentamos colocarnos en la voz de otros; aun en la propia nuestra, la parte fantasiosa se apodera de la mente y lo que no se recuerda con exactitud, se inventa, ¿no es cierto?

Burunat: Pues sí, estoy de acuerdo. La voz narrativa central es siempre la de Julio. Su muerte, ocurrida en 2005, después de 36 años de unión casi simbiótica, la idea de perderlo no tenía cabida en mi mente. Se me ocurrió que la mejor manera de hacerlo inmortal era mediante la creación literaria. Desde las más antiguas culturas a nivel mundial, el recuerdo constituye un modo de preservarlo todo: ideas, ritos, seres. Como en las viejas civilizaciones mexicanas, cuando mueres, lo peor que puede ocurrirte es ir a la “tierra de los olvidados”, la verdadera muerte sin regreso ni redención. Ah, pero existe otra dimensión, la “tierra de los recordados” donde nadie muere realmente pues siempre queda vivo en las MEMORIAS de las generaciones subsiguientes. La literatura se ocupa de ello, de convertir la historia en una bola de nieve que sigue rodando y aumentando en tamaño mientras incorpora las interpretaciones que los lectores o auditores añaden. La muerte llega con el olvido, pero la vida se prolonga en el recuerdo. Y en cuanto a mí como personaje literario, solo aparezco en mis obras como narradora o dialogando con Julio. Aunque a veces hablo más de la cuenta y él me recuerda que debo callar para cederle la palabra.

Estrada: Ay, Silvia, qué graciosa esta última frase. Pero yo me atrevería a decir que tu escritura cumple un propósito terapéutico también. Nace de la ausencia de Julio y sirve de suplemento para llenar el vacío que él dejó con su “viaje celestial”, como he comprobado que te refieres a su muerte. Dime qué estrategias empleas además de diálogos. 

Burunat: El diálogo, como es una conversación entre dos, me resulta más terapéutico que otro estilo. Es mi voz, pero más aún la de Julio. Te supondrás que, en treinta y seis años de convivencia y sin tener que desviar la atención hacia los hijos, ya que no los hubo, llegamos a establecer tal unión que hasta nos adivinábamos los pensamientos. Muchas veces estábamos en silencio y, de repente, los dos decíamos lo mismo a la vez. Era algo que nos causaba un estremecimiento, como si pudiésemos leernos la mente uno al otro. Era como un momento mágico en el que la realidad se suspendía para dar cabida a los misterios del espíritu. Otro estilo es el realismo mágico. Creo que todos mis libros terminan con epílogos, por lo general en forma de una alegoría o un cuento de hadas, siendo esa la parte más fantástica de la obra, si bien intento que no se desvíe del tema central, sino que sirva para poetizarlo.

Estrada: Silvia, ¿tienes un libro favorito de los que has escrito? Me has dicho que varias personas han comentado que el primero fue el que les causó el mayor impacto, Jornada de amor y lágrimas. Me parece algo lógico, precisamente por tratarse de una primera obra literaria pues, según tengo entendido, nunca antes te habías aventurado en los recovecos de la literatura, sino antes bien, en las ciencias más áridas como las derivadas de la lingüística: la sintaxis, etc.

Burunat: Vamos por partes y empiezo por el final. Como ya te dije, la ausencia de mi Julio adorado fue el impulso para convertirme en literata, si es que tal palabra no te resulta exagerada. Jamás creí tener una imaginación fructífera y siempre había preferido la ciencia antes que el arte. Yo soy escritora desde hace algo más de diez años; jamás se me había ocurrido componer poesías ni escribir un cuento. En cierto modo, con la excepción de esos epílogos que ya mencioné, las memorias y la biografía, en mi concepto, caen más en el terrero de la psicología y la historia que en el de la verdadera literatura creativa. Ahora, contestando tu primera pregunta, sí, para mí, Autobiografía póstuma y From Heaven to Earth and Back. (Manual para enamorados) son las preferidas. La primera, porque me atreví a situarme dentro del alma de Julio y convertirme en él para, desde la “otra esfera” presentarme (presentarlo) ante el mundo. Modestia aparte, creo que lo logré pues, como te dije, yo conocía a mi amado mejor que a mí misma. From Heaven… es mi última obra y a veces pienso que lo será en definitiva, pero quién sabe. Me ha servido para marcar un hito en mi vida, el décimo aniversario del vuelo espiritual de quien, en realidad, se llamaba Ángel Julio, aunque nunca empleaba su primer nombre. Créeme, le hacía honor pues mi compañero de vida era, efectivamente, una criatura que poco pertenecía a la Tierra. Mi parte preferida es el epílogo donde dialogo con Julio para averiguar qué pasó con su cuerpo después de haberlo donado a una Escuela de Medicina. Sí, Isabel, mi inolvidable esposo fue donante anatómico, otra forma de no desaparecer del todo para seguir viviendo en otros.

Estrada: From Heaven… ha salido este pasado abril y me gustaría que lo explicaras con más detalles porque he visto que es una obra bastante compleja.

Burunat: El tema surgió de una conversación que tuve con una colega, la cual me insistió en la estrategia del diálogo verdadero, aun si aparente ser una imposibilidad en mi caso. Así lo he hecho y la obra se divide en 24 partes, 21 de las cuales son capítulos y las otras tres, un prólogo, el epílogo que te mencioné y un colofón. No hay un orden cronológico exacto, pues el primer capítulo se refiere al día de la muerte de Julio, pero esta vez narrada por él mismo. Seguidamente, desde el II hasta el XI la temática se convierte en recuerdos de vivencias: los hospitales, nuestro apartamento neoyorquino, los hijos que no hubo y los amigos que no tuvimos, los viajes, los libros y los bailes que tampoco se llevaron a cabo; en medio de estos, aparece uno simbólico del mar y las playas, por tratarse de un sitio favorito de mi adorado. Los estudios que siempre tuvieron un lugar primordial en nuestra vida, también ocupan un espacio si bien rodeado de fantasía, ya que habla de los que no llegamos a realizar. Hacia el final, a partir del XII, el relato se va volviendo más nostálgico y alcanza un plano espiritual de conversaciones con seres que ya han partido, como Julieta Brouwer, su madre, que murió cuando Julio era un adolescente, memorias de posibles encuentros en La Habana que no ocurrieron, pero podían haber sucedido, de su niñez, de sus aficiones. Una vez que se acerca el final del libro, los asuntos vuelven más hacia mis sentimientos de culpabilidad por no haber podido evitar su partida y, finalmente, aparece un anticipo de lo que podría constituir “el edén”, la unión total y simbiótica de ambos en una nueva dimensión.

Estrada: Vamos a terminar pues me parece que esta entrevista te está resultando dolorosa, con demasiados recuerdos que te estoy haciendo revivir. Si pudieras resumir toda tu obra en una palabra que se repita, literal o figurativamente a través de ella, ¿cuál elegirías?

Burunat: Isabel, sin duda alguna y con mayúscula, el AMOR. El que sentí por Julio desde el primer instante que en la primavera de 1969 lo conocí y que siguió creciendo en intensidad y amplitud y no se ha detenido ni se detendrá nunca. La comunicación y la conexión que se relacionan con el amor ya te lo he platicado. Fíjate que uso un mexicanismo, platicar, es que mi suegro, a quien conocí en seis ocasiones en nuestras visitas a Cuba, había nacido en Puebla de padres cubanos; el abuelo de Julio trabajaba en un ingenio azucarero y allí nacieron sus tres hijos. Ángel María y sus dos hermanas fueron a Cuba, donde nunca habían estado, siendo aún niños. Él tenía once años. Perdió el acento, pero no el vocabulario que estaba salpicado de frases como “platícame qué te ocurrió” y “niño, no te talles los ojos” entre muchas más. Julio las heredó de su padre y yo, que cada día que pasa me parezco más a Julio, creo que por ósmosis, también las empleo.

Estrada: Me conmueve tanto todo esto, no tienes idea. Especialmente hoy en día cuando a pesar de los medios de comunicación contemporáneos que parecen unirnos globalmente, el resultado es lo contrario. Ya ni hablamos por teléfono a pesar del móvil. Hasta tú y yo, Silvia, nos hemos acostumbrado a mandarnos correos electrónicos a diario no se nos ocurre tomar el teléfono para, al menos, escuchar las voces respectivas, algo mucho menos impersonal que la escritura en una máquina. ¿Qué consejo podrías dar a tus lectores sobre este tema del amor? Esta será mi última pregunta, te lo prometo.

Burunat: Ninguno. Tengo muchas amigas que están dentro de matrimonios buenos, cordiales, serenos, equilibrados, pero absolutamente todas me dicen que ni se acercan al mío. Creo que, como dice la religión musulmana entre otras, Alá nos tenía predestinados, a Julio y a mí, a amarnos desde el inicio de los tiempos y el comienzo del universo. Perdóname las frases de telenovela, pero no lo son. Los que tienen fe deben pensar que a cualquiera le puede suceder, aunque yo te acabo de decir que no conozco a esas personas, pero como pasó en mi vida, como sigue pasando, también podría presentarse en otras existencias. Probablemente sea una en trillones, pero si nosotros encontramos ese AMOR imperecedero, igualmente podrá repetirse en otros seres. Es todo lo que puedo decirte, en todo caso el consejo sería de paciencia y esperanza. Gracias, Isabel por tomarte tu precioso tiempo para esta entrevista. Muchas gracias.


Silvia Burunat es profesora de Lingüística Hispánica con especialización en Gramática e Historia de la Lengua Española, además de Literatura de Memorias, Terapéutica, de Viajes y Viajeros, de temática cinematográfica en lengua castellana y Cultura y Civilización Españolas entre otras materias. Obtuvo su Doctorado en Lengua y Literatura Españolas en The City University of New York, Graduate Center. Es parte del claustro de profesores en el Department of Classical Languages and Literatures, The City College of NY, CUNY. Burunat es la autora principal de varios libros de texto, todos en terceras ediciones con la editorial Peter Lang, NYC: El español y su sintaxis (2010), El español y su estructura (2012) y El español y su evolución (2014) así como de los libros de memorias y biográficos que se mencionan al principio de esta entrevista, todos publicados en Editorial Betania entre 2006 y 2015.

Isabel Estrada es profesora literatura y cine españoles con especialización en la guerra civil , la postguerra y la Transición a la democracia. Obtuvo una Licenciatura de la Universidad de Sevilla en Filología y un Doctorado en Literatura Española en Columbia University (NYC). En la actualidad es parte del claustro de profesores en el Department of Classical and Modern Languages and Literatures, The City College of NY, CUNY. Es autora del libro titulado El documental cinematográfico y televisivo contemporáneo: memoria, sujeto y formación de la identidad democrática española [Suffolk, UK: Tamesis Books 2013], además de numerosos artículos. En la actualidad redacta su segundo libro, que lleva por título Expanding Spanish Cinema: New Forms of Cultural Intervention in the Twenty‐First Century.

 

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El próximo jueves 16 de abril se celebrará en THE CITY COLLEGE OF NEW YORK un panel con los profesores Silvia Burunat y Jaime Manrique, con el título de “Escritores en diálogo: entre autobiografía y autoficción”.

En dicho acto, la profesora y escritora cubana presentará su  nuevo libro From Heaven to Earth and Back. Manual para enamorados (Betania, 2015).From-Heaven-To-Earth-And-Back_xP3

El evento tendrá lugar en THE CITY COLLEGE OF NEW YORK, a las 12.30 -2:00 p.m.

Dirección: The Department of  Foreign Languages and Literatures. NAC 5 / 223 A.

Teléfono: 212-650-6731.

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