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Archive for 21 septiembre 2018

Reseña del profesor y escritor venezolano Enrique Viloria Vera sobre la antología hispano italiana Para después / Peri l domani (Hebel / Betania, 2018) del poeta peruano salmantino Alfredo Pérez Alencart (Puerto Maldonado, 1962), publicada el 20 de septiembre de 2018 en Crear en Salamanca.

 

 

 

 

Ver taimado, como elipse, el tuyo.

¿Acaso finges no ver, ciego ya para no sentir?

Alfredo Pérez Alencar

Finamente editada por las editoriales Hebel y Betania, con una portada que es una exaltación del amor y de la vida simple, correctamente traducida al idioma hermano por un grupo de escritores solidarios que no confirmaron el viejo aforismo latino, en efecto, no traicionaron la palabra del poeta peruano salmantino, los versos se leen con deleite tanto en el español de Cervantes, Quevedo, Vallejo, Baquero y de Gabriela Mistral como en el italiano de Dante, Ungaretti, Montale, Pavese y María Luisa Spaziano.

Confieso que, en una primera aproximación a esta antología poética, me sorprendió su título: Para después / Per il domani, debido a que no se me correspondía con el quehacer de nuestro poeta que anda siempre inmerso en plurales emergencias existenciales; pensé que Alencart proponía-por el contrario-, una lasitud vital, una posposición de propósitos, un dejar para mañana lo que se puede hacer hoy. Afortunadamente los propios versos de nuestro poeta místico, aclararon prontamente la duda. Leamos:

 

PARA DESPUÉS

Cuando ya no esté ni emocionado pueda verlos porque mi alma salió,

no lloren por el ayer que fui hacia arriba o hacia abajo.

Dos partes hagan de las cenizas.

Aviéntenlas luego a los ríos que me surcaron el corazón.

Y díganme adiós con un salmo de aquel que venció a Goliat.

Así abriré la ventana ciega con mi alma recostada en un olivo de Getsemaní.

 

En esta nueva antología Pérez Alencart confirma que no es un escritor de pocos y limitados temas que voltea, ensancha, encoge, pone de frente o de perfil, adorna, emperifolla, para que los poemarios -en principio diversos-, sean siempre la misma tesitura con diferente nombre. Nuestro poeta reitera que es un bardo de lo humano, a quien nada de lo que acontece al ser humano le es ajeno; en consecuencia, ofrece poemas de diferente alcance: amatorios, familiares, sociales, religiosos, de denuncia, laudatorios y agradecidos, humanitarios, de aquende y allende, de continua religación con el hombre –Dios que lleva en alma y conciencia.

En esta ocasión, vamos a referirnos a los poemas que en el capítulo Virgiliana evocan abiertamente la obra del poeta latino por antonomasia, y en la intimidad son sentido y merecido homenaje a su maestro Don Alfonso, fallecido recientemente y quien, tempranamente, lo enseñó a abrevar en las fuentes del saber occidental.

Bucólicamente, reposado, el poeta celebra que no pugna, combate, por lujos y prebendas, y prefiere reposar en dorados campos y canturrear en baja voz salmos que sosiegan el espíritu y le otorgan paz en tiempos de incomprensibles guerras.

Descreído de gangas, pasa de fotos, flash y paparazis, añorando la parusía de Píndaro y Virgilio a fin de que lean sus maduros versos y les den cobijo en sus obras inmortales.

Exalta sin ambages las amistades de Horacio y Virgilio, inculcadas por su maestro y amigo Alfonsus, quien sobrevivió los últimos años de su fructífera existencia, alejado de la memoria, pero no de la conciencia exigente de amor, paz y justicia. Nuestro poeta no admite desalmados en la patria de la amistad, en la que existe una placa para celebrar la dolorosa partida del fraterno poeta Eduardo Chirinos.

Detesta y combate la envidia que para muchos es el motor fundamental de la vida, les comunica sin alfeñiques que es inmune a las pedradas que le lanzan y les advierte que no sólo les dolerán las manos, sino que también es posible que esos pedruscos de innecesaria rivalidad pueden ser bumeranes justicieros que de regreso pueden dejar ciego a quien los lanza.

Versos desazonados, rabiosos, escribe Pérez Alencart para denunciar a los patronos explotadores que conciben a sus trabajadores como revividos siervos de la gleba. Se lamenta el poeta, se preocupa vivamente, porque el pan nuestro de cada día “dejó de ser esfuerzo y se ha vuelto lágrima”.

No podían faltar versos de amor para su mujer de los cien nombres, aquella que ronda donde el poeta yace, emborrachándolo con su olor almibarado, ahora su Jacqueline de siempre -princesa, morena, gacela-, se transforma por su reiterada entrega en una versión contemporánea de Dídimo, el de Cartago.

 

¡AUGURI CARO AMICO! 


Enrique Vitoria Vera (Caracas, 1950). Autor de innumerables libros, su último título publicado es el libro de ensayos Apocalipsis Bolivarianos (Betania, 2018).

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Reseña de la poeta y escritora cubana Ena Columbié sobre el libro de relatos Invisibles triángulos de muerte. Con Cuba en la memoria (Betania, 2017) de Felipe Lázaro. Texto publicado en el blog El Exégeta: http://elexegeta.blogspot.com  (Miami, 26 de julio de 2018).

LA NOSTALGIA QUE SOMOS, INVISIBLES TRIÁNGULOS DE MUERTE

El viaje a la nostalgia es un viaje al pasado, un desplazamiento inútil, que en muchos casos alimenta el espíritu pero que también puede destruirlo. Cómo saber qué recuerdo puede ser positivo si la nostalgia es pena y tristeza, es melancolía y añoranza. La nostalgia es también anhelo y sufrimiento por lo que se perdió y no volverá a ser. Ese sentimiento sin embargo, es capaz de provocar múltiples situaciones en el universo emocional de quien lo usa, y para los escritores, es sin dudas una de las arma indispensable en la creación.

Invisibles triángulos de muerte (Betania, 2017) de Felipe Lázaro, es un libro de relatos que trata sobre la nostalgia. “Reúno este puñado de relatos como una forma de rescatar la memoria de mi niñez en Cuba” dice el autor en sus palabras iniciales y sentencia “Más bien son textos testimoniales, de denuncia, que a lo sumo encierran una gran dosis de nostalgia, de recuerdos juveniles, donde la memoria y la “autoficción” se aúnan para conformar este retablo de relatos”

Digamos que estos “textos personales” viajan desde el relato de la vida real del autor a la ficción creada por su mente, donde vive él como protagonista y otros que están mimetizados con un sistema de camuflaje o adaptación. Imágenes, ecos, palabras y recuerdos que se mezclan junto a la vida sucedida y se alinean en una y otra historia, para instalarse en las páginas que conforman definitivamente estos 14 relatos que suceden en Güines, la ciudad donde nació del autor entre las décadas del 50 y 60 del pasado siglo. Las narraciones no tienen la prontitud del presente, lo que las hace más valiosas, han reposado por largos años permeándose de la madurez intelectual y del conocimiento de ese pasado y sus consecuencias, para entregarnos una obra literaria.

“La tienda de Chon era un mundo especial, no solo por el montón de cosas que tenía, sino por su variedad (…) En jaulas más grandes en el suelo tenía cotorras y loros de varios tamaños. Y lo más fascinante eran unos inmensos frascos, en el gran mostrador de caoba, lleno de pececitos de colores.” ¿Quién no recuerda una vivencia así de niño llena de colores y vida? En este cuento, El viejo Chon, el bucolismo en el recuerdo logra montar imágenes cinematográficas que deleitan al lector y los remite a su propia niñez.

“En la victrola (sic) se oía a un estruendoso Benny Moré cantando Camarera, lo cual les hizo brillar un poco los ojos, entonando ambos el estribillo de la conocida:

Camarera, camarera

Tú eres la camarera

De mi amor”.

El fragmento anterior pertenece al cuento Aguafiesta y como se puede ver la melancolía nos acerca a los no tan jóvenes a ese punto narrativo de referencias que una vez formaron parte de una casa, un pueblo, un país.

Por último el cuento que da título al libro, Invisibles triángulos de muerte, nos envía de regreso a una narrativa oral repetida por varios, muchos de los familiares que pasaron por esta situación real desesperante. “Sudaba a chorros, un maloliente líquido le recorría todo el cuerpo cuando escuchó su nombre y  apellidos. ¡Le ha llegado su turno! (…) Ya pegado al paredón, sintió un escalofrío y simuló una mueca al pensar: “Esta es la Revolución por la que estuve dispuesto a dar tantas veces mi vida” (…) El estruendo de los fogonazos interrumpió el silencio macabro de aquella madrugada.”

No importa si los cuentos son políticos o no, si hay finales felices o no; en este libro lo importante es el rescate de las nostalgias, que son los recuerdos que hablan de eso que somos porque podemos vernos en ellos y de los trozos de historia con que nos fuimos haciendo.


Ena Columbié (Guantánamo, 1957). Poeta, escritora y artista cubana. Reconocida también como pintora y fotógrafa. Reside en Miami. Autora de varios libros de cuentos y de poesía. Sus títulos más recientes son: Sepia (2016) y Jazz (2018).

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