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Honrar, honra.

José Martí

Nada puede secar el árbol de la poesía.

Gastón Baquero.

 

Hace ya veinte años (el 15 de mayo de 1997, otro madrileño día de San Isidro) fallecía en la capital española el poeta, ensayista y periodista cubano Gastón Baquero (1914-1997), uno de los grandes de la cultura cubana e hispanoamericana, tras 38 años de largo exilio vitalicio.

En este vigésimo aniversario es casi un deber con  Gastón Baquero -el Maestro y el amigo-  recordar su sobresaliente figura. Para ello, Betania se suma a esta conmemoración no solo para evocar su valiosa trayectoria literaria (poética y ensayística) y  de su aún poco estudiada obra periodística, sino para rememorar al hombre de letras, al patriota, al exiliado…Muchos son los recuerdos, las enseñanzas, las anécdotas que se agolpan en este instante en que escribo estas líneas. Palabras llenas de agradecimiento por su generosa amistad, por su ejemplar forma de ser cubano y por su visión universalista de la cultura que lo ha hecho trascender de la muerte física, transitando -después de estos veinte años- por una especie de renacimiento de su imagen y obra.

La presencia imborrable de Gastón Baquero en Cuba, con su poesía y su periodismo, ya ha quedado plasmada en las letras cubanas del pasado siglo, incluso la obra baqueriana ha dejado su impronta en una España -que tras un frío y poco solidario recibimiento  a su llegada al exilio español- ha terminado valorando al Maestro como uno de los grandes poetas y escritores hispanoamericanos de todos los tiempos. Reconocimiento al que Baquero ha aportado su importante bibliografía española, sobre todo, con su primordial poemario Memorial de un testigo (1966), seguido de Magias e invenciones (1984), Poemas invisibles (1991), Poesía completa, 1935-1994 (1995) publicada en Salamanca bajo la coordinación de Alfonso Ortega Carmona y Alfredo Pérez Alencart, y las dos ediciones de su Poesía Completa (Verbum,1998 y 2016) hasta la reciente antología Palabra inocente (Visor, 2017) compilada por Carlos Javier Morales; entre otros títulos poéticos. Sin olvidarnos de su valiosa obra ensayística publicada en España: Escritores hispanoamericanos de hoy (1966), La evolución del marxismo en Hispanoamérica (1966), Darío, Cernuda y otros temas poéticos (1969), Gertrudis Gómez de Avellaneda (1974),  Páginas escogidas de Simón Bolívar (1983), Indios, blancos y negros en el caldero de América (1991), Acercamiento a Dulce María Loynaz (1993), La fuente inagotable (1995), libro sobre José Martí,  Ensayos (1995) tomo que reúne casi toda su obra ensayística y que también fue publicada en Salamanca, Primeros textos, 1936-1945 (2001),  Eternidad de Juan Ramón Jiménez (2003), Geografía literaria, 1945-1966 (2007),  Andaluces (2009) y Apuntes literarios de España y América (2011).

En estos veinte años son muchas las publicaciones que se han hecho de  -y sobre- la obra de Gastón Baquero, incluyendo su poesía, sus ensayos y la recopilación de su periodismo cultural, pero conviene no olvidar a quienes desde finales de los años 60 y, sobre todo, en los años 80 y 90, auparon su nombre literario y se encontraron entre sus amigos de siempre; además de nuevos nombres que se han sumado a la labor de difundir el legado baqueriano. Me refiero a  autores españoles, como: Francisco Brines, Rafael Montesinos,  Guillermo Díaz Plaja, José García Nieto, Luis Suñén,  Luis Antonio de Villena, Luis Alberto de Cuenca, Luis Frayle Delgado, Leopoldo Alas, Ángel Luis Vigaray, José Ramón Ripoll, Alberto Linares Brito, Carlos Javier Morales, Víctor García de la Concha, Carlos Bousoño, Fernando Rodríguez Lafuente, Alfonso Ortega Carmona, J. J. Armas Marcelo,  Rafael Alfaro, Santiago Castelo, Antonio Fernández Ferrer, Carmen Ruiz Barrionuevo, Carlos Barbáchano, Ángel Rodríguez Abad, Javier Lostalé, Blas Matamoros, entre otros. Los latinoamericanos Alberto Baeza Flores, Alfredo Pérez Alencart, Pedro Shimose, Juan Gustavo Cobo Borda, Carlos Contramaestre, Elizabeth Burgos, Salvador Garmendia  y Carlos Meneses. Los cubanos Eugenio Florit, José Olivio Jiménez, Pío. E. Serrano, Efraín Rodríguez Santana,  León de la Hoz,  José Prats Sariol, Isabel Castellanos,  Orlando Rossardi, Carlos Espinosa Domínguez, Armando Álvarez Bravo, Walfrido Dorta,  Amaury Francisco Gutiérrez Coto, Oscar Fernández de la Vega, Bladimir Zamora Céspedes, Alberto Díaz Díaz, Nelson Simón González, Virgilio López Lemus, Alfredo Zaldívar, Luis Yuseff,  Jesús J. Barquet, Rosario Hiriart,  César López, Rosario Rexach, Raúl Rivero, Alberto Lauro, Fabio Murrieta, Manuel Gómez-Reinoso, Remigio Ricardo Pavón, Camilo Venegas,  Jorge Luis Arcos, Luis Rafael Hernández, Antonio José Ponte, José A. Torres, Jorge Ribail Reyes,  Nidia Fajardo y quien escribe estas líneas, entre otros. Todos (hispanos, americanos y cubanos) han ayudado a aumentar la ya extensa bibliografía  baqueriana. Sin olvidar a sus traductores:  Elena Jaratsi (griego), Gaetano Longo (italiano), Greg Simon y Stephen F. White (inglés), Juana y Tobías Burghardt (alemán), Jacobo Machover (francés), a los estudiosos de su obra, como: Niall Binns y Clément Akassi Animan y los reconocidos pintores  Sylvain Málet, Luis Cabrera y Miguel Elías con sus bellos retratos del Maestro hasta la famosa y más reproducida foto de Jesse A. Fernández,  que es la imagen más conocida de Baquero. Así como el documental Retrato de Gastón Baquero (2014, 60 minutos) realizado por Manuel Rodríguez Ramos y Marié Pereira.

Para homenajear al poeta, en este vigésimo aniversario, reproducimos la portada del periódico madrileño La Prensa del Caribe (Nº 1, junio de 1997) con la citada foto de Fernández y un artículo de mi autoría que se publicó en ese número, días después de su fallecimiento:

 

 

Gastón Baquero: Maestro y amigo

Por Felipe Lázaro.

 

Si en abril, “el mes más cruel”, según Eliot, fallecía Dulce María Loynaz; mayo ha sido demoledor con la muerte de Gastón Baquero. El mismo mes que nos arrebató a José Martí, repite la tragedia cubana con el fallecimiento de otro Maestro.

Aún recuerdo nuestro primer encuentro en el Madrid estudiantil de finales de los sesenta. Estábamos reunidos un grupo de universitarios cubanos, en la siempre memorable cafetería del Instituto de Cultura Hispánica, cuando nos presentaron. De entrada, nos impresionaron su gran estatura y su elegancia al vestir: parecía un patricio cubano del siglo XIX. Pero tan pronto comenzó a hablar, nos dejó a todos aún más sorprendidos por su gran sabiduría y erudición: era como una enciclopedia abierta, repasando toda la historia política y literaria de Cuba en breves minutos; dándonos una especie de improvisada lección magistral.

Al final de la conversación nos insistió, una y otra vez, que estudiásemos; recordándonos el ejemplo del universitario Martí en España. Después, antes de despedirse, pagó nuestra repetidas consumiciones y, desde entonces, comprendí su gran generosidad y su constante disposición a dialogar con los más jóvenes. Así, Gastón se convirtió para mí en una de las fuentes recurrentes de mis años universitarios: ¿Cuántos libros prestados? ¿Cuántos libros me recomendó que leyera? La lista seria innumerable, aunque debo confesar que como buen maestro me indicó una lectura imprescindible para el joven poeta que entonces se iniciaba: “Rilke, Felipe, lee a Rilke”.

Aquellos jóvenes cubanos de entonces, asistíamos a sus múltiples conferencias o disertaciones en aquel Madrid franquista (en el Colegio Mayor Guadalupe o en Cultura Hispánica), no como seguidores de una cubanidad trasnochada, sino sabiendo que estábamos ante un maestro. Como años más tarde, con la recién estrenada democracia en España, lo escuchamos en la Residencia de Estudiantes o en la Casa de América en Madrid, no como un escritor cubano más, sino ya sabiendo que era uno de los cubanos más ilustres de nuestro siglo.

Peregrinar a su madrileña casa de Antonio Acuña fue, siempre, como regresar a la Isla en una especie de viaje imaginario o saciar de toda una puñetera vez nuestra sed de nostalgia. En uno de esos momentos, me presentó a varios poetas cubanos que residían en la Isla y gracias a él pudimos conocernos. Como sucedió con Blamidir Zamora, con quien publiqué en 1995, la antología Poesía Cubana: La Isla Entera (1), que comienza con sus palabras:  “A los poetas que llegan y seguirán llegando. A los muchachos y muchachas nacidos con pasión por la poesía en cualquier sitio de la plural geografía de Cuba, la de adentro de la Isla y la de fuera de ella”. Curiosamente, Bladimir, junto a otro poeta cubano, Camilo Venegas, fueron invitados -en 1991- a leer sus poemas en la Casona del Vigía en la ciudad cubana de Matanzas, pero, en vez de leer sus poemas, ambos leyeron los de Baquero, siendo los primeros en la Isla en rescatarlo de un silencio impuesto desde 1959. (2)

Tampoco puedo olvidar las cenas cubanas en su casa: congrí, yuca y plátanos fritos, o cuando asistíamos al restaurante asturiano cercano a la misma, con innumerables amigos. Aunque, quizás, la más memorable fue una especie de cena cubano-venezolana con Carlos Contramaestre y Salvador Garmendia, donde el americanista Gastón brilló en toda la extensión de la palabra, como otros recordables almuerzos con el profesor José Olivio Jiménez o con  Reinaldo Arenas. También recuerdo otras comidas, como las dos que organizó el Ministerio de Asuntos Exteriores español, una, más improvisada, en el restaurante asturiano que quedaba cerca del domicilio de Gastón y otra más oficial en el restaurante de la madrileña Casa de América, cuando se celebraron las Jornadas de Poesía Cubana “La Isla Entera” (1994) que reunió a poetas de dentro y fuera de la Isla. (La presencia de César López, José Prats Sariol, Efraín Rodríguez Santana y Jorge Luis Arcos, entre otros, que viajaban desde La Habana, junto a Heberto Padilla y José Kozer, entre otros exiliados, convirtió aquellos banquetes en algo verdaderamente inolvidable). Como la concurrencia y presencia  diaria de Gastón: mañana y tarde en dichas Jornadas, que se repitió en el evento de cuentistas cubanos al año siguiente, a pesar de su ya maltrecha salud. (3)

Pero lo más importante de su última trayectoria madrileña fue su constante asistencia a las presentaciones de libros de jóvenes autores cubanos, de dentro o fuera de la Isla, con lo cual demostraba su gran interés por conocer a la nueva generación de escritores cubanos.

El autor de Poemas invisibles (1991) vivía para la poesía y para Cuba, siendo éstas, dos constantes de su vida y de su extensa obra, tanto en la poesía como en la prosa; que lo ha convertido en el gran maestro de la literatura escrita en español de este siglo. Y siempre se le recordará, además, por su inmensa labor periodística, desarrollada desde su más temprana edad y que aún está por estudiar.

Actualmente, la mayoría de sus poemas –felizmente- ya se leen en La Habana o en Caracas, en Matanzas o en Salamanca y no digamos en este Madrid donde le sorprendió la muerte:

 

Parece que estoy solo,

diríase que soy una isla, un sordomudo, un estéril.

Parece que estoy solo, viudo de amor, errante,

pero llevo de la mano a un niño misterioso.

 

Así comienzan los primeros versos de su poema “Silente compañero”. Como ya es un clásico de la poesía cubana “Palabras escritas en la arena por un inocente”, con su verso inicial:

 

Yo no sé escribir y soy inocente.

 

O este fragmento de su poema “Fábula”;

 

Mi nombre es Filemón y mi apellido Ustariz.

Tengo una vaca, un perro, un fusil y un sombrero;

vagabundos, errantes, sin más tierra que el cielo,

vivimos cobijados por el techo más alto;

ni lluvias ni tormentas, ni océanos ni ríos,

impiden que vaguemos de pradera en pradera.

 

¿Quién no ha leído en voz altas el comienzo de su “Memorial de un testigo”?

 

Cuando Juan Sebastián comenzó a escribir la Cantata de café,

yo estaba allí:

llevaba sobre sus hombros, con la punta de los dedos,

el compás de la zarabanda.

 

¿Quién no peregrinó a la calle de Antonio Acuña, cual Velintonia o Trocadero, en busca de sueños compartidos? Y

 

¡todos felices de pronto, todos gozosos

devorando el asombro de la luz!

 

Definitivamente, después de 38 largos años de exilio, Gastón Baquero no regresará físicamente a Cuba; aunque su poesía, como su poética evocación de La Habana, siempre se escuchará en la Isla.

 

Yo te amo, ciudad

aunque sólo escucho de ti el lejano rumor,

aunque soy en tu olvido una isla invisible,

porque resuenas y tiemblas y me olvidas,

yo te amo, ciudad.

 

 

Madrid, mayo de 1997.

Fuente: La Prensa del Caribe (Madrid: Nº 1, junio 1997; pág. 14). Este artículo también fue publicado en el libro Gastón Baquero: La invención de los cotidiano (Betania, 2001) de Felipe Lázaro; págs. 27-33.

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Con esta entrada rendimos un merecido homenaje al autor de Memorial de un testigo, recordando -como si fuese ayer- sus días habaneros y madrileños, rememorando sus libros y leyendo sus poemas; además de no cansarnos de resaltar su ya reconocida obra literaria. Y aunque falleció hace ya veinte años, a los 83 años de edad, después de un duro destierro de casi cuatro décadas, sin poder volver a ver su amada tierra cubana (otro de los crímenes más espantosos e injustificables del régimen del 59), ya hoy sabemos que Gastón Baquero ha vencido a la muerte y que sus versos recorren todos los rincones del imaginario cubano, incluyendo el exilio; pues isla y destierro conforman la patria entera, la  Cuba plural que tanto nos enseñó a amar. Hoy ya nos consta que su poesía siempre ha estado -y está, más que nunca-  presente en tierras cubanas. Sabemos que sus poemas se leen desde Banes hasta su querida Habana, pues los poetas nunca mueren,  renacen, como la rosa baqueriana en uno de sus más bellos poemas fundacionales “Qué pasa, qué está pasando…”:

 

Qué pasa, qué está pasando siempre debajo del jardín

que las rosas acuden sin descanso.

Qué está pasando siempre debajo de ese oscuro espejo

donde nada se oculta y disuelve.

Qué pasa, que está pasando siempre debajo de la sombra

que las rosas perecen y renacen.

Que nunca se desmiente su figura,

que son eternas sombras, idénticos recuerdos.

Qué está pasando siempre bajo la tierra oscura

donde la luz levanta rubias alas

y se despliega límpida y sonora.

Qué está pasando siempre bajo el cuerpo secreto de la rosa

que no puede negarse al cielo temporal de los jardines,

que no puede evitar el ser la rosa, precisa voluntad, sueño visible.

Qué pasa, qué está pasando siempre sobre mi corazón

que me siento doliéndole a la sombra,

estorbándole al aire su perfil y su espacio.

Y nunca accedo a destruir mi nombre,

y no aprendo a olvidarme, y a morir lentamente sin deseos,

como la rosa límpida y sonora que nace de lo oscuro.

Que se inclina hacia el seno impasible de la tierra

confiando en que la luz la está esperando, creándose la luz,

eternamente fija y libertada bajo el cuerpo secreto de la rosa.

 

Felipe Lázaro

Escalona, mayo de 2017.


Notas de actualización (mayo, 2017):

 (1)  La antología  Poesía Cubana: La Isla Entera (Betania, 1995; 392 pp.), compilada por  Felipe Lázaro y Bladimir Zamora, reúne a 57 poetas cubanos que -entonces- residían dentro o fuera de Cuba: Miguel Barnet, José Mario, José Kozer, Isel Rivero, Pío E. Serrano, Rafael Catalá, Belkis Cuza-Malé, Guillermo Rodríguez Rivera, Reinaldo García Ramos, Nancy Morejón, Magali Alabau, Lina de Feria, Julio E. Miranda Delfín Prats, Raúl Rivero, Lilliam Moro, Maya Islas, Felipe Lázaro, Luis Lorente, Gustavo Pérez Firmat, Rolando Estévez Jordán, Alina Galliano, Lourdes Gil, David Lago González, Rafael Bordao, Orlando González Esteva, Mercedes Limón, Reina María Rodríguez, René Vázquez Díaz, Badimir Zamora Céspedes, Jesús J. Barquet, Carlota Caulfield, Iraida Iturralde, Elías Miguel Muñoz, Víctor Rodríguez Núñez, Roberto Valero, Daína Chaviano, Ángel Escobar, León de la Hoz, Ramón Fernández Larrea, Alberto Lauro, Teresa Melo, Sigfredo Ariel, Reinaldo García Blanco, Emilio García Montiel, Arístides Vega Chapú, Sonia Díaz Corrales, Omar Pérez López, Antonio José Ponte, Nelson Simón González, Laura Ruiz Montes, Damaris Calderón, Camilo Venegas y Norge Espinosa. (Muchos de los poetas que residían en la Isla en 1995, con los años -y sucesivamente- optaron por el exilio y hoy residen fuera de Cuba).

(2) Estas lecturas de poemas de Gastón -que realizaron Bladimir Zamora y Camilo Venegas en la ciudad de Matanzas- se dieron en un acto organizado por el poeta y editor cubano Alfredo Zaldívar en 1991. Con posterioridad, el profesor, escritor y crítico de poesía cubana José Prats Sariol leyó en la Universidad de La Habana su ponencia “Baquero, el instinto indomable” el día 26 de enero de 1994, siendo la primera oportunidad en que la obra poética de Gastón Baquero fuera mencionada in extenso en Cuba desde 1959. (Véase: Conversaciones de Gastón Baquero (Betania, 1994) donde aparece este artículo como Epílogo, págs. 53-75. Dos años más tarde, se publica una selección de la poesía baqueriana en Testamento del pez. Antología (Matanzas: Ediciones Vigía, 1996), edición del poeta y editor cubano Alfredo Zaldívar y no es hasta varios años después que se publica en Cuba toda la obra poética de Baquero: La patria sonora de los frutos. Antología poética de Gastón Baquero (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2001). Edición a cargo de Efraín Rodríguez Santana. También ese mismo año, Walfrido Dorta gana el Premio UNEAC con su libro Gastón Baquero, el testigo y su lámpara: para un relato de la poesía como conocimiento en Gastón Baquero (La Habana: Ediciones Unión, 2001) y en el  2013 se publicó la antología Poderosos pianos amarillos. Poemas cubanos a Gastón Baquero (Holguín: Ediciones La Luz) compilada por Luis Yuseff  y Prólogo de Virgilio López Lemus.

(3) Las Jornadas de Poesía Cubana: La Isla Entera se celebraron del 21 al 25 de noviembre de 1994 en Madrid y fueron organizadas por la Secretaría de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica del Ministerio de Asuntos Exteriores español. Se celebraron, por la mañana, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid y, por la tarde, en el anfiteatro de la Casa de América. Participaron 24 poetas e intelectuales cubanos. Desde Cuba: Rafael Alcides, Guillermo Rodríguez Rivera, José Prats Sariol, Cleva Solís, Jorge Luis Arcos, Efraín Rodríguez Santana, César López, Delfín Prats, Reina María Rodríguez, Enrique Saínz, Pablo Armando Fernández y Bladimir Zamora. Desde el exilio: Manuel Díaz Martínez, Albero Lauro, Mario Parajón, Gastón Baquero, Orlando Rossardi, Heberto Padilla, Pío E. Serrano, José Kozer, José Triana, Nivaria Tejera, León de la Hoz y Felipe Lázaro. (Algunos de los que viajaron en esas fechas, desde la Isla, hoy residen en el exilio).

TURRIALBA LITERARIA  y  LATIN POETS OF NEW YORK
PRESENTAN

LECTURA DE POESÍA
con
MAGALI ALABAU y MANUEL ADRIÁN LÓPEZ

SÁBADO 13 DE MAYO A LAS 2:00 PM

THE CHANIN LANGUAGE CENTER AT HUNTER COLLEGE
West Building Room 209
en
HUNTER COLLEGE
695 Park Ave
NY, NY 10065

Introducción a cargo de Dinapiera Di Donato (Premio Paz 2013)
Coordinadora: Marisa Daniela Russo (Hunter College Dept. of Romance Languages)

 

Manuel Adrián López nació en Morón, Cuba. Sus libros publicados son: Yo, el arquero aquel (Poesía, Editorial Velámenes, 2011), Room at the Top (Short Stories, Eriginal Books, 2013), Los poetas nunca pecan demasiado (Poesía, Editorial Betania, 2013. El barro se subleva (Cuentos cortos, Ediciones Baquiana, 2014) y Temporada para suicidios (Cuentos cortos, Eriginal Books, 2015), Muestrario de un vidente (Poesía. Proyecto Editorial La Chifurnia, 2016), Fragmentos de un deceso/El revés en el espejo, en conjunto con David Sánchez Santillán para la colección Dos Alas (El Ángel Editor, 2017), El arte de perder/The Art of Losing (Poesía Bilingüe, Eriginal Books, 2017) y El hombre incompleto (Poesía, Dos Orillas)

 

  Magali Alabau, nació en Cienfuegos, Cuba.  Sus libros de poemas: Electra, Clitemnestra (Editorial El Maitén, Chile. 1986)  La extremaunción diaria (Ediciones Rondas, Barcelona, 1986), Ras (Ediciones Medusa, New York, 1987), Hermana (Editorial Betania, Madrid, 1989), Hemos llegado a Ilión (Editorial Betania, Madrid, 1992), y Liebe (Editorial La Torre de Papel, Coral Gables, 1993). Después de dos décadas de silencio u a partir de 2011 el Editorial Betania, ha publicado Dos Mujeres, Volver y Amor Fatal en 2016.
Ir y Venir, (2017) Poesía reunida 1986-2016 acaba de ser publicada por Leiden Bokeh sello editorial de Almenara Press.

 

 

 


Silvia Burunat

Entrevista de la profesora española Isabel Estrada a la escritora y profesora cubana Silvia Burunat sobre su reciente libro Danny y Danielle y otras historietas (Betania, 2017). Ambas enseñan en CUNY, Nueva York.

 

Estrada: Silvia, acabo de leer tu último libro, Danny y Danielle y otras historietas. Debo decirte que me ha impresionado en varios niveles, pero mi primer comentario tiene que ver con el género literario. Te he conocido siempre como escritora de memorias, biografías, me refiero al terreno de la ficción, ya que también sé que escribes libros de texto en el terreno de la lingüística aplicada. Pero veo que tu nueva obra pertenece a la cuentística.

Burunat: Primero, Isabel, muchas gracias por haberte ofrecido a hacerme esta entrevista. Efectivamente, por primera vez me he aventurado en un nuevo género, el del cuento. Te confieso que este libro se ha preparado casi sin pensar mucho en ello. Proviene de una doble inspiración. La primera ya la has encontrado en el colofón, me refiero a “La Diabla”, uno de los mejores cuentos que he leído en mi vida, de la pluma de mi amigo y colega Ángel Estévez. He estado enseñándolo durante los últimos cinco años en varias de mis clases. A los estudiantes les fascina y a mí me ha cautivado, de tal modo, que ha sido como un resorte que me ha impulsado a la escritura de cuentos. La segunda se refiere a la primera narración del libro que también la he usado como título, “Danny y Danielle”. Se trata de otro amigo, alguien que conocí en mi edificio y con el que he sostenido varias conversaciones. Este hombre tiene dos hijos de edades muy distintas: uno de dieciséis o diecisiete años, no estoy segura, y una nena de cuatro. De esta última me ha contado muchas anécdotas: conversaciones con ella, viajes a la playa, cruceros, reuniones familiares. Me encanta ver con la ternura que se expresa sobre ella y me ha hecho recordar mi propia niñez, ya que mi padre y yo tuvimos una relación muy parecida. Es por eso que le he dedicado el libro a mi papá, porque mis pláticas con Danny me hicieron revivir mi infancia y mis paseos con Gastón, sobre todo a las lomas del vecindario. Pero mira, esto ya lo verán mis lectores cuando lean mis cuentos.

Estrada: Pues Silvia, te iba a preguntar por los protagonistas. Pero antes tengo curiosidad por saber si hay algún hilo narrativo que una estas historietas, como les llamas en el título.

Burunat: Mira, te contesto ambas preguntas. Empezando por la conexión entre los treinta cuentos. Sí existe y en varios niveles. Absolutamente todos provienen de la vida real, es decir, de mi realidad. En estas páginas se encuentran varios de mis familiares, hay amigos, conocidos, vecinos, estudiantes que han pasado por mis aulas, mi familia cercana como mis padres, abuelos y tíos. Ya sabes que soy hija única, así que hermanos no hay. Te vas a encontrar con algunas personas que vas a reconocer por tratarse de figuras públicas. También hay partes sobre mí, cuando era niña como protagonista o personaje secundario y ya adulta, pero no como figura central. Porque tengo que explicarte algo: todos los que protagonizan las narraciones, los que están en el centro o sobre los que escribo, todos son menores de veinte años. La mayoría son niños, digamos, entre tres y diez u once y el resto, adolescentes, siendo la mayor una chica de diecinueve. La razón estriba en que estoy convencida que en esas etapas de la existencia, hay una cualidad natural y espontánea que se presta mucho para narrar y hacer hablar y desenvolverse a los personajes. Bien, creo que he contestado dos preguntas en una, ¿verdad? Te he explicado sobre la conexión que existe entre todos los cuentos y quiénes los protagonizan.

Estrada: Me dices que se trata de una obra de ficción; pero, al mismo tiempo, me explicas que todo lo que leemos aquí ocurrió en un momento dado. ¿Podrías elaborar más sobre esto?

Burunat: Por supuesto. Ya sabemos que, una vez que escribes lo que sea, jamás va a ser como una fotografía que capta cada detalle como aparece realmente. El escritor siempre va a poner de su parte, sea su enfoque, su estilo, su modo de ver e interpretar la vida. Primero, he cambiado los nombres de mis personajes, diría que en el 85% de los casos. Hay muy pocos que hayan conservado su verdadero nombre. Por lo tanto, la perspectiva de la narración también cambia. A veces aparezco yo misma narrando, en ocasiones un personaje secundario lo hace, o el propio protagonista. Claro, cuando parece que narro yo, no es necesariamente así. Se trata de alguien neutral y anónimo, pero ya sabes que tenemos la costumbre de establecer un paralelo escritor//narrador, sea o no cierto. Espero que esto satisfaga tu curiosidad sobre las voces narrativas.

Estrada: Creo que sí. Tengo otra pregunta que se refiere a la época. Porque me parece que no todo aquí ocurre en el presente.

Burunat: Tienes razón. Yo te diría que nos podemos remontar a fines del siglo XIX hasta hace un par de años. Por ejemplo, el último cuento es, probablemente, el más reciente cronológicamente hablando. Cuando aparecen miembros de mi familia, a veces con sus nombres verdaderos y otras no, hay que hablar del decenio de 1890 y hasta antes. Cuando se trata de mi infancia, ya estamos en la segunda parte del siglo XX y de ahí en adelante. Por cierto, me acabo de dar cuenta que no te he mencionado al que es la persona más importante para mí: Julio, mi inolvidable compañero. La palabra esposo me parece demasiado formal y poco afectiva, prefiero la que he empleado. Julio está en varias narraciones, de niño, de joven, de adulto y hasta después de su viaje celestial, como sabes que me gusta referirme a su muerte. Para mí es imposible no incluirlo ya que estoy convencida de que, absolutamente todo lo que escribo, en el fondo proviene de él, de mis recuerdos y mis vivencias.

Estrada: Ay, Silvia, siempre me conmueve oírte hablar de tu Julio. Permíteme preguntarte sobre los lugares y el ambiente. ¿Dónde ocurren estas historietas?

Burunat: Hay un ambiente que yo llamaría internacional. Desde Cuba, pasando por España, México, Nueva York, en casa, en las aulas, otras islas del Caribe. Creo que debo hacer hincapié en la temática de las relaciones. Como provengo de una familia muy corta pues soy la única hija, sobrina y nieta por parte de madre, a pesar de que mi mamá tenía dos hermanas y un hermano, y fui también la única por parte de padre hasta la edad de ocho años, pues precisamente por eso, las amistades, los amigos, ocupan un lugar prominente en mi cuentística, así como algunos de mis estudiantes. La amistad, a mi entender, ha sido un sentimiento primordial en mi vida y lo sigue siendo. Y las relaciones entre hijos o hijas y padres o madres son esenciales para nuestra formación psicológica.  Alguien me preguntó si muestro sentimientos maternales en lo que escribo, ya que como sabes, no tengo hijos ni los hubo nunca. Mi respuesta es que no lo creo, a no ser que ni yo misma me dé cuenta y otros lo perciban. Tal vez con Julio en algunos momentos haya podido actuar de forma maternal, en especial teniendo en cuenta que él perdió a su madre a los dieciocho años, ambos estaban muy unidos y siempre tuve la impresión de que había sido un fuerte golpe para Julio. No sé si quizás, inconscientemente, yo me haya comportado de forma maternal con él. Pero la verdad es que no me interesa mucho este tema ni lo creo relevante para mí.

Estrada: Pues para terminar quiero que me expliques sobre las citas que encabezan algunos cuentos y a qué público van dirigidos.

Burunat: No todos los cuentos tienen esas citas a que te refieres. No sé por qué en algunos casos, por ejemplo, “El secreto de Aurora”, me vino a la mente un pasaje de José Martí. En “La aventura de Narciso” aparece una explicación del mito del mismo nombre y en “La carretilla mágica” hay otra sobre la mitología azteca. Hay varios más. Fueron inspiraciones espontáneas, digamos que a partir de esa cita, construí la narración o tal vez fuera lo opuesto: primero el cuento y después surgió la idea de la cita. Ah, el público. Varias personas me han preguntado si se trata de un libro de cuentos infantiles. La respuesta es un NO rotundo. Son para adultos; ningún niño podría entender la mayor parte de ellos, eso te lo aseguro. También deseo agregar que, refiriéndome por ejemplo a la mitología, hay algo de fantasioso y mágico en varias historietas. Hechos irreales o mágico-realistas, como quieras llamarlos. Mira, no se me ocurre nada más. Dejemos que los lectores saquen sus propias conclusiones del resto.

Estrada: Muchísimas gracias, Silvia. En otra ocasión te preguntaré si este es el primero y el último de tus libros de cuentos o si piensas seguir en este terreno o volver al de las memorias. Pero dejémoslo para una entrevista futura. Muy buena suerte con tu obra presente y muchas felicidades.


Isabel Estrada es profesora de Literatura y cine españoles con especialización en la Guerra Civil, la Postguerra y la Transición a la democracia. Obtuvo una Licenciatura en Filología por la Universidad de Sevilla y un Ph.D. en Literatura española en Columbia University, Nueva York. En la actualidad enseña en el Deparment of Classical and Modern Languagues and Literatures (CUNY). Es autora del libro El documental cinematográfico y televisivo contemporáneo: memoria, sujeto y formación de la identidad democrática española (2013).

Silvia Burunat. Escritora y profesora cubana, residente en Nueva York. Obtuvo un Ph.D. en Lengua y Literatura Española en The City University of New York (CUNY), Graduate Center, donde ejerce la docencia desde hace años. Es autora principal de varios libros de textos sobre la enseñanza del Español, así como de varios libros de memorias, biográficos y de viajes. Últimos títulos publicados:  From Heaven to Earth and Back. Manual para enamorados (2015) y Danny y Danielle y otras historietas (2017).

Esta reseña de la poeta cubana Ena Columbié fue publicada en su blog  El Exégeta: http://elexegeta.blogspot.comel pasado día 20 de abril.

El dolor discreto, encerrado en este corpus poético que expresa más de lo que dice, es ni más ni menos la búsqueda de sí mismo y la de cada uno de los que nos adentramos en su lectura. Eso dice Lilliam Moro sobre el libro Copos en la piel, del poeta Carlos Naranjo (Santiago de Cuba, 1975) y dicha cita me sumerge en la búsqueda de la definición que me aclare su concepto de “dolor discreto”.

Entonces encuentro poemas breves que hablan de dolor:

 

El dolor tiene mil voces

el mío canta como pájaro

al borde de la sombra.

(XXXIV)

 

El dolor se fragmenta dentro de mí

como se han roto tus palabras

a los pies de mis ganas.

(XXXI)

 

Hoy no llevo desafíos en mis ojos

solo mis manos para callar tu dolor

una ventana para gritar tus sueños

(VENTANA VI)

 

Y encuentro versos que también hablan de dolor, no solo del suyo, sino también del de otros:

El dolor tiene mil voces. /el dolor tiene algo que decir. / lo oculto, el dolor, un fajo de poemas, / al dolor de corazones / no se opaca el dolor del que todo lo pierde, / El dolor se fragmenta dentro de mí…

Pero el “dolor” no sólo se representa en el libro con la palabra literal, sino también por medio de la tristeza, de la culpa; por medio de referencias bíblicas y desencuentros. Sí, es discreto definitivamente el dolor de Naranjo, pero el de su persona; con él, Moro posee una entrañable amistad y creo que es a eso a lo que se refiere, al dolor terrible de un joven que pasa por tu lado sin que te percates de su sufrimiento. Con respecto al poemario, es estruendoso, escandaloso frente al dolor, lo muestra de todas formas posibles, sin miedo a decir, sin tapujos grita el dolor que lo escuchen; porque necesita que se lo palien:

 

He lanzado la piedra

porque los ojos de la culpa no duermen

 (MEA CULPA)

 

la tristeza que conozco

es barco varado en tierra

es cadalso en mis manos sobre un cuerpo

(SADNESS)

 

la soledad amordaza mis días,

(90 MILLAS)

 

Muchos son los ejemplos; también tiene razón Lilliam Moro cuando dice: es ni más ni menos la búsqueda de sí mismo y la de cada uno de los que nos adentramos en su lectura; porque él cree que se nota su dolor, que es visible a los demás, y estos versos lo constatan:

 

pero solo encuentro sus ojos clavados

en el dolor de mis entrañas.

(HOMBRE JUNTO AL MAR)

 

Cuando sigues leyendo el poemario, ya sin la atención fija en el dolor, se revela la poesía real. Son poemas del amor más que del dolor, de la añoranza y del desamor. Entonces aparece el sexo como un leitmotiv, y la piel como casa y asidero, y los ojos, los besos, los dedos, las ganas…

El libro está ilustrado por Yuniel Delgado Castilla (La Habana, 1984), que nos remite al recuerdo del arte figurativo de la gran Antonia Eiriz, que a su vez nos remite a Goya, Konning, Dubuffet y otros. Yuniel es pintor, dibujante, ilustrador y escultor cubano. Se graduó en la Escuela Nacional de Bellas Artes San Alejandro en la capital cubana (2011). Su obra ha sido expuesta en diferentes ciudades, como: La Habana, Miami, Pennsylvania, Vigo, Luxemburgo, Boston y Nueva York. Actualmente reside en Miami, su web es:  www.delcastilloart.com

 

Ena Columbié

Miami, abril y 2017.


Ena Columbié. (Guantánamo, 1957). Licenciada en Filología por la Universidad de Oriente. Reconocida poeta y escritora cubana. Como pintora y fotógrafa ha expuesto en varios países. Reside en Miami. Su último poemario, Sepia (Betania, 2016) con prólogo del poeta Juan Carlos Valls, contiene excelentes fotos de su autoría.


Copos en la piel  de Carlos I. Naranjo

2017, 88 pp. Colección Betania de Poesía.

ISBN: 978-84-8017-390-2.


 

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