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Nos complace presentar el libro de ensayo Apocalipsis bolivariano (Betania, 2018) del  escritor y jurista venezolano Enrique Viloria Vera (Caracas, 1950), residente en la ciudad  española de Salamanca.

En este libro, su autor reúne 65 artículos (publicados previamente en portales digitales de América Latina) sobre la dramática situación que se vive actualmente en Venezuela y que representa un duro alegato contra el régimen dictatorial de Maduro. Él mismo lo corrobora en las palabras iniciales de esta nueva entrega: “Este es el séptimo libro de una saga que nunca hubiera deseado escribir, es la triste y dramática historia de la destrucción de un país, mi país, por parte de los cabecillas de un depredador socialismo del siglo XXI, quienes –amparados en una utópica y decimonónica Revolución bolivariana-, transformaron la Venezuela próspera y boyante en una pobre nación del IV mundo, en un país para saquear y enriquecerse a costa de los recursos de todos los venezolanos”. (Pág. 33).

A los textos de Viloria Vera, le precede un largo y brillante Prólogo (Pág. 9-31) del jurista e historiador venezolano Allan R. Brewer-Carías donde señala que estos artículos recopilados en Apocalipsis bolivariano “muestran en todo su contorno el apocalipsis de un régimen que ya está en estado de apoptosis, y con los días contados”. (Pág. 30-31).

Entre los sesenta y cinco artículos breves y punzantes que conforman este retablo de verdades y sufrimientos del pueblo venezolano, merece la pena citar a: “Plegaria a un venezolano en la indigencia”, “Nuevos bonos maduristas”, “Diplomacia bolivariana: del insulto al puñetazo”, “La Revolución de los peores”,  “Ofrendas al Dios bolivariano”, “¡Un país para saquear!”, “Ira boliviarina”, y otros textos que dan una idea del conjunto  de estas reflexiones, que tienen un marcado tono tragicómico.


Enrique Viloria Vera  (Caracas, 1950). Escritor venezolano. Abogado por la Universidad Católica Andrés Bello (1970), obtuvo un Máster en el Instituto Internacional de Administración Pública de París (1972) y es Doctor en Derecho Público por la Universidad de París (1979).

Durante años, ejerció como profesor universitario en Venezuela, donde ocupó cargos administrativos en diversas instituciones docentes. Autor de casi un centenar de libros de diferentes temáticas: Derecho, Gerencia, Administración Pública,  Ciencias Políticas, Economía e Historia. Además, cultiva la poesía, la crítica literaria, las artes visuales y el humorismo.

En 2009, el Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca creó un apartado en su colección digital editorial con el título de Obra de Enrique Viloria Vera.

Últimos títulos publicados: Gastón Baquero: La poética del mestizaje (Salamanca, 2014), Villas, pueblas y escritores /Salamanca, 2017).


Apocalipsis bolivariano de Enrique Viloria Vera.

Prólogo de Allan R. Brewer-Carías.

2018,  158 pp. Colección ENSAYO.

ISBN: 978-84-8017-399-5.

PV: 15.00 euros ($20.00).

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Reseña del poeta y narrador cubano Arístides Vega Chapú, residente en la ciudad cubana de Santa Clara, que su autor nos hace llegar como primicia para este blog.

Los cuervos y la infamia, el nuevo poemario de Félix Anesio (Guantánamo, 1950) publicado por la madrileña editorial Betania, acaba de salir en busca de nuevos lectores que siempre están a la espera de unas novedad y con ello, para muchos, la posibilidad del reencuentro con este activo poeta que desde la ciudad de Miami, donde reside, se ha ido visualizando como una de las voces más sólidas de la poesía que en esa ciudad escriben los hispanohablantes.

Prologado con una entrevista que realizó la escritora cubana Lilliam Moro al autor del libro y con un epílogo firmado por el escritor Félix Luis Viera, Los cuervos y la infamia sostienen una dramaturgia, como todo libro que pretende contar, organizada en cuatro secciones numeradas.

No solo el aliento (poderoso, por diverso) de lo vivido y la intención de testificarlo a toda costa, sostienen la escritura poética de Félix Anesio. De ser así no se disfrutaría de una poesía limpia hasta lo esencial para solo dar lugar a lo que verdaderamente es útil en esa comunicación, que le es cardinal al poeta. Sus rescritos buscan más que cualquiera otra razón de las que se pretenden desde este oficio, encontrar lectores dispuestos a dejarse encantar. No solo por las historias que suele relatar, sino por la manera de contarlas. Por ello no escatima ninguna de las variadas maneras de ejercer la lírica: el poema en prosa, el verso libre, de aliento muy corto y el poema muy largo, lo conversacional sujeto por el dominio de un verbo enérgico que logra hermosísimas imágenes por la que desliza un discurso que se hace coherente y contundente para todo cuanto precisa revelar.

Como cualquier poeta cubano, aferrado a una tradición tan fuerte y raigal como la lírica de la Isla, estos versos se sustentan sobre paisajes muy nuestros y sobre diálogos que dignifican esa manera proverbial de comunicarnos con una cercanía que en cualquier otra cultura sería del peor gusto. Aún cuando esta obra ha sido escrita en otro sitio muy diferente (¿diferente?) al lugar de origen del poeta, hay muchas maneras de reconocer que quien logra desde lo interrogativo engendrar lo poético viene de una tradición donde la poesía dialoga consigo misma, con su autor y con los lectores, todo a la vez, como el caos mismo que testifican sus historias.

Interesado en exaltar comportamientos humanos complejos y difíciles de explicar, su poesía parece indagar constantemente en quiénes somos y quiénes queremos ser a la vez que nos permite una evaluación constante de nuestros deseos y angustias, de nuestros miedos y paradigmas. Es decir, toda esa amplia gama de constantes que producen las emociones que Félix Anesio expone como ejemplificación de la relación del hombre con su contexto.

La supuesta vida común adquiere jerarquía de suceso y lo estrictamente cotidiano se muestra desde ese lado donde se engrandece lo que parecía pueril si no estuviese bajo el poder de la poesía: El refugio de la noche es pródigo en sucesos. / Bajo la luz de una lámpara se agrupan / los medicamentos y numerosas cuentas. (“En las altas horas).

Con los más variados elementos que el poeta primero avizora y selecciona para finalmente ubicarse en esa planicie creativa donde arma y desarma los necesarios paisajes para que sus personajes, variados como lo es el muestrario humano en la vida real, tengan toda posibilidad de indagar, con la avidez de quien  le interesa calar o cavar, llegar al fondo o al centro de todo cuanto quiere exponer a través de su poesía. Y ese todo aquí está personificado por esos diversos personajes que van apareciendo en el poemario y que tienen por común el estar dispuestos a traspasar cualquiera atmósfera, cortar el aire, hasta llegar a lo que puedan considerar su verdad.

Cada uno de nosotros, los lectores que gane este libro, tendremos a partir de ahí la posibilidad de confrontar nuestra verdad con las otras verdades que visualiza este poemario, y en esto, sin dudas, el mayor placer que encuentro al enfrentarme a esta poesía: el poder también exponer mis dudas y creencias, mis miedos y las seguridades que me motivan e impulsan.


Arístides Vega Chapú  (Santa Clara, 1962). Poeta y narrador cubano. Autor de la Introducción y selección de Bojeo a la isla infinita. Antología de 6 poetas cubanos (Betania, 2013). Sus últimos títulos publicados son los poemarios Silueta de los días (2017) y De lo que se supone (2018) y la novela para jóvenes El libro de Samuel (2018).

Reseña del poeta y escritor cubano Luis García de la Torre al poemario Tabla de salvaciòn (Betania, 2018) de la poeta cubana Lilliam Moro, publicada en la revista literaria chilena Crítica. cl (2018).

Una de las mejores voces líricas hispanoamericanas de la segunda mitad del siglo XX y de este XXI. Nació en La Habana, Cuba, en 1946. En 1965 obtuvo el Primer Premio de Poesía con El extranjero en concurso celebrado entre las universidades de la Isla. Perteneció al grupo de Ediciones El Puente. Fue profesora de Literatura de preuniversitario y sus críticas literarias y poemas se publicaron en la prensa periódica de la Isla.

En 1970 se marchó de Cuba hacia España, donde vivió más de cuatro décadas. Actualmente reside en Miami, Florida, EE.UU.

Ha publicado los poemarios La cara de la guerra (Madrid, 1972), Poemas del 42 (Madrid, 1989), Cuaderno de La Habana (Madrid, 2005), Obra poética casi completa (Miami, 2013), Contracorriente, ganador del prestigioso Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador” (Salamanca, 2017) y El silencio y la furia (Miami, 2017). En la boca del lobo obtuvo el Premio de Novela “Villanueva del Pardillo” (Madrid, 2004). También es autora de varias ediciones críticas de clásicos de la literatura española y de numerosos artículos de crítica literaria.

En este 2018 la Editorial Betania, con sede en Madrid y dirigida por el poeta y editor cubano Felipe Lázaro, acaba de publicar Tabla de Salvación de la cual se presenta esta selección:

tabla-de-salvacionAL PACIENTE LECTOR
Sin pedirte permiso
y apenas sin gramática
irrumpo ante tus ojos
con la caricia del lirismo
o con la bofetada del dolor.

No rompas el espejo que te pongo delante
porque en cada trocito habrás multiplicado
lo que no quieres ver.

Uso la insinuación como metáfora
para decirte lo que te molesta,
lo que viene a estropear una tranquila tarde
acompañado por un libro,
a ti, que ya creías que lo sabías todo.

Pero no: que nada es tan sencillo
cuando cae la noche
sobre tu desolado corazón,
cuando la piel del alma en carne viva
implora una esperanza;
cuando ya para qué.

Es evidente, educado lector,
que hablamos el mismo ácido idioma
aunque lo escriba yo.

EL OTRO Y YO
Te debo una
cuando rompieron los cristales de tu tienda
y luego te ducharon con un gas:
entonces yo miré para otro lado;

cuando te torturaron en una inmunda cárcel
pero yo estaba demasiado ocupado con mis cosas;

aquella vez te lapidaron hasta hundirte en la tierra
y yo tenía problemas económicos;

te humillaron por negro, por indio, por mestizo,
pero yo, qué le vamos a hacer,
soy blanco;

te debo una, juguete destrozado,
cuando te manosearon y te usaron,
pero a mí nunca me dio por esas cosas;

sonaron los disparos contra tu cuerpo atado
rematándote con el tiro de gracia:
yo, por entonces, había perdido un gran amor.

No me lo tengas en cuenta:
yo nunca le he hecho mal a nadie.

POR FAVOR
Un aburrido mundo de obviedades,
de dos más dos son cuatro
y lugares comunes
me hace pedir, incluso por favor,
una tarde de tenues claroscuros
con argumentos poco convincentes
frente a una taza de té y tus palabras,
mientras de vez en cuando algún silencio
aparente cierta profundidad
y tomemos en serio esas medias verdades
que nunca afirman nada
excepto la certeza de la desvanecida luz
que nos envuelve,
la tarde que se diluye sin remedio
sin más explicaciones
como todo en la vida.

ANA MAGDALENA BACH
Para Mari Nieves Alonso
Ella sube despacio la escalera,
peldaño tras peldaño con sigilo
para evitar que la madera cruja.

Él trabaja en el cuarto de arriba, componiendo.

Ella le lleva la modesta cena
pero no quiere distraerlo, que no se sobresalte,
no vaya a ser que huya desconcertada
la celestial inspiración.

Por el espacio debajo de la puerta
ve filtrarse la luz y la armonía:
no sabe si es la vela que alumbra débilmente la estancia
o la iluminación divina que lo envuelve.
Lo imagina llenando el pentagrama
dirigido por la mano de un ángel.

No se atreve a llamar.
Coloca, silenciosa, la bandeja en el suelo.

Ignora, en su inocencia,
que a veces Dios está
en la sopa caliente que se ofrece
al otro lado de una puerta.

LA TARDE Y EL CAOS
En Ávila la tarde se nos venía encima
en forma de destino
al andar por la calle
envueltas por el frío que ya era familiar.

Un café como siempre, cigarrillos
y palabras palabras para aplacar el caos.

Fuimos andando calle abajo
y sucumbimos al asfalto;
espantapájaros los escuálidos árboles
nos alertan, severos,
de que no quedará títere con cabeza.

Me siento poca cosa entre mis frases,
con los años que tengo
y cuando los espejos ya no me favorecen;
¡qué manía, qué vicio de presumir verdades
si por más que sea grave, solemne y reflexiva
todo parece tan vulgar!

Pero echaste a correr
tropezando con gentes y con ruidos,
frenética, corriendo.
Cuando pude alcanzarte jadeabas enfadada:
“¿qué es eso de hacer planes,
cuando mi corazón
es un zapato viejo dentro de un sucio charco?”

¿Qué nos queda intentar,
dónde meternos, te decía,
si el sol, acorralado por el gélido ambiente,
se mantiene impotente como un sueño frustrado?
¿en dónde guarecernos,
cómo cuidarnos de nosotras mismas
mientras la tarde, el café, las palabras palabras
ya no bastan, amiga, para seguir viviendo
como si no pasara nada?

TU NOMBRE
La paz lleva tu nombre
como el Amor es el Amor sin otra añadidura.
Si lo pronuncio quedamente
mi voz con letras me recorre dentro
como la sangre misma que arrastra las escorias
de las que no sabemos prescindir
porque el dolor se ha vuelto una costumbre.

Limpia toda mi alma para dejarla como era
antes de yo existir con nombre y apellidos,
cuando era sólo la posibilidad
de tu perfecto hacer.

Pero si lo que pido ya llega con retraso,
déjame entonces que te siga nombrando,
Señor, con el silencio.


Luis García de la Torre (La Habana, 1973). Poeta y escritor cubano, reside en Chile. Su último título publicado: La familia Loynaz y Cuba (Betania, 2017).

 

El Centro Cultural Cubano de Nueva York
te invita al lanzamiento neoyorquino de

de PABLO MEDINA

Una exploración de su nuevo libro y de las fronteras
de su poesía, desde Góngora a Machado…
¡una charla llena de pasión, inteligencia y humor!
 
Presentación por ALEXIS ROMAY

VIERNES 25 DE MAYO, 2018, 6:30 pm

BARUCH COLLEGE
25th Street, bet. Lexington and Third Aves., NYC
6th FLOOR: CONFERENCE ROOM 6-210

ESPACIO LIMITADO

PARA INSCRIBIRSE, HAGA CLIC AQUÍ:
http://www.cubanculturalcenter.org/events/2018/04/pablo-medinas-soledades/

Texto publicado en la revista chilena Crítica. CL (15 de mayo de 2018) por Luis García de la Torre.

El poeta y editor cubano Felipe Lázaro fundó en 1987, en Madrid, la casa editorial Betania con la primera edición de Conversaciones con Gastón Baquero, entendiendo, o no, que se comprometía con Cuba e Hispanoamérica de ahí en adelante. Luego en 1994 presenta una segunda edición aumentada con prólogo del poeta y crítico colombiano Juan Gustavo Cobo Borda y epílogo del crítico y profesor cubano José Prats Sariol. Dieciocho años después en el 2012, en un mundo ya completamente digitalizado se vuelve a reproducir en versión electrónica (e-book) con textos del poeta peruano Alfredo Pérez Alencart y de los notables vates cubanos Jorge Luis Arcos y León de la Hoz. Y al celebrarse el centenario del nacimiento de Gastón en el 2014 se hace la edición impresa, también con Una introducción digital del mismo Felipe Lázaro e incluyendo una Aproximación para una bibliografía de Gastón Baquero actualizada hasta el 2012, y en portada la obra Flora No. 23 del pintor de la isla René Portocarrero.

A través de las cuatro publicaciones la casa editorial Betania ha hecho un ilustre trabajo “y de esa forma publicitar o promover su poesía (añado también al hombre y al autor), en momentos aquellos que apenas se le reconocía ni dentro ni fuera de su Isla”[1] por lo que bastas generaciones de cubanos, los de adentro y los de afuera, hemos agradecido este rescate perpetuo de una de las más grandes voces literarias nuestras. Un 15 de mayo de 1997 en Madrid, ciudad donde residió desde 1959, deja de existir el poeta, ensayista y periodista cubano Gastón Baquero.

Reproduzco el inicio de las Conversaciones… en este doble homenaje, al autor y a la obra de Betania, cuando se explaya sobre su Banes y sus comienzos, en aquellos primeros años del siglo XX en una Cuba hoy ya muy lejana, en todo sentido:  

– Visitar la casa de Gastón Baquero, en la madrileña calle de Antonio Acuña, es como acercarse a una prolongación de Cuba en España, donde los retratos de José Martí acompañan a los de Rilke y Whitman, mientras las paredes desaparecen repletas de estanterías de libros, que son su cotidiana obsesión, sumergido constantemente en sus interminables lecturas. ¿Cómo influyó en tu formación y vida literaria el haber nacido en un pueblo como Banes, más en contacto con la naturaleza, el campo, los cultivos y tu posterior descubrimiento de La Habana, más cercana de lo foráneo, de la influencia extranjera?

Mi pueblo natal no era exactamente un pueblo campesino con predominio de lo rural sobre lo urbano. Por la presencia allí, desde el año 2, de la United Fruit Company (seamos justos, mal que moleste) la calidad de vida de ese pueblo, que presumía de haber sido la capital indígena de Cuba, Baní, era deseada y envidiada por muchos otros pueblos del contorno.

Una de las consecuencias o razones de esa calidad de vida era la abundancia de las escuelas públicas y privadas. Hasta los que por razón de pésima condición económica no asistíamos a la escuela a la edad conveniente conocíamos de la fama de los maestros y maestras, caracterizados casi todos ellos por el amor a los versos y por el hábito de decir poesías, en el aula o en la tribuna patriótica, en el café o en las reuniones familiares.

Tengo de esto una memoria tan viva que ahora mismo puedo recitar sin tropiezo tiradas enormes de los poetas más difundidos hacia los años veinte. En mi casa natal estaba representada la inquietud cultural del pueblo por el amor casi enfermizo de las mujeres por la lectura de poemas románticos (Darío, Silva, Nervo, etc) y de novelas populares (M. Delly, Carolina Invernizio, Alejandro Dumas, Vargas Vila, Elinor Glynn, Maryan, ¡lo que fuera con tal que hiciera llorar!) y por la ansiedad de una joven tía mía por copiar y aprenderse cuanto poema llegaba a su conocimiento. Era moda tener cada muchacha una libreta, un libretón, donde ella y sus amigas y amigos escribían poemas, esforzándose en la caligrafía muy cuidada.

Me veo de muy niño, sin haber aprendido del todo a leer, con una libretas de ésas en las manos, leyéndole en voz alta poemas a la tía, para que los fuese pasando a la libreta suya. Poemas de Darío, de Nervo, de Díaz Mirón, de Heredia, de Zenea, de Martí, de Manuel Acuña, de Silva, de Julio Flórez… Esto, se afirma, deja huella. Cuando me reprocho el énfasis, lo oratorio, lo demasiado elocuente a veces que hay en los poemas que escribo, me consuelo pensando que no sólo he nacido en el Trópico, en el retumbante mundo antillano, sino que además entré en el mundo de la poesía arrastrado por unas melodías que eran más bien sonsonete y trompetería, énfasis y sentimentalismo sin límites.

No guardo memoria de cuándo comencé a escribir, en secreto, naturalmente, enseñándole únicamente a la tía de los poemas aquellas cosillas. Tendría once o doce años – antes de ir para la capital- cuando mi confidente y guía me dijo: “Vamos a copiar eso en la libreta grande, porque me ha gustado mucho. Léemelo despacio”. Y desarrugando un pequeño papel que estrujaba entre las manos, muy avergonzado y titubeante, leí para ella lo que había escrito sin saber bien por qué:

EL PARQUE

El parque de mi pueblo tiene

cuatro laureles y el busto de un patriota.

 

Cuando la tarde es hecha una lumbre tranquila,

arriban silenciosa las ancianas.

 

La tarde es lo más bello de este pueblo,

y son tristes sus noches,

 

cuando el parque se queda desolado,

con sus cuatro laureles y el busto de un patriota.

El parque y los laureles eran literales, pero las ancianas me las inventé. Veía el cuadro completo, no cómo era exactamente, sino como yo quería que fuese. Instintivamente, había comenzado ya a arreglar el mundo, a poner en el escenario lo que yo quería que estuviese allí y no lo que en realidad estaba allí. Si es cierto aquello de que “el niño es padre del hombre”, en mi caso se confirma. Se es de mayor lo que se fue de niño, sólo que ampliado, deteriorado, echado a perder.

Sí. La poesía fue siempre para mí, y sigue siéndolo, un instrumento, una herramienta con la que se puede, o bien conocer a fondo el mundo que nos rodea, o bien rehacer y construir a nuestro antojo ese mundo. Me llega a la memoria, en este momento, como una visita inesperada, otro ejemplo de mi instintiva tendencia a reformar la realidad. Pasaba un río por el centro del pueblo. Era un río con la menor cantidad posible de río que se haya visto, pero hablábamos de él como de alguien que de tiempo podía dar la sorpresa de convertirse caudaloso y peligrosísimo. La verdad es que queríamos los muchachos tener un río importante y magnificábamos aquel hilillo de agua verdosa.

Los psicoanalistas dirán por qué soñé una noche que se había ahogado en el río una amiga pequeña, la más bonita del pueblo, la que en la iglesia escogían para vestirla de ángel el Domingo de Resurrección. El sueño me impresionó y quise contárselo a mi público, que era mi tía. Y a lo que escribí le puse encima el título de “Elegía”, porque la palabra me gustaba y sabía ya que se trataba de muerte. Aquí está cómo transformé, teniendo trece años como mucho, el sueño que había tenido:

A la niña que ha muerto esta mañana

le hemos puesto en el pecho una azucena,

y hemos puesto además una manzana

junto a su mano pálida y serena.

 

Los niños han venido. Y está llena

su habitación de leve porcelana,

parece que se mira en la azucena

y que tiende su mano a la manzana.

 

Nos alejamos quedos de su lecho

contemplando otra vez su faz serena,

y mientras rueda el sollozo en nuestro pecho,

 

y nos sigue el olor de la azucena,

la decimos adiós, vamos derecho

a llorar en lo oculto nuestra pena.

Dramatizar un hecho irreal, o convertir en irrealidad un hecho dramático, es cosa que nació conmigo. No creo que conduzca a nada interesante averiguar si se debe a inconformidad con el mundo en general, o a disgusto con uno mismo por sus defectos, o a rebeldía ante los aspectos feos de la existencia, que son tantos. Venga de donde venga esa tendencia, ese instinto irrefrenable, es de ahí y no de la literatura de donde extraigo los poemas, de donde los he extraído siempre.

Esta persona dominada por la fantasía -por la necesidad o por el gusto de fantasear- es la que sale un día de su pueblo y va a vivir a la capital. A la capital de un país con tradición larguísima de poesía. Y de poesía llena de fantasía, de imaginaciones, de poetas que por lo mismo que no han visto jamás la nieve, escriben cantos y cantos a la nieve, que es lo debido. Hablar de lo que no se ha visto es crear. Intentar describir lo visto es una utopía, porque lo real es inapresable por la palabra y aun por la mirada.

Nota [1] Una introducción digital (que sirve para esta edición impresa).


Luis García de la Torre (La Habana, 1973). Poeta y escritor cubano, residente en Chile. Su último título publicado: La familia Loynaz y Cuba (Betania, 2017).

Con sumo gusto presentamos el libro bilingüe (Español-Italiano)  Para después / Per il domani. Antología hispano-italiana (Hebel-Betania, 2018) del poeta peruano y salmantino Alfredo Pérez Alencart (Puerto Maldonado, 1962) residente en la ciudad de Salamanca, donde ejerce la docencia universitaria y desarrolla, desde hace años, una reconocida actividad cultural.

Esta nueva entrega poética ha sido posible, gracias a la fecunda labor de cinco traductores: Gianni Darconza, Stefania Di Leo, Beppe Costa, Martha Canfield y Gabriel Impagione, a quienes reconocemos su buen quehacer literario y su apoyo en este proyecto antológico.  El libro se divide en once partes: Los más oscuro, Virgiliana, Tras la niebla, Regreso a Galilea,  Mujer de ojos extremos y otros poemas, Ráfaga de reforma, Hombres trabajando, Holocausto, Almanacco dei poeti e della poesia contemporanea,  Ante el mar, callé, y Wari Pachakutek cosecha las primeras papas en el viejo mundo y donde se reúnen 40 poemas traducidos y publicados en otros libros del autor o en revistas digitales y de papel.

Como muestra del buen quehacer lírico de Pérez Alencart, y como un sabroso aperitivo que incite a la lectura de este retablo de poesías, ofrecemos un par de poemas con su traducción:

 

Para después

Cuando ya no esté

ni emocionado pueda verlos

porque mi alma salió,

 

no lloren

por el ayer que fui

hacia arriba o hacia

abajo.

 

Dos partes hagan

de las cenizas.

 

Aviéntenlas luego

a los ríos que me surcaron

el corazón.

 

Y díganme adiós

con un salmo de aquel

que venció a Goliat.

 

Así abriré la ventana ciega

con mi alma recostada

en un olivo

 

de Getsemaní.

 

 

Per il domani

Quando io non ci sarò

nè emozionato possa vedervi

perché la mia anima è volata via,

 

non piangete,

per ieri che mi trovai

in alto o in

basso.

 

Si facciano due parti

delle mie ceneri.

 

Cospargetele poi

nei fiumi che mi solcarono

il cuore.

 

E ditemi addio

con un salmo di ocluí

che vinse Golia.

 

Cos aspirò una finesta cieca

con la mia anima distesa

su un olivo

 

del Getsamani.

 

(Taducción de Stefania Di Leo).

 

 

Migrancia

No importa

que vengas o vayas:

 

siempre te seguirá

un trozo de suelo

 

o una mirada arisca

declarándote

extraño.

 

Serán días grises

que no podrás quitarte

de encima.

 

Y te declararás

deudor,

aunque a diario ganes

 

la partida.

 

 

Migrazione

Non importa

che tu venga o vada:

 

ti seguirà sempre

un pezzo di terra

 

o uno sguardo barbero

che ti dichiarerà

strano.

 

Saranno giorni grigi

chen non potrai toglierti

di dosso.

 

E tu ti dichiarerai

debitore,

pur viniendo ogni giorno

 

la partita.

 

(Traducción de Gianni Darconza).

 

En la portada se reproduce un fragmento de Il regno di Amore de Lorenzo Costa el viejo, fallecido en Mantua en 1535.

 

Este próximo sábado 12 de mayo de 2018, esta antología poética Para después / Per il domani  se presentará en Mantua (Italia) en el prestigioso Festival Internacional Virgilio-Mantua Poesía, coordinado por el poeta Stefano Iori. Lugar: Rotonda di San Lorenzo, muy próxima a la Piazza delle Erbe.


Alfredo Pérez Alencart (Perú, 1962). Poeta y profesor universitario. Enseña Derecho del Trabajo en la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca, ciudad donde reside y ejerce una intensa labor cultural. Reconocido con los Premios Internacionales de Poesía: Vicente Gerbasi (Venezuela, 2009), Jorge Guillen (España, 2012), Umberto Peregrino (Brasil, 2015) y la Medalla Mihai Eminescu (Rumania, 2017). Autor de los poemarios: La voluntad enhechizada (2001), Madre Selva (2002), Pájaros bajo la piel del alma (2006), Cartografía de las revelaciones (2011), Prontuario de infinito (2012), Memorial de Tierraverde (2014), Los éxodos, los exilios (2015), El pie en el estribo (2016) y Ante el mar, callé (2017).

Estudios sobre la obra poética de Pérez Alencart: Alencart, poeta de todas partes. Ensayos y Notas (Hebel-Betania, 2015) del poeta y profesor universitario venezolano  Enrique Vitoria Vera (Coordinador), La obra poética de A.P. Alencart (Hebel-Betania, 2017) del poeta y ensayista colombiano Jaime García Maffla y  Visión poética en tres libros de Alfredo Pérez Alencart (Hebel-Betania, 2017) del poeta y profesor puertorriqueño David Cortés Cabán.


Para después / Peri l domani. Antología poética hispano-italiana de Alfredo Pérez Alencart.

172 pp. , 2018. Colección Antologías.

ISBN: 978-84-8017-402-2.

Coedición: Hebel Ediciones (Chile) y Editorial Betania.

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