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Posts Tagged ‘Pablo Medina’

Reseña del escritor cubano Alexis Romay,  publicada en Diario de Cuba (20 de noviembre de 2018) en la sección “De Leer”: www.ddcuba.com

Tengo el hábito —la buena o mala costumbre, según se mire— de leer como quien repasa un palimpsesto, inmerso en ver con quién dialoga —implícita y explícitamente— el texto que tengo en mis manos. Me permito esta salvedad pues Pablo Medina, incluso antes de dar paso a su voz poética, nos muestra un mapa posible, una clave de lectura de su texto, al iniciar sus Soledades (Betania, 2017) con una cita de un hermoso verso de Antonio Machado: “Lejos quedó —la pobre loba— muerta”. Destaquemos, antes que nada, el contexto. La cita de Antonio Machado proviene de su primer poemario, publicado, en 1902, con el título de Soledades (que sufriría ligeros ajustes en ediciones posteriores). El poema del que el escritor cubano toma en préstamo el endecasílabo se titula “El viajero”; el verso que le antecede, reza: “¿Lamentará la juventud perdida?”.

Esa “pobre loba” —la irrecuperable juventud—, suelta un aullido inteligible que abarca las Soledades de Medina. Sin embargo —como leer es también una forma de reescribir—, mientras me regodeaba en cada lectura y relectura en la imagen de Machado, ahora recuperada por mi compatriota, no pude evitar sustituir alguna que otra palabra para adaptarla a esa condición crónica que llamamos exilio cubano, que Medina y yo padecemos en mayor o menor cuantía. Y claro, no me queda otro remedio que leer el verso así:

Lejos quedó —la pobre isla— vacía.

O así:

Lejos quedó —la pobre isla— inerte.

Medina con Machado, explora la ausencia del viajero, ausente de todo y, claro, ausente de sí mismo; en sus palabras: “revela un alma casi toda ausente”.

No hay que olvidar que en sus orígenes, el exilio —en la realidad, la literatura, el mito— era entendido e impuesto como un castigo. Desde la primera y más famosa expulsión de la que se tiene noticia en la cultura judeo-cristiana —la de Adán y Eva del paradisíaco Jardín del Edén— pasando por el éxodo de los hebreos del antiguo Egipto, los destierros a que eran forzados los nobles en la Roma imperial, el periplo del Cid Campeador, la humillación de Napoleón en Santa Elena, las fugas de los esclavos de los barracones, haciendo escala en el contemporáneo e interminable catalógo de exilio político (que nos incluye a todos los cubanos), como dan fe estos ejemplos —arbitrarios como toda lista que se respete—, el exilio no siempre tuvo un carácter punitivo: en algún momento se transmutó en refugio. Y desde ese refugio, Medina se asoma y canta.

Soledades se compone de cinco partes. La primera: “Hacia la isla” —que impone un aquí y un allá: el aquí implícito en el punto de partida; el allá, la isla que se repite—; la segunda: “El sueño de la razón” (y el torbellino que genera); la tercera: “Manual de estrellas” —en donde el poeta se adentra lo mismo en la paradoja de Epiménides (el cretense que propuso que todos los cretenses mienten) que en la naturaleza de la fenomenología (esa proyección poética del solipsismo) a la que el cubano reprende con un cariñoso sopapo: “No hables más que secas el pozo de la razón”, le dice Medina a Edmund Husserl y pasa la página, que el fin del mundo se avecina. En esta sección, el poeta regala prendas de diverso rango. De todas, me quedo con esta: “El conjunto de todos los conjuntos/ es la guaracha de todas las guarachas”. Y me la quedo por melódica y por rítmica y porque se explica sola y, claro, por mezclar la teoría de conjuntos y la fragmentada realidad de nuestra tierra y, faltaría más, porque es parte de un poema titulado “Georg Cantor llevado a la música cubana” y ese matrimonio feliz es, en sí, memorable. El libro prosigue con “El gran despertar” (de aquel sueño de la razón antes mencionado), del que cito toda una estrofa, justificándome en esa evocación de la isla y en lo mucho que me gusta un zeugma bien logrado:

Ayer tenía fe y hoy tengo calambres,

siete platos rotos, una ciudad fiada,

otra perdida, un techo que se derrumba,

un hormiguero, un pulpo, una mujer

que se fugó con un marino.

Y luego de ese gran despertar —al que el poeta identifica como la nada—, Soledades culmina con un “Cuaderno de bitácora” (que glosa, entre otros temas, a Nietsche y la muerte de Dios).

Escribir es darle la cara a la soledad, hacerle frente, tutearla. O, para ser precisos, a las soledades en plural, que estas páginas tienden a agolparse unas con otras y por eso no nos matan. Y si el de Medina es un libro de soledades, es también, precisamente por ello, un libro de fugas. Medina confiesa que viaja “de una nostalgia querida a otra que desconozco”.

Por más que explore cuestiones ontológicas, el texto se ocupa de materia mundana. (¿Acaso hay algo más propio a la ontología que la mera existencia en un cuerpo que añora, siente, sueña y envejece?). Allí donde García Márquez divaga sobre Remedios la bella, Medina retrata a Dolores la estupenda; si la virginal habitante de Macondo sale volando —para recordarnos que el (abuso del) recurso de deus ex machina demuestra una profunda pereza intelectual—, la musa del cubano se pasea por las calles “manoseando la soledad/ fusilera en busca de las liebres”.

El poemario está lleno de luces y sombras. Esto lo digo en sentido metáforico y literal. El sol se cuela en las primeras tres letras del título y después, una luz tropical que no es propia de la costa noreste de Estados Unidos —donde vive el poeta— asola las páginas del libro, haciendo más luminoso “el concierto de la indiferencia” e iluminando la vida de un sujeto poético que se declara “hermano del quinqué”. Hay voces que descubren el solticio. Y el mar. El mar está en todas partes, a veces con el telón de fondo de la costa de Massachussetts, en otras ocasiones con el oleaje de aquel malecón que se cae en pedazos.

Si es efectiva la combinación del claroscuro en el libro, también lo es la mezcla de lo leve y lo pesado. Dice Medina en “Fatalismo crónico”: “Los globos en su peso/ dominan la gravedad de las cosas// y el niño que los lleva/ distribuye su labor, aspira// aire puro, juguetón, asume/ la levedad de no ser”.

Soledades es un artefacto que dialoga también con lo cubano en el terreno visual. Intercaladas entre sus páginas encuentran cabida fotos del artista Geandy Pavón, pertenecientes a las series “Quo Vadis Cuba” y “The Cuban American” (de esta última, en las páginas finales del libro, me descubrí en la sala de la familia Del Risco, bailando un rumbón). Versos y fotos tienen un sinfín de puntos de contacto, pero destaco el esencial: en las imágenes de esa nación en ruinas que producen ambas poéticas, a decir de Medina: “hay zapatos, pero se agotó el betún”.

Es de todos sabido que el sueño de la razón produce monstruos. La pesadilla de Francisco de Goya reaparece en los versos de Medina con el despertar de “los monstruos de la codicia” y con un tirano que sueña con ciegos marinos armados de puñales de sal, esos balseros que nunca tocaron tierra firme y ahora regresan en su duermevela a ajustarle cuentas.

A veces quien habla es la propia isla en peso. En “Islote entre dos luces”: “El sol y la luna/ me llevan a la intemperie/ donde brota la sonrisa oscura/ que sembraron en el mar/ los signos enormes/ de la alegría y el estornudo”.

El bilingüismo que aparece a cuentagotas en el libro y que se anuncia desde el poema inicial (“Entre dos lenguas viene el paso de una sombra”), llega a su máxima y más profunda, dolorosa, humorística e irónica expresión en el poema titulado “Habana”, un retrato de la depauperada capital de Cuba escrito en el Spanglish que cae con esa fuerza más sobre las tierras de nuestra América. Este desvarío lingüístico halla su razón en el desvarío físico del poeta, que confiesa andar “perdido/ en las calles de Whitman,/ los callejones de Martí”.

Una sombra —un alter ego— se manifiesta una y otra vez en el libro: el escritor misterio. Esta figura, como el encapuchado de T.S.Eliot, se desliza por los confines de Soledades hasta dar con la tumba de sus padres, en donde prende un cigarro y descubre que ni ayer ni mañana existen.

También, como Eliot, Medina entiende que escribir —acaso vivir— es mezclar memoria y deseo, “porque uno nunca sabe cuando viene/ la bárbara verdad con sus hordas chabacanas/ a imponer su imperio de cristal”. Solo una cosa es cierta: el poeta cubano sabe ocupar su tiempo, para beneficio propio y ajeno, en su Nueva Inglaterra, “cuando es tarde y nos llama el olvido”.


Alexis Romay. Poeta y escritor cubano, residente en Nueva Jersey. Autor de las novelas La apertura cubana (2013) y Salidas de emergencia (2007), del libro de sonetos Los culpables  (2010) y la compilación de décimas satíricas Diversionismo ideológico (2012). Dirige el blog Belascoain y Neptuno: https://belascoainyneptuno.com

 

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El Centro Cultural Cubano de Nueva York
te invita al lanzamiento neoyorquino de

de PABLO MEDINA

Una exploración de su nuevo libro y de las fronteras
de su poesía, desde Góngora a Machado…
¡una charla llena de pasión, inteligencia y humor!
 
Presentación por ALEXIS ROMAY

VIERNES 25 DE MAYO, 2018, 6:30 pm

BARUCH COLLEGE
25th Street, bet. Lexington and Third Aves., NYC
6th FLOOR: CONFERENCE ROOM 6-210

ESPACIO LIMITADO

PARA INSCRIBIRSE, HAGA CLIC AQUÍ:
http://www.cubanculturalcenter.org/events/2018/04/pablo-medinas-soledades/

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Como en años anteriores, Betania participa con nuevos libros en la Feria Internacional del Libro de Miami. En esta nueva convocatoria de 2017 (del 12 al 19 de noviembre), presentamos dos títulos de poetas cubanos: Alberto Muller y Pablo Medina.

 

Alberto Muller (La Habana, 1939): Cierro mis ojos y escribo estos poemas.

 

Día: miércoles, 15 de noviembre

Hora: 8.00 p.m.

Lugar: Sala: 2106 (Edificio 2, 1º piso)

 

 

Pablo Medina (La Habana, 1948): Soledades.

 

Día: jueves, 16 de noviembre

Hora: 8.00 p.m.

Lugar: Sala 2106 (Edificio 2, 1º piso)

 

Dirección de la Feria Internacional del Libro:

300 NE  Second Ave.

Miami, Florida 33132.

Teléfono: (305) 237-3258

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Nos complace presentar el libro de poesía Soledades (Betania, 2017) del reconocido poeta cubano-americano Pablo Medina, residente en Estados Unidos, donde ejerce la docencia en Emerson College de Boston, Massachussets.

Esta nueva entrega poética se divide en cinco partes (Hacia la Isla, El sueño de la razón, Manual de las estrellas, El gran despertar y Cuaderno de Bitácora) que contienen los 75   poemas que integran este volumen.

Como muestra del buen quehacer lírico de Pablo Medina, les ofrecemos unos poemas (de cada una de las partes que componen este libro) para que disfruten con su lectura:

 

LA FUERZA DEL DESTINO

 

Hoy mamá murió. Murió mamá

en tránsito a septiembre.

Mamá, con las banderas del socorro,

peinándose ante el espejo roto.

 

Así lo quisiste, ¿no?

Y así bebiste el elixir de la escarcha.

 

Aniquilar lo infinito

es la labor de la luz fría.

¿Quién tiene razón, el hombre o la mandrágora?

Ay, ¡qué nalgas, qué pezones

exentos de las lenguas,

qué alardoso el fraude de la niñez!

 

 

EL SUEÑO DE LA RAZÓN

 

El tirano duerme boca arriba.

Los parámetros de la noche

se instruyen de la telaraña.

Gracioso el tono del ronquido,

graciosas las cejas fruncidas,

cansadas de tanto absolutismo.

El tirano siente un deseo enorme

de ser dócil. Sueña que se atora

con  un caramelo y que unos ciegos marinos

se acercan con un puñal de sal.

 

 

LAS LEYES DEL SURREALISMO

 

Todo está tal como lo vi.

Las manos cortadas en un plato.

Dios a medias con el corazón en llamas

repitiéndose en cada esquina del barrio.

 

Sin rumbo, sin saber

el nombre de las cosas, termino en cama

haciéndole el amor a la dueña de los mares

con sus alas de arcángel y su voz de ratón.

 

 

EL TÍO CARLOS CONTEMPLA LA MUERTE

 

Un sapo se posa en una rosa.

La foca herida se desprende de los monos

cabezudos que alguna vez interpretaron muslos

como hinchazón de pie.

Nadie entiende nada que es lo que entiende él.

Se reúnen los lectores lampiños

a decir que toda piedra es risueña,

todo desierto es natal. Lo encierran

en la clepsidra y le ponen la mordaza

como si fuera el tiempo

la vida y el silencio virtud.

Así está el tío Carlos, calamárico, totémico,

con sus tubos y sus tembleques,

mordiendo galletitas, huracanando sienes.

 

 

CONO SUR

La corriente de fuego de su sangre.

Carlos Montenegro

 

 

La sangre siempre se dirige al sur,

el mundo ilícito se desplaza hacia el calor,

hacia los llanos, más allá de las montañas

donde crecen mis sueños y duermes tú

(tu pelo se hace mar sobre la almohada).

No quiero que despiertes.

Prefiero verte así, en la inquietud

de la esperanza que anticipa la luz,

como siempre llega el baldeo de las losas

en la mañana invisible del deseo

y un danzón que canta la criada,

suave, dulce, despacito.

 

Tanto en la portada, como en varias páginas interiores, se reproducen fotos del pintor y fotógrafo cubano-americano Geandy Pavón, residente en Nueva York, que a todas luces enriquecen la edición de este libro.


Pablo Medina. Poeta y narrador cubano-americano, es además traductor y profesor universitario. Autor de nueve poemarios: Pork Rind and Cuban Song (1975), Arching into the Afterlife (1991), The Floating Island (1999), Puntos de Apoyo (2002), Points of Balance (2005), The Man Who Wrote on Water (2011), Calle Habana  (2013), The Island Kingdom (2015) y Soledades (2017).  Ha publicado  cuatro novelas: The Marks of Birth (1994), The Return of Felix Nogara (2000), The Cigar Roller (2006), Cubop City Blues (2012) y el libro de testimonio Exiled Memories: A Cuban Childhood (1990 y 2002).

Ha traducido (al Inglés) obras de Federico García Lorca, Alejo Carpentier, Virgilio Piñera y Tania Díaz Castro. Galardonado por los Consejos de Arte de Nueva Jersey y Pennsylvania, las Fundaciones Cintas, Rockefeller y Guggenheim y el Consejo Nacional de las Artes de Estados Unidos.


Soledades de Pablo Medina

2017, 112 pp. Colección Betania de Poesía.

ISBN: 978-84-8017-393-3.

PV: 12.00 euros ($15.00).

Pedidos: Directamente a:  editorialbetania@gmail.com

O al distribuidor MAIDHISA: ismaroto@hotmail.com

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